Opinión

La izquierda incogruente

Por: Víctor Pernalete

Desde el pasado 12 de febrero, Venezuela entró en un nueva batalla de la guerra que desde hace más de 15 años ha librado el chavismo, una tendencia política afín al socialismo, contra todas aquellas formas distintas de pensar, hoy cómodamente agrupadas por el oficialismo con el mote de «fascismo».

Si algo llama la atención de este conflicto social, más allá de lo evidente al tratarse de una muestra de lo que un pueblo medianamente organizado y con un ideal claro puede lograr, es la terminología utilizada para referirse al mismo.

Venezuela es hoy, y de nueva cuenta, un magnífico laboratorio para analizar los discursos políticos basados siempre en los insípidos conceptos del bien y el mal, los cuales se encasillan de manera aún más torpe en posiciones de izquierda y derecha.

El mundo «bueno», el de la izquierda, ve en Venezuela un conflicto auspiciado y dirigido por los Estados Unidos de América, representante del gran capital mundial, símbolo inherente de la «burguesía», y principal desestabilizador de democracias en el planeta.

El mundo «malo», el de la derecha, ve en Venezuela un conflicto auspiciado y dirigido por una sociedad harta, hastiada y cansada, que se juega el pellejo en las calles contra el «tirano» populista que bajo un falso discurso patriótico ha mantenido oprimido al pueblo a cambio de su beneficio propio.

Por supuesto que todo depende del cristal por el que se mire, y en lo que concierne a este tema, ha sido interesante notar cómo los conceptos arriba desarrollados forman parte del discurso de más de un crítico del sistema mexicano que desde sus aires de izquierda hoy legitima en Venezuela todo lo que repudia en el país que gobierna Enrique Peña Nieto.

El ejemplo más claro e insólito tiene qué ver con la libertad de expresión. ¿Cómo es posible que un luchador social mexicano pueda legitimar la censura a canales de noticias como NTN24 o CNN, por ser medidas tomadas por la revolución, para al otro día salir a las calles a repudiar el cerco mediático de Televisa o Tv Azteca?

Hoy, la juventud venezolana ha tomado la batuta de su futuro, saliendo a las calles a luchar por un ideal, pero ¿qué haría a un estudiante venezolano títere de la burguesía, y mantenga libre al estudiante mexicano que marchó en plena campaña electoral bajo el lema «Yosoy132»?
¿Y por qué habría de aceptar un luchador mexicano un discurso violento como el de Nicolás Maduro, en contra de sus opositores, llamándoles sin empacho «fascistas», cuando en su propio país se desgarra las vestiduras al sufrir la sencilla indiferencia que el poder público tiene por sus detractores?

Resulta triste, irrisorio y hasta mezquino analizar y opinar sobre lo que sucede en Venezuela utilizando herramientas simplonas de análisis como la izquierda y la derecha. Más allá de posturas, ideologías y tendencias políticas, algo está haciendo el gobierno venezolano como para tener hoy a un país en llamas, en una batalla más de esta guerra de odio y repulsión que ha azotado al país en los últimos años. La gente está en las calles, y no parece mostrar miedo.

Resulta preocupante cómo los paladines de la libertad, del bienestar social, de la democracia y el empoderamiento de la ciudadanía, en algunos casos, dan la razón a un gobierno que ha dado muestras de ser opresor.

Se llama incongruencia.

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