Opinión

La lucha por la dignidad

Punto y seguido

Por: Ricardo Rivón Lazcano

En árabe la política se denomina siyaasa, que etimológicamente significa “arte de amaestrar animales”.

Un libro no tan reciente pero enciclopédicamente accesible y muy interesante.

UNO

Somos ilusos, estamos llenos de ilusiones. La Humanidad navega por un mar azaroso con rumbo pero sin mapas. Su historia es la crónica de múltiples naufragios. Escribió Séneca: “El buen piloto, aun con la vela rota y desarmado y todo, repara las reliquias de su nave para seguir su ruta.”

 

DOS

¿Qué tan serio hay que tomarse a Shakespeare?: “La vida es un cuento absurdo, contado por un idiota sin gracia, lleno de ruido y furia.” Sí, un idiota que escribe y reescribe el mismo cuento pero de múltiples maneras. El hombre es un animal desdichado por comprender que es un animal, y que aspira a dejar de serlo. Ésta es la patética y parricida historia de la humanización. El hombre nuevo quiere matar al hombre viejo. Es nuestra historia común, en la que todos podemos buscar nuestra identidad.

La realidad es compleja y está llena de paradojas. Como una patética revelación el hombre descubre su soledad. Nace con necesidades urgentes y proliferantes, pero sin manual de instrucciones para vivir. En todas las sociedades surgen los mismos problemas y las mismas aspiraciones. La búsqueda de la justicia –esa reformulación social de la felicidad– es una historia agitada, llena de luces y sombras, en la que todos podemos reconocernos, puesto que es la historia de nuestra humanización.

Somos una especie que no acaba de encontrar su lugar bajo el sol.

En pleno Renacimiento, Pico della Mirandola hace que Dios le diga al hombre: “Ni celeste ni terrestre, ni mortal ni inmortal, así te hemos creado para que puedas ser tu propio creador y constructor. A ti sólo te hemos dado la libertad de crecer y desarrollarte según tu propia voluntad.”

TRES

Es contradictorio afirmar la dignidad de los indignos. ¿Por qué lo hacemos? Tal vez nos suceda lo mismo que a Sigmund Freud, que abrumado por su escepticismo y su enfermedad escribía a un amigo: “Durante toda mi vida me he empeñado en ser honrado y en cumplir con mis obligaciones. No sé por qué lo he hecho”.

Se utiliza la palabra “dignidad” para fundar en ella nuestra clemencia, cuando en realidad deberíamos justificar primero esa presunta “dignidad” que utilizamos como comodín cada vez que nos encontramos en un atolladero ético.

Richard Rorty, el filósofo norteamericano fallecido hace cinco años comentaba que la afirmación de la dignidad humana por encima de la dignidad animal no es más que la petulancia injustificada de una especie que sabe hablar. ¿Debemos entonces prescindir de ella?

Antes de responder hay que considerar seriamente que el concepto de dignidad está sirviendo de fundamento a muchas concepciones éticas y jurídicas, y ya vivimos con bastante incertidumbre como para prescindir abruptamente de un posible buen futuro.

CUATRO

Los seres humanos queremos ser felices. Este proyecto colosal, irremediable y vago dirige todas nuestras creaciones. Es un afán privado, pero que sólo puede colmarse mancomunadamente.

De ahí nace nuestra “furia constructora de ciudades”, que dijo Sófocles. Incompletos y débiles, edificamos las ciudades para que a su vez las ciudades nos edifiquen a nosotros, pues nuestra inteligencia e incluso nuestra libertad son creaciones sociales. La autonomía personal es el fruto más refinado de la comunidad.

La necesidad de fundar nuestra felicidad individual en la felicidad de la polis, en la felicidad política, nos ha obligado a construir metafóricos puentes, albergues, murallas, soberbias torres, eficientes desagües, toda una arquitectura vital. A esta arjós-tejné, a esta técnica de los cimientos, la llamamos ética y derecho. La creación siempre produce sorpresas. Los seres humanos, creyendo que estaban proporcionándose un refugio, estaban en realidad diseñando un modo nuevo de ser hombre, una nueva Humanidad.

(José Antonio Marina, María de la Válgoma. (2000). La lucha por la dignidad: Teoría de la felicidad política. Anagrama. España.)

rivonrl@gmail.com

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