Opinión

La inmaterialidad de lo digital: una ceguera impuesta

La supuesta inmaterialidad de lo digital es una equivocación, una ceguera impuesta, ya que en la realidad nuestra forma de relacionarnos con la tecnología también moldea nuestra forma de relacionarnos con el mundo, con nuestros cuerpos y con el medio ambiente y esto incluye desde los desechos que genera cualquier empresa tecnológica hasta los conflictos geopolíticos que se producen en África por la extracción del coltán y otros minerales necesarios para la fabricación de celulares, proponía Gilbert Simondon. Con este argumento cerró Hermann Omar Amaya Velasco la videoconferencia titulada “Gilbert Simondon y la teoría de la transducción de la información”, organizada por la Maestría en Filosofía Contemporánea Aplicada de la Universidad Autónoma de Querétaro.

Gilbert Simondon fue un filósofo francés del siglo XX que vivió en una época donde el monopolio de conocimiento quedó concentrado en París, lo que provocó que su obra no fuera tan leída a comparación de otros filósofos del momento como Sartre o Derrida; no fue sino hasta 2010 que una de sus hijas decidió reeditar su libro titulado “El modo de la existencia de los objetos técnicos”, lo que provocó que este autor comenzara a ser más leído y referenciado.

Amaya Velasco -académico de la Universidad de Guadalajara y miembro del Sistema Nacional de Investigadores- busca compartir una visión crítica de los postulados de Gilbert, reconociendo su vigencia y su valor hasta el día de hoy para las investigaciones humanistas en general y para comprender a la sociedad actual.

En este sentido, lo digital no es una entidad inmaterial, más bien se trata de impulsos eléctricos que se mueven por cables alojados en algún servidor y en las súper computadoras que guardan y almacenan toda la información; pues la información no es en absoluto algo inmaterial ni tampoco un proceso unidireccional, sino un proceso de transducción de datos que viajan entre un emisor y un receptor donde ambos son afectados y modificados por los distintos soportes que los atraviesan, que los alojan, que los hacen visibles y que los implican entre sí, enfatizó.

Es así como la teoría de la transducción nos permite sostener la idea de lo real como un devenir, como un movimiento y un proceso problemático que reclama siempre una solución, advirtió Amaya Velasco. Así, podemos repensar lo digital desde su materialidad, y desde su rol activo: propagar comunicación en los formatos que le son propios, los cuales van desde la existencia de la fibra óptica que transmite datos a la velocidad de la luz hasta la frenética forma de compra y venta en nuestra sociedad sumida en el consumismo por adquirir las más recientes tecnologías; donde sólo basta con ver al cielo y contemplar el cableado que ya forma parte de todos nuestros paisajes urbanos, concluyó el también especialista en estética y teorías del arte contemporáneo.

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