Opinión

La otra cara de la historia: El bicentenario de fray Junípero Serra (Tercera parte)

Por: Dr. J.E. Miguel A. García y Olvera

Estamos hablando de la otra cara de la historia, sobre Fray Junípero quien vivió en el Siglo XVII, y que su labor ‘apostólica’, tan encomiada, era congruente con las intenciones de sometimiento, bajo la premisa de que los ‘indios’ eran seres inferiores en el imaginario colonizador.

Pero hoy desgraciadamente la sociedad en general sigue considerando a los hermanos Ñähähñú y a los Mixteco, Tzeltzal, Cucapá, etcétera, como gente ‘primitiva’, pobre, floja, sucia, ignorante, negada al ‘progreso’ y a la modernización.

El genial escritor uruguayo Eduardo Galeano, en su libro “Bocas del tiempo” con aguda escritura resume la clara visión asimétrica con que las sociedades: europea, la criolla y mestiza latinoamericana, miran y juzgan, hoy, a los pueblos originarios; según ellos son:

“Los nadies: los hijos de nadie, los dueños de nada. Los nadies: los ningunos, los ninguneados, corriendo la liebre, muriendo la vida, jodidos, re-jodidos: Que no son aunque sean. Que no hablan idiomas, sino dialectos. Que no profesan religiones, sino supersticiones. Que no hacen arte, sino artesanía. Que no practican cultura, sino folklore. Que no son seres humanos, sino recursos humanos. Que no tienen cara, sino brazos. Que no tienen nombre, sino número. Que no figuran en la historia universal, sino en la crónica roja de la prensa local. Los nadies, que cuestan menos que la bala que los mata”.

Pero cuando se ha tenido la experiencia de convivir y reflexionar con representantes Originarios conscientes de su realidad y de la riqueza de su Cosmo-Ser, nos parecen aberrantes los juicios ofensivos, por detractores, expresados en documentos oficiales de instituciones planificadoras de educación, para las comunidades nativas de países de nuestro continente. Máxime que fueron escritos por eminentes doctores en Sociología, Antropología y Psicología, quienes en nombre “de la objetividad de su Ciencia”, expresan textualmente que, en general, los pueblos mapuche, quechua, maya, zapoteco, otomí, etcétera, “sufren un ‘desequilibrio’ de personalidad, tan evidente, que se puede percibir en la floja y débil expresión de los rostros, en la falta de reciedumbre corpórea, en la torpeza de ciertos movimientos, en las relaciones ligadas a ciertos estados anímicos, en su crítica susceptibilidad, en su lenguaje evasivo, y retorcido (…)”.

Esto se lee, en el libro Mutación Cultural y Planificación Educativa en los sectores populares del chileno Dr. Luis A .Brahm.

Ese tipo de análisis, similar al de los invasores españoles y tan propio de científicos tendenciosos que lejos de vislumbrar la riqueza y sabiduría original de los pobladores de las comunidades nativas, los colocan en la categoría de seres inferiores, porque según su segada interpretación se estancan en ‘lo primitivo’ situación por la cual, sigue diciendo el Dr. Brahm: “no queda más que protegerlos de sí mismos’ y mantenerlos en una pobreza dependiente del paternalismo, y que hoy justifica a las instituciones que administran las migajas del presupuesto nacional destinadas a ellos.

Al final del Siglo XX (1º. de enero 1994) hemos sido testigos que, entre otros, los Pueblos Maya, (Tzeltal, Tzotzil, Chol, Tojolabal…) que hasta ese día habían guardado un sabio silencio; porque su prudencia fue congruente con su excepcionalidad, se levantaron ‘en armas’ con un estentóreo grito de “¡Basta ya de un México sin nosotros! Cuyo eco provocó otro grito de todos los pueblos de “abya yala” –nuevo nombre dado por ellos a nuestro continente– que reza: “¡Nunca más, un mundo sin nosotros!”.

Sin embargo, hoy, en los territorios ‘evangelizados’ (civilizados) por Fray Junípero Serra, seguirán festejando el atropello, el absurdo sometimiento religioso, la enajenación cultural, la explotación de los Pobladores Primigenios dueños de esta parte del mundo, sosteniendo el mito de que aquí no ‘existía civilización’. Nos preguntamos, ¿Y qué fueron esos maravillosos Centros de Población como Paquimé, Casas Grandes, Alta Vista, Chalchihuites… en el Norte, y Ranas y Toluquilla en la Sierra Gorda queretana?…

Esta es “la Otra cara de la historia…”,

Continuará

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