Opinión

La hora de hacerse a un lado

Por: María del Carmen Vicencio Acevedo / metamorfosis-mepa@hotmail.com

PARA DESTACAR: Lamento que el virus del vedetismo afecte tanto a Galeano, como a López Obrador y que en lugar de tramar juntos una estrategia que articule todos los movimientos de resistencia, se denigren mutuamente. Considero, para todos los mesías, que es hora de hacerse a un lado y de promover que sus respectivos movimientos sociales se fortalezcan.

El lamentable espectáculo que han estado dando los dos candidatos vedetes más fuertes a la presidencia de los Estados Unidos, “el país más poderoso del mundo”.

Dejan claro que no podemos esperar más de la “democracia moderna” (capitalista). En ella, no importan ni los fines, ni los medios, ni las consecuencias; solo que cada candidato se muestre en el “show electoral”, como el más brillante y potente para destruir al adversario, evidenciándolo públicamente como el más corrupto, el más déspota, el más patán, el más manipulador o el menos capaz de gobernar al país.

Su pedagogía del poder deja una huella profunda en las nuevas generaciones que, en general, solo alcanzan a ver dos vías posibles: o repudiar a la política como la actividad humana más sucia que existe y alejarse de ella lo más posible, o asumir que eso que hacen los políticos inmundos es el único camino viable, no para superar la crisis que sufre el país, sino para encontrar, cada uno, la forma de sacar provecho egoísta de esa crisis.

Por otro lado, es tanto el enojo que afecta a la mayor parte de la ciudadanía, que obnubila su razón y la vuelve incapaz de análisis, así que: “todos son iguales”.

Un tercer camino que, al menos por ahora muy pocos ven, se está construyendo en muchos lugares del país. La lentitud de su construcción, resulta exasperante, ante la velocidad con que avanza el Divino Mercado para destruirlo todo, so pretexto de modernizarlo todo. Esa lentitud se debe a que para que la democracia realmente funcione, es necesario que la gente cobre consciencia de lo que sucede, de cómo se mueven los hilos de la historia de este país (y del mundo entero); que aprenda a confiar en sí misma, en lugar de seguir simplemente a un líder que le indique lo que hay que hacer y aprenda también, en la práctica sistemática, a transformar su individualismo egoísta en solidaridad comunitaria.

En este proceso inquieta (por no decir: preocupa) la postura que están asumiendo los dos principales promotores de los movimientos políticos autodenominados “alternativos” o “la esperanza de México”. Me refiero específicamente al Subcomandante Marcos-Galeano del Ejército Zapatista de Liberación Nacional en alianza con el Congreso Nacional indígena, por un lado, y al señor López Obrador, a la cabeza del Movimiento de Regeneración Nacional (Morena), por el otro.

Para dejar clara mi postura, he de decir que ambos movimientos merecen todo mi respeto, agradecimiento y admiración por el importante trabajo que realizan desde que aparecieron en México para frenar al neoliberalismo y construir otras maneras de practicar la democracia. Sus valientes formas de resistencia son fundamentales ante el desmantelamiento y venta que está sufriendo nuestro país, así como la devastación de nuestra Madre Tierra.

Creo, como los pobladores de Cherán, Michoacán, que los partidos y las religiones solo están provocando la división del pueblo en vez de promover su reflexión sobre lo que implica seguir distintos proyectos de nación. Sin embargo, y sin chistar, votaré por los candidatos de Morena, pues, a pesar de sus graves contradicciones, es el único partido-movimiento que se declara antineoliberal, que exige a sus miembros, cuando asumen algún cargo público de alto nivel, entregar un buen porcentaje de su sueldo o dieta, para costear universidades públicas, que cuenta con un importante equipo de profesionales e intelectuales de primerísimo nivel, y porque en el régimen partidista, que tenemos actualmente, es el único que puede construir un puente hacia otras formas de democracia.

No considero, en cambio pertinente votar por la candidata independiente a la presidencia de la República, del EZLN-CNI. No porque dude de la valía y capacidad de una indígena, sino porque esta candidatura contradice lo que los zapatistas siempre han sostenido sobre las elecciones en México, y porque, “si es de sabios cambiar de opinión”, este no es el momento.

¿Por qué no dice su palabra la candidata misma y es Galeano, quien la pregona? ¿Por qué no apoyarla primero, por ejemplo, para que sea gobernadora de Chiapas o Oaxaca, donde tendría más posibilidades? ¿Por qué dicha estrategia (que parece más de Galeano que del CNI), limita ¡nuevamente! las posibilidades de López Obrador?

En este contexto, lamento que el virus del vedetismo afecte tanto a Galeano, como a López Obrador y que en lugar de tramar juntos una estrategia que articule todos los movimientos de resistencia en México, se denigren mutuamente y contribuyan a que quienes los seguimos, nos volvamos a fragmentar.

Por eso considero, para todos los mesías, que es hora de hacerse a un lado y de promover que sus respectivos movimientos sociales se fortalezcan, formen nuevos cuadros, se autonomicen y se articulen, para poder refundar al país, desde la raíz.

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