Opinión

La ideología del éxito personal versus el servicio público

Por: María del Carmen Vicencio Acevedo

La educación capitalista impulsa a los individuos a desarrollar al máximo su ambición personal. Ser un hombre o una mujer “de éxito” constituye la principal aspiración, que habrá de inocularse en las mentes juveniles.

El significado o contenido del éxito cambia, dependiendo de las circunstancias, pero generalmente implica un motor egoísta. Cuando niña, escuché frecuentemente la historia de Benito Juárez, humilde indiecito que llegó, “por su solo esfuerzo”, a ser presidente de la república. No interesaba lo que hizo por México, simplemente lo que llegó a ser.

“Presidente” era la respuesta favorita de los niños de antaño a la pregunta: ¿qué quieres ser de grande? (hoy, como sabemos, es peligrosamente otra).

En la juventud temprana es común (en las clases medias, sobre todo entre quienes sufren de baja autoestima) leer libros de auto-ayuda, de esos que buscan convencer de que “tú eres importante” o “el cielo es el límite”, “aspira a ser EL mejor”. Muchos ejemplos de superación personal se difunden en las películas-panfleto del capitalismo: discapacitados que ganan olimpiadas; cancerosos que, a fuerza de concentración, logran sanarse; guiñapos humanos, que se transforman en campeones o superhéroes, etc. Toda esta bazofia ideológica se convierte en el sentido de la vida de muchos: ser “el número uno”, ganar la medalla de oro, adquirir fama y fortuna; de eso se trata la existencia. Así mismo, cada individuo es “el único culpable” de su fracaso. ¡Qué conveniente para el poder!

Para el común de la población, que por mucho que se esfuerce, lo más que consigue es un estatus “mediano” (un poco por encima de la línea de pobreza,), el éxito significa poder de consumo. Tener un automóvil da estatus “superior” y hay que conseguirlo, aunque  deba trabajar el doble, para pagar la usura del préstamo (y aunque la ciudad se colapse).

Entre las clases altas o medias-altas, alcanzar el éxito, por supuesto, es mucho más fácil, en especial cuando se es “dink”: pareja joven que cuenta con doble ingreso (di) y prefiere no (n) tener hijos (kids), para poder disfrutar plenamente de todos los lujos que la sociedad de mercado le ofrece.

Esta lógica capitalista de alcanzar el éxito personal es la que mueve a la clase política. Se ha naturalizado la idea de que “también los políticos tienen derecho a su superación personal” y por consiguiente es “natural” que aspiren a otros  cargos públicos (incluso antes de haber concluido el anterior).

Así, nuestros gobernantes despilfarran el erario en propaganda para exaltar su ego, mostrándose exitosos ante los demás.  Supimos (Proceso, abril, 2013) que Pepe Calzada pagó un millón 69 mil 500 pesos al fotógrafo David Ross, solamente por UNA fotografía (la  oficial). Nos enteramos que él mismo decidió “ocultar la cantidad millonaria de recursos públicos que se gastan en publicidad oficial” (Libertad de Palabra, 27 de febrero, 2012). Supimos además que Roberto Loyola gastó, antes del primer año de gobierno, 29 millones de pesos en publicidad, cuatro más de lo presupuestado (Tribuna de Querétaro, 15 de julio de 2013).

En lugar de las obras públicas que requiere la población urgentemente, en especial en las zonas más deterioradas, y en lugar de que la ciudadanía reciba suficiente información sobre la forma como se ejerce el erario, lo que recibe son caras sonrientes de gobernantes, en costosos espectaculares, muchas horas de publicidad radiofónica o televisiva, y toneladas de papel, presumiendo “los éxitos de su gestión”. Recibe también frases como “Querétaro está bien bonito” o “Suertudo, vives en Querétaro”, que ocultan la dramática cara oscura del estado (o ¿quienes toman las decisiones ven sólo las colonias donde vive la gente “exitosa”?).

En esta lógica, el “Querétaro de éxitos” (como reza un espectacular capitalino), con su proyecto de colaboración gobierno-empresarios: “Éxitos para un Querétaro competitivo”, implica generar condiciones para que los más “aptos” puedan alcanzar “altos niveles de competitividad con empresas de clase mundial” y acceder a todo tipo de relaciones internacionales que los “catapulten” a la cima.

Lo que suceda con el resto de la población, con la salud pública, la educación, las culturas populares,  la ecología, nuestros recursos naturales, las vialidades, la identidad comunitaria, el bienestar y seguridad social, nuestra soberanía nacional o dignidad personal, etc., es secundario. En el capitalismo el mundo es sólo de los “exitosos”.

La responsabilidad aquí es, primeramente, de quienes no sólo autorizan, sino convierten en “derecho” o dejan impune el uso del erario para pregonar el éxito de unos cuantos individuos, ungidos como “servidores públicos”, y de quienes se aprovechan de esa prerrogativa. En segundo lugar es de los ciudadanos, que no logramos organizarnos para detener este desfalco, pues ya asimilamos la ideología del “éxito personal” y estamos demasiado ocupados en conseguirlo (si es que ya logramos superar el nivel de supervivencia).

metamorfosis-mepa@hotmail.com

Publicaciones relacionadas

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

Botón volver arriba