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La formación del pensamiento crítico entre elecciones y regresiones

El mayor desafío educativo consiste en promover en las nuevas generaciones su avance hacia una MAYOR AUTONOMÍA física, afectiva, intelectual…, y la formación del pensamiento crítico constituye una herramienta fundamental para lograr dicha autonomía y evitar caer en engaños.

En México, este ideal fue plasmado en el Artículo 3º Constitucional, que resultó de históricas luchas sociales: “I Garantizada por el Art. 24 la libertad de creencias, dicha educación será laica y, por tanto, se mantendrá ajena a cualquier doctrina religiosa”. “II El criterio que orientará a esa educación se basará en los resultados del progreso científico, luchará contra la ignorancia y sus efectos, las servidumbres, los fanatismos y los prejuicios…”

Sobre este tema, el regio relato “El Eclipse” de A. Monterroso muestra la diferencia entre el pensamiento mágico, al que intenta apelar un fraile español (para asustar y librarse de nativos mayas que lo habían apresado) y el pensamiento científico, que éstos dominan:

El fraile (lector de Aristóteles) sabía que ese día habría un eclipse solar total, por lo que intentó engañar a los indios, asegurando que él podía oscurecer el cielo, si no lo liberaban; pero poco después, sobre la piedra sacrificial, su corazón chorreaba sangre (bajo un sol eclipsado), mientras un aborigen recitaba una por una, las infinitas fechas en que se producirían eclipses solares y lunares, que sus astrónomos habían previsto y anotado en sus códices, sin ayuda de Aristóteles.

¿Cómo se forma el pensamiento/actitud crítica? No sólo por la escuela occidental.

Según Egan Kieran en “Mentes educadas”, conforme crecen las personas (de donde sea) van activando distintos MODOS DE COMPRENSIÓN, en su interacción con el mundo, acompañada de relatos (y secretos), que reciben de los grupos con que interactúan.

El proceso avanza hacia modos cada vez más inclusivos, críticos y a la vez flexibles, comprensivos, eficientes y estables.

En etapas primitivas (1ª infancia) predomina el modo “somático” o “corporal” (guiado prioritariamente por sentidos, sensaciones, emociones o “vísceras”). Luego (niñez) aparece el modo “mágico-mítico”, cuando la persona (o humanidad) intenta explicar los grandes misterios de la vida natural y social, apelando a dioses y demonios, hadas o duendes… Más adelante (adolescencia) aparece el modo “romántico” que cuestiona la autoridad, y ya no son dioses, sino humanas-os extraordinarios quienes traman la “historia de bronce” (diría Luis González), dicotomizando a la gente en “buena” y “mala”. En una etapa más avanzada (adultez), el modo “filosófico” (laico) contrasta planteamientos racionales con argumentos fundamentados. El modo “científico” exige además presentar enunciados verificables y hechos comprobables. Finalmente, el modo “irónico” o pensamiento complejo (sabio) implica gran capacidad de comprensión de los múltiples factores que inciden en el movimiento del mundo.

Siguiendo a Kieran, sería esperable, si estamos en el tercer milenio, que la mayoría adulta hubiera accedido ya a un buen nivel de pensamiento crítico. Sin embargo, hay que decir que la aparición de cada nuevo modo de comprensión no desactiva los anteriores, sino los incluye toda la vida. Así que éstos irán teniendo mayor o menor presencia, según las circunstancias. Es decir, aunque sigan una línea evolutiva, van y vienen en movimientos progresivos-regresivos.

Por eso no hay que extrañarse de que las estrategias electorales apelen a actitudes infantiles, con insulsas canciones o frases simplonas, dirigidas a exaltar los afectos o sensaciones de peligro, miedo y odio…; con sermones eclesiales que tratan de “rebaño” o menores de edad a feligreses, advirtiendo que “cometerán pecado” si no obedecen a sus “pastores”; espectaculares pidiendo a la Virgen de Guadalupe que salve a México (sic);  tiktocs, asustando “con bolitas y palitos” y “el petate del muerto” del fantasma del comunismo; una candidata, asegurando que “recibió la señal de Dios” (sic), y unos “intelectuales” (¡maestros y doctores!, incluida una exrectora de esta universidad) que advierten del “grave peligro” que corremos si no votamos por la derecha.

(¿Será por ellos, estimado Agustín Escobar, que hoy sufres censura en Radio UAQ?)

Aunque ya pasaron las elecciones, vale analizar cómo y hacia dónde nos mueven o inhiben esos relatos, apelaciones y sermones.

maric.vicencio@gmail.com

Carmen Vicencio

Miembro del Movimiento por una educación popular alternativa (MEPA) maric.vicencio@gmail.com

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