Opinión

La juventud de los 50 metros cuadrados

Por Jacobo Pichardo Otero

De matorrales a casas

La ciudad de Querétaro está creciendo a un ritmo acelerado. Donde antes había cardos, matorrales y sembradíos, ahora hay casas y más casas.

Únicamente en el 2011, según datos del periódico El Economista se construyeron 15 mil viviendas en el estado, la gran mayoría de éstas se ubican en el área metropolitana y son de las llamadas ‘de interés social’; pues tan sólo el Infonavit entregó ocho mil 648 créditos de este tipo en el año que pasó.

Estas casas no tienen más de 50 metros cuadrados de construcción, en su mayoría cuentan con una sola habitación y en promedio son habitadas por familias de cuatro integrantes. Son hogares que se localizan en fraccionamientos que carecen de áreas verdes y recreativas.

La construcción de estas viviendas parece no respetar ningún plan de desarrollo urbano y al parecer no lo respetará en el futuro inmediato.

Actualmente 70 mil personas nacidas en Querétaro necesitan una casa y a ello hay que sumarle que cada día, según datos del Gobierno Estatal, llegan en promedio 120 personas procedentes de otros estados de la Republica en busca de un nuevo domicilio.

Casa pequeña infierno grande

Las posibilidades de análisis con respecto al fenómeno del crecimiento de vivienda de interés social en Querétaro son múltiples, la mayoría de las veces abordados desde la óptica del abastecimiento de los servicios públicos; sin embargo, poca atención se ha puesto en las repercusiones que tiene en la vida de las y los jóvenes.

Según datos de la Encuesta Nacional de la Juventud 2010 en el estado viven 617 mil 300 jóvenes de entre 12 a 29 años de edad de los cuales el 77.7 por ciento vive con sus padres.

El hecho de que las y los jóvenes convivan con su familia en un espacio no mayor a los 50 metros cuadrados e incluso a veces menor a 35, tiene varias repercusiones en su manera de percibir el mundo que los rodea.

Uno de los principales problemas que presentan las casas de interés social es el hacinamiento. De acuerdo al Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), el 26.6 por ciento de los hogares en México viven en esta situación y en Querétaro se estima que cuatro millones de viviendas presentan este problema.

Así los miembros de la familia tienen poco o nulo espacio para cada uno de ellos, y carecen de total privacidad.

En el caso de los jóvenes, no consiguen tener espacio para estar a solas, para reflexionar. La privacidad no existe y mucho menos la intimidad, ya no hay espacio ni para la autoerotización.

Esto provoca que los jóvenes tengan problemas psicoemocionales, como ansiedad, estrés, apatía, baja autoestima.

De igual forma, se considera que “un amplio porcentaje de la violencia juvenil y de la violencia familiar tiene su origen en el hacinamiento en que se habita”, según ha señalado el doctor César Mario Fuentes Flores, investigador del Colegio de la Frontera Norte (Colef).

Al no encontrar en el interior de sus viviendas el espacio suficiente para llevar a cabo con calidad sus actividades cotidianas, los y las jóvenes optan por pasar el mayor tiempo posible en la calle. Es ahí donde encuentran el espacio que en su domicilio no tienen.

La calle, el fraccionamiento: ¡Aquí no es donde!

En la gran mayoría de los fraccionamientos de interés social no hay parques, no hay canchas, hay muy poco espacio para la recreación y el ocio; es decir, el hacinamiento de sus casas los empuja a la calle, pero el espacio público no los recibe.

Las constructoras o inmobiliarias deciden como se construyen las nuevas zonas habitacionales y difícilmente lo hacen pensando en dar un espacio digno a quienes vivirán en ellos. Los gobiernos estatal y municipal parecen no estar interesados en incorporar a la ciudadanía en la planeación urbana de Querétaro, a los jóvenes menos.

Es así que los alrededores de los fraccionamientos, aquellos que se definen más allá de una frágil reja, les resultan hostiles y agresivos a la juventud.

En el Querétaro del interés social no hay árboles, no hay lugares donde caminar, ni donde sentarse a tomar el fresco; tampoco hay espacios para practicar deporte.

“Las canchas” que hace unos años eran el último reducto de la convivencia juvenil en las colonias populares, se han dejado de construir, pues se cree que sólo sirven para que los chavos se droguen. De espacios para la cultura y el arte mejor ni hablamos, no alcanzan para el Querétaro de los 50 metros cuadrados.

Vivienda digna, sólo en el papel

Parece que autoridades y constructoras olvidan el artículo cuarto de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, el cual establece que en nuestro país “toda persona tiene derecho a un medio ambiente adecuado para su desarrollo y bienestar (y que) toda la familia tiene derecho a disfrutar una vivienda digna y decorosa”.

De igual manera el artículo 30 de la Convención Iberoamericana de Derechos de las y los Jóvenes, señala que “éstos tienen el derecho a una vivienda digna y de calidad que les permita desarrollar su proyecto de vida y sus relaciones de comunidad”.

Los gobiernos queretanos están obligados a impulsar el derecho a tener un hogar digno, no basta con garantizar un techo para todos; es imprescindible que este derecho sea visto como el derecho a vivir en seguridad, paz y dignidad.

Sin un hogar de calidad y sin un espacio urbano digno la juventud queretana es caldo de cultivo para la violencia.

 

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