Opinión

La nueva embestida por la privatización de Pemex

Por Ángel Balderas Puga

A partir de que el pasado 24 de octubre, el ex gobernador del Estado de México y el candidato más fuerte del PRI para la Presidencia de la República, Enrique Peña Nieto, abogó por la “apertura” de Pemex a la Iniciativa Privada, se ha desatado en diferentes medios, una nueva andanada ideológica neoliberalista apoyando la privatización de la principal fuente de ingresos del país.

En el pasado número de Tribuna de Querétaro dimos datos esenciales que demuestran que el petróleo sigue siendo el mejor negocio del mundo lo que explica la voracidad de ciertos “empresarios” por entrar a ese jugoso negocio, sino fuera de esa manera nadie querría invertir en un negocio pésimo.

Además incluimos datos que muestran que Pemex es una de las empresas, a nivel mundial, que obtiene magníficas utilidades, antes de impuestos, por encima de gigantes comos Exxon, Shell o Chevron. El tercer dato esencial que proporcionamos se refiere a que de las cinco primeras petroleras del mundo, cuatro son cien por ciento estatales, lo que desmitifica totalmente el axioma neoliberal de que todo lo privado es mejor que lo público.

Los que abogan, desde la ignorancia o la mala fe, por la privatización de Pemex deben explicar porque no es mejor para el país, y no sólo para unos cuantos, seguir el camino de esas empresas estatales que han demostrado, incluso durante décadas, que pueden ser mejores empresas que las privadas. México tiene mucho que aprender de Arabia Saudita y de Irán e incluso de Venezuela (desde la administración de Hugo Chávez, pues antes Petróleos de Venezuela se manejaba tan mal como Pemex) o de China, con su empresa CNPC.

La irresponsabilidad de los privatizadores y de sus corifeos es tal que no toman en cuenta que al privatizar la fuente de ingresos del 40 por ciento del presupuesto nacional, el dinero para el Estado será menor pues parte de las cuantiosas ganancias de Pemex irían a parar a manos privadas.

La buena administración

Uno de los “argumentos” de los que impulsan la privatización de Pemex es que la empresa está mal administrada, cosa en la que todos estamos de acuerdo. Esta administración ha empeorado con los gobiernos panistas. En efecto, en el año 2000, de acuerdo a la clasificación de Petroleum Intelligence Weekly (PIW), Pemex ocupaba el sexto lugar a nivel mundial, para el año 2004, en el sexenio de Vicente Fox, aquél que dijo que su gobierno era de y para empresarios, ya había caído al noveno lugar, para 2007, con Felipe Calderón cayó al lugar número 11 y de ahí no se ha movido, de acuerdo a la más reciente clasificación de PIW.

Forma parte también de una pésima administración, el solapamiento de la corrupción del sindicato de Pemex, consentido por los gobiernos priistas, los que usaron a Pemex como su caja chica para las campañas electorales. Recordemos que en el sexenio de Ernesto Zedillo se desviaron mil cien millones de pesos de Pemex para la campaña presidencial de Francisco Labastida Ochoa, usando al sindicato como intermediario, asunto conocido y nunca castigado como el “Pemexgate”.

Estas malas mañas fueron aprendidas muy rápido por los gobiernos panistas. Recordemos que los Bribiesca, los Sahagún y los Zavala fueron beneficiados con contratos superiores a los mil millones de pesos (Diario Monitor, 12/06/06). Además se abrieron expedientes en la PGR y en la Secretaría de la Función Pública por el desvío de recursos de Pemex para la campaña de Felipe Calderón (Contralínea, 01/04/08) involucrando al en ese entonces director de Pemex Refinación, Juan Bueno Torio, y un manejo oscuro de 400 millones de pesos, 200 de los cuales habrían ido a parar a la campaña presidencial de Calderón, 70 millones a la campaña del mismo Bueno Torio para el Senado y el resto entre otros funcionarios que participaron en la operación.

Por no hablar de los negocios de la familia Mouriño, de las ganancias por comisiones en la renta de buques-tanque o la opacidad con la que la actual administración de Pemex manejó la inversión en la empresa española Repsol.

Cuando se habla de corrupción en Pemex, la derecha se concreta a acusar al sindicato, lo mismo que hace cuando quiere hablar mal de la educación pública, pero se quedan callados cuando la corrupción salpica a sus cuadros dirigentes como es el caso del actual director de Pemex, Juan José Suárez Coppel quien cuando fue director corporativo de Finanzas de Pemex, en el sexenio de Vicente Fox, se dedicó a dilapidar dinero público en vuelos premier a Europa y a Estados Unidos, hospedaje en hoteles boutique, comidas y cenas en restaurantes gourmet, bebiendo whisky, licores y champaña, todo con nuestro dinero (Contralínea, 11/10/09).

Diferentes especialistas en materia energética lo han señalado como corresponsable de la quiebra técnica que hoy vive Pemex. Organizaciones de trabajadores petroleros, lo han acusan de ser partícipe de la privatización de Pemex. Se le ha implicado en contrataciones irregulares a favor de consultorías y transportistas de hidrocarburos y a pesar de todo eso, Felipe Calderón lo premió ascendiéndolo al más alto cargo en la empresa. Por otra parte, la Secretaría de la Función Pública investiga un supuesto conflicto de intereses en Petróleos Mexicanos que involucraría a Juan José Suárez Coppel y su primo José Alfredo Coppel Salcido, propietario de Global Drilling Fluids de México, empresa a la que le fueron asignados cuatro contratos de Pemex Exploración y Producción, por más de mil 350 millones de pesos (Contralínea, 24/07/11).

Gente como Suárez Coppel presumen sus estudios en universidades extranjeras (es doctor en Economía Monetaria y Comercio Internacional por la Universidad de Chicago) o que imparten clases en universidades privadas (se ha desempeñado como profesor del ITAM y de Brown University) o que han trabajado en el sector privado (ha sido director adjunto de Derivados de Banamex, tesorero corporativo de Televisa y coordinador de asesores del Secretario de Hacienda, entre otros cargos) pero sus resultados de administración de Pemex saltan a la vista: una pésima administración además de una inmensa corrupción. ¿Qué le enseñará Suárez Coppel a los estudiantes de Brown University? ¿Cómo gastarse 13 mil pesos del erario en un almuerzo? (como hizo en junio de 2005 en Houston).

A los que dicen que hay que privatizar Pemex porque está mal administrada, como si fuera la única opción posible, hay que recordarles algo fundamental: si una empresa está mal administrada la primera opción no es venderla sino hacer una buena administración, despidiendo incluso a los pésimos administradores.

Francia es uno de los mejores ejemplos de un país donde los administradores públicos son altamente competentes, más allá de los embates de la derecha de Sarkozy. Es decir, no todo lo público es mal, se requiere administradores competentes, honestos y nacionalistas, eso es lo que necesita Pemex hoy.

anbapu05@yahoo.com.mx

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