Opinión

La izquierda 2012–2018

Por: Daniel Muñoz Vega

López Obrador parece no querer dejar la estafeta de la izquierda en manos de otra persona. La lucha que ha hecho AMLO a lo largo de su trayectoria política no es menor cosa. Su legítima terquedad ha puesto contra las cuerdas a nuestro sistema político.

AMLO es un hombre con inmensas virtudes que también se ha equivocado, como todo ser humano. La lucha de AMLO la considero hasta titánica. He escrito sobre el personaje muchas veces y no me canso de reconocer el esfuerzo y también, los inmensos logros. De igual forma, señalé en varias ocasiones los errores cometidos por parte del Peje después del 2006. A AMLO hay que admirarle que no conoce la tibieza. No es un personaje blandengue. Ha sido un luchador social capaz de lograr un movimiento con la incansable intención de transformar al país.

Hay que reconocer de igual forma, que el desgaste a lo largo de 12 años de intensa actividad política ha sido demasiado. La propia dinámica de los procesos electorales termina enfriando a la izquierda mexicana. Desde mi punto de vista más pesimista: ¿Qué pasó después de la cuestionada elección de 2006? No mucho, Calderón fue Presidente para administrar, como lo venía haciendo Fox, los intereses de la cúpula económica de México. ¿Qué va a pasar ahora que Peña Nieto fue impuesto como Presidente? Volverá a poner en su agenda las reformas que impulsa la oligarquía mexicana, y la izquierda, puede que pase seis años más como lo hizo del 2006 al 2012 en peleas internas y divisiones mientras el país es desmantelado por el PRI.

Después de las elecciones pasadas, la dinámica de la izquierda comienza a cobrar forma. Por un lado, AMLO anuncia su salida del frente progresista que cobijó su candidatura para darle mayor fuerza al Movimiento de Regeneración Nacional; por el otro, Marcelo Ebrard anuncia que comenzará su campaña política en diciembre para llegar al 2018. Ambos, sobre todo AMLO, deben hacer un correcto diagnóstico para fijar su papel dentro de la izquierda y sobre todo, dentro de la propia historia.

AMLO no puede convertir su legítima terquedad de transformar a México en una tercera candidatura presidencial. No puede crear un nuevo partido político que en poco tiempo, y debido a la misma dinámica de los partidos, estará lleno de intereses mezquinos.

Ebrard, si pretende aspirar a ser un transformador de México, debe trabajar para realmente serlo y no para simularlo, si pretende llegar a la Presidencia bajándose los calzones para pactar con los mismos de siempre, mejor que no llegue. A AMLO hay que reconocerle su temple para luchar contra los poderes fácticos que tanto han dañado a México, Ebrard no puede, de la noche a la mañana aligerar un legítimo discurso que ha encauzado el lopezobradorismo.

Ahora bien, si en la izquierda hay personajes nefastos, si el PRD a lo largo de los años se ha corrompido, si la izquierda es esquizofrénica, lo que sea, AMLO no puede contribuir a dividirla más formando otro partido político. La izquierda que tenemos, buena o mala, es la que hay. Como si un nuevo partido político de izquierda no fuera a enviciarse como todos los partidos políticos de México.

Ebrard tiene legítimas aspiraciones de querer ser Presidente de México. Sin embargo, tiene que tatuarse una de las máximas del lopezobradorismo, que tal parece que dice lo que fue: “prefiero no llegar, a dejar pedazos de dignidad en el camino”. Ebrard tendría que comenzar por limpiar el camino de personajes oscuros que lo acompañan. No puede pretender hacer a un lado a AMLO y sumar a su causa a lo peor de la izquierda. Si Ebrard logra fijar una postura de opositor real al priismo que gobernará por seis años, creo que será una excelente carta para el 18, si no es así, que no nos haga perder nuestro tiempo.

La izquierda mexicana tiene un reto importante. Un reto dividido en dos: primeramente, deben de ganar posiciones en el 2015, Ebrard bien pudiera ser diputado e ir impulsando su proyecto y ganando reflectores. En los tres años que vienen, no tendrá foro, tendrá que buscarlo. El otro reto, es ganar la Presidencia en el 2018. Un buen proyecto, un buen candidato, una izquierda unida, más el desastre que será el peñanietismo, por lo tanto la izquierda tendrá nuevamente la oportunidad de ganar y poder transformar a este país.

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