Opinión

La guerra sucia de los cangrejos

Por Agustín Escobar Ledesma

¿Será cierto que cada país tiene los dirigentes que se merece? ¿Qué karma estamos pagando los mexicanos con los políticos profesionales que nos “gobiernan”? ¿Será que es muy alto el costo de la apatía que nos envuelve como sociedad? Mucha agua ha corrido bajo el puente de la historia e ídem hemos sufrido por abandonar nuestras responsabilidades republicanas.

No sólo la caterva de políticos profesionales nos ha sumido en el atraso, la pobreza y la ignorancia, también la desidia de los ciudadanos es corresponsable. De un modo u otro, nos hemos sumado a una subcultura propia de los cangrejos. Como escribiera Guillermo Prieto en el siglo XIX: “Cangrejos al combate/ cangrejos, a compás/ un paso pa’ delante/ doscientos para atrás”, haciendo referencia a los conservadores que trajeron al príncipe austriaco para que “salvara” a nuestro país.

Desde aquella época, cuando la República fusiló al marido de la loca de Miramar, ante nuestra intensa división, los extranjeros identificaban a nuestro país como un hoyo en cuyo fondo habitaban diferentes bandos de cangrejos que luchaban encarnizadamente entre sí, guerra sucia de por medio, para que ninguno alcanzara la cima.

¡Carajo! (iba a escribir chingado, pero con carajo está bien) pareciera que no aprendemos de nuestro pasado para no repetir el presente. Sin remontarnos tanto en la historia, el último capítulo que nos condujo otra vez al despeñadero, fue la guerra sucia que, desde el poder económico y político, se emprendió en contra de AMLO, con los resultados que hoy están a la vista: millones de mexicanos en pobreza alimentaria, sobreviviendo en el país con el hombre más rico del mundo y una violencia que a todos nos tiene con el Jesús en la boca (asesinatos, secuestros, extorsiones, robos y asaltos al por mayor).

Por si todo lo anterior fuese poco, ahora, en el actual proceso electoral de la Universidad Autónoma de Querétaro (UAQ), donde los doctores Marco Carrillo, Gilberto Herrera, César García y Fernando Valencia, buscan suceder al maestro Raúl Iturralde Olvera, también se ha asomado la guerra sucia, una de las múltiples cabezas de la Hidra. ¿La guerra sucia aparece cuando se acaban las ideas y surge el temor de quienes viven apoltronados en el statu quo de la academia y se resisten al cambio? He de confesar que desde que empezó esta deleznable práctica me mantengo con oídos de tuberculoso, porque es una institución que opera con recursos del erario y por tal, los ciudadanos debemos de estar atentos y vigilantes para evitar desviaciones que inevitablemente nos conducen al vacío.

Pienso que las universidades públicas de nuestro país deben de constituirse en la vanguardia de la sociedad para que salgamos del hoyo en el que hoy nos encontramos; los universitarios deberían ser creativos para construir y no para destruir. Sin embargo, sabemos que en todas partes de cuecen habas, baste echarle un ojo al dramaturgo Bertolt Brecht, quien, preocupado por la sinrazón que asoló su vida durante la Segunda Guerra Mundial, escribió Madre Coraje y sus hijos, un alegato antibélico que describe a las personas codiciosas que son capaces de promover guerras de todo tipo, incluyendo las sucias, con tal de incrementar sus ganancias. Por supuesto que Brecht también se dio tiempo para detallar a los seres luminosos en una frase que ahora es universal: “Hay hombres que luchan un día y son buenos. Hay otros que luchan un año y son mejores. Hay quienes luchan muchos años y son muy buenos. Pero hay los que luchan toda la vida, esos son los imprescindibles”.

La guerra sucia universitaria se da a través de diferentes medios, empezó tímidamente en la prensa escrita comercial, difamando y descalificando a los candidatos opositores al delfín. Después fue in crescendo, vituperando y agrediendo a los contendientes, principalmente por Internet, Facebook, Youtube, E-mail, etcétera (¿hará falta crear una policía cibernética para investigar estas mañas antes y durante las campañas de la UAQ?), así como a través de panfletos. César García Ramírez, Fernando Valencia y Gilberto Herrera han coincidido en señalar que se debe de evitar la guerra sucia, que se fijen topes de campaña para evitar los excesivos gastos de precampaña y de campaña, que se combata el nepotismo, que se eviten prácticas antidemocráticas como la compra o cooptación del voto, con el fin de mantener el buen nombre de los candidatos a Rectoría.

De otro modo, si no se detiene este negativo proceso, se corre el riesgo que la UAQ salga fracturada y dividida de este proceso electoral que, también hay que decirlo, puede ser la oportunidad histórica de convertirla en un poderoso motor de cambio que incida en la problemática que asfixia a nuestra sociedad. Que gane el candidato que tenga las mejores propuestas y no el que eche mano a las peores mañas de los políticos profesionales que, en nuestro país, se han convertido en involucionados cangrejos.

La UAQ hoy

Por cierto, en el Catálogo de Nómina del Personal Académico y Administrativo de la UAQ, al que cualquier mortal puede acceder en el portal de nuestra máxima casa de estudios (http://www.uaq.mx/transparencia/financiera/documentos/nomina/nacadyadm.pdf), aparecen los nombres de 19 personas que figuran como analistas, cuyos sueldos van de los 28 mil a los 32 mil pesos. Los universitarios se preguntan y con ellos la sociedad a coro, ¿pues de qué méritos gozan tales personas para acceder a sueldos tan contrastantes con los 50 pesos por hora de los académicos por honorarios?

Sólo para contrastar nuestro optimismo, vale mencionar que los doctores universitarios, José Luis Rosado Loría y Roque Alfonso Osornio Ríos, quienes este año fueron galardonados con el Premio Alejandrina, por Trayectoria Científica y Académica y Joven Talento en Investigación, respectivamente, aunque son maestros de tiempo completo, el primero cuenta con un sueldo de 27 mil pesos, en tanto que el segundo está en el orden de los 26 mil pesos.

Se dice que ante el privilegio los universitarios cantan a coro con la Estudiantina: “No quiero ser abogado, ni quiero ser contador, quiero ser tu analista, aunque, nunca, nunca sea doctor”.

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