La (i)lógica de la ideología de género

¿Cuántas veces hemos leído o escuchado la expresión “eso es ideología de género”, sobre todo de parte de ciertos personajes o agrupaciones conservadoras? Hay varias cosas curiosas sobre esa frase tan recurrente en los discursos antiderechos, pero en este caso nos centraremos sólo en tres: 1) engloba casi cualquier cosa que no sea del gusto de estas agrupaciones; 2) dicha expresión carece de fundamento lógico formal y 3) quienes se oponen a las luchas de los feminismos y de las diversidades sexogenéricas comparten ciertas características sociodemográficas.
La frase Ideología de género es producto de una serie de directivas y doctrinas emanadas desde el seno de la Iglesia Católica y fue apropiado por grupos conservadores, nacionalistas y de derecha. Hace referencia a un universo de cosas distintas, como la lucha por la igualdad entre hombres y mujeres, el matrimonio entre personas del mismo sexo, la adopción homoparental, la despenalización del aborto, la libertad en la identidad y expresión de género; se ha utilizado para desacreditar las exigencias de reconocimiento y protección de los derechos de las mujeres, de las comunidades de la diversidad sexual y de los principios de la Agenda 2030, entre otras cosas, donde ciertamente algunas de ellas comparten al género como un atributo, pero también se relacionan (y algunos con más intensidad) con la esfera de los derechos humanos. Ninguna de las investigaciones académicas consultadas tiene idea de cómo es que, en términos de lógica, se metieron todas estas luchas en un único costal denominado ideología de género.
Desde la lógica y con base en las definiciones académicas, si a la “ideología” como sistema de ideas y creencias compartidas la entendemos como una proposición p, y “género” como conjunto de roles socialmente asignados con base en el sexo, como una proposición q, entonces para que la frase ideología de género sea verdadera (p q = V) se referiría a un sistema de ideas y creencias compartidas relacionadas con la asignación social de roles con base en el sexo de los seres humanos. La supuesta ideología de género sería una ideología sexista, lo cual contradice lo que se supone que los grupos antiderechos pretenden expresar.
Adicionalmente, la falacia naturalista puede echar luz sobre los argumentos de quienes se oponen a esa supuesta ideología de género. La falacia naturalista es la pretensión de concluir un enunciado normativo o estético a partir de un enunciado factual. De que x tiene la propiedad observable P, se intenta inferir que tiene el atributo ético, estético o moral (o el deber u obligación) B, o bien ; es decir, quien tenga tal o cual rasgo ético o estético, debe ser o hacer B. Sin embargo, esto es falso dado que Bx no es una verdadera proposición porque los enunciados éticos y normativos indican deseos, son expresivos, pero no son denotativos, no se refieren a hechos. Los argumentos esgrimidos por los grupos antiderechos al oponerse a la supuesta ideología de género consisten, básicamente, en falacias.
Ahora bien, se hizo un experimento tomando los datos de la Encuesta Nacional de Cultura Cívica del año 2020. Se fijó como variable dependiente el ítem “¿Qué tan de acuerdo o en desacuerdo está usted en que las personas gays o lesbianas participen en las elecciones a cargos públicos?”, y como variable independiente al grupo de ingresos. Resulta que las pruebas y de Kruskall-Wallis dan un resultado significativo para p<.001, lo que se traduce en que mientras el individuo pertenezca a un grupo de ingresos inferior, se eleva su oposición a que las personas gays o lesbianas participen en elecciones para cargos públicos. Se obtuvo el mismo resultado en el caso de las variable independientes “escolaridad”, “ocupación” y “capacidad de pago”, pues mientras estos niveles se ubiquen en una posición inferior, dicha oposición incrementa.
De lo anterior se puede inferir que los grupos antiderechos representan los intereses de una clase, pero eso no significa que pertenezcan a la misma. A menudo, el rechazo a los derechos de las disidencias y de las mujeres toma la forma de un ritualismo mertoniano que consiste en el respeto compulsivo a ciertas normas institucionales por parte de personas y grupos que carecen de los medios para llegar a los fines asociados a esas normas. Es decir, quienes son incapaces de hacer un uso correcto (hegemónico) del lenguaje son quienes se oponen al lenguaje neutro, al igual que quienes se oponen al declive de la masculinidad tradicional son los mismos que fracasan como proveedores, protectores, líderes y carecen de dominio sexual, independencia o fortaleza emocional.
En síntesis, la frase ideología de género carece de lógica y los argumentos contra ella son falaces, además de que quienes los esgrimen están lejos de alcanzar los estándares normativos y de clase que tanto defienden. Por ello, el carácter ideológico de la maquinaria antiderechos se descubre en el hecho de que la respaldan precisamente quienes más pierden con ella; así, la ideología antiderechos parece estar más orientada a dominar a quienes la apoyan que a sus supuestos adversarios.



