Opinión

La otra cara de la historia –IV– El tricententenario de Fray Junípero Serra (Ensayo a contra-corriente de la Historia Única)

Dr. J.E. Miguel A. García y Olvera

La mirada asimétrica de Fray Junípero y de sus hermanos franciscanos, para con los pobladores –originarios de los pueblos evangelizados– en California: Pomo, Hupa, Miwok, Yurok, Karok, entre otros (hoy USA), y del Norte de lo que ahora es Sonora: Yaqui, Seri, Mayo, y del centro de nuestro país (Querétaro) Pame, Chichimeca, Otomí, les hacía imposible observar y dialogar, porque se requieren formas de pensar y actitudes de relación muy distintas.

El que sólo observa con parámetros pre-juiciados, no puede comprender el misterio insondable del ‘ser ahí’ del otro. Por lo tanto, su observación se convierte en un mero razonamiento, un ‘juicio’ cuya sentencia ya está dada por la ‘razón’, desde la cual, sólo se de-fin-e (‘definir’ es dar «fin»). La que afirma cómo se es, y cómo se debe ser, porque así se ha de-fin-ido.

Pero, el ‘Ser en el mundo y con el mundo (el cosmo-ser), es armonía vital. Por ello, quienes miran desde posiciones epistemo-asimétricas, difícilmente podrían apreciar la originalidad cósmica de los pueblos originarios.

La misión ‘divina’ del Junípero ‘Inquisidor’ era clara: indoctrinarlos, someterlos, enajenarlos. Imposible tener una postura humilde, una actitud que tienda a ser simétrica, aséptica de pre-juicios y dispuesta al asombro, porque no venían a asomarse, atisbar o vislumbrar la profundidad de su riqueza y de su sabiduría. Venían por oro y súbditos esclavizables.

Por ello cuesta trabajo admitir el cambio de algo tan establecido (‘lugar común’ es llamado, para justificar lo injustificable), como el inadecuado apelativo de ‘INDIO’, impuesto a los pobladores nativos de Abya-Yala. Esto fue resultado de un grave error geográfico e histórico: la creencia del genovés Cristóbal Colón, de haber llegado a las Indias Orientales, como había sido llamada, desde 1489, a esa parte de Asia, por Henricus Martellius.

Fueron Vasco Núñez de Balboa y Fernando de Magallanes, quienes, al navegar por el contorno del ‘nuevo’ continente, corrigieron el dislate provocado por los limitados conocimientos de la época.

Para la «historia» (¿cuento?) occidental Cristóbal Colón descubrió América en 1492. Pero ésta afirmación no puede ser universal. Por lo pronto, el sustantivo ‘américa’ no existía. Además, no se ha demostrado o por lo menos se ha especulado que antes que él, ya los vikingos habían tocado lo que ahora llamamos Península del Labrador. ¿Y antes que los vikingos? Preguntamos: los que allí vivían, ¿no existían?

Eduardo Galeano en su libro Espejos relata: «Desde que era chiquito e iba a la escuela y la maestra me decía: que Vasco Núñez de Balboa fue el primer hombre que vio los dos océanos desde una cumbre de Panamá. Y yo levantaba la mano y le decía: ‘Señorita, señorita, entonces los que vivían ahí eran ciegos’. Y ella me echaba de la clase por insolente…»

 

¿Quiénes pusieron sus primeros nombres al maíz y a la papa y al tomate y al chocolate y a las montañas y a los ríos de Abya-Yala? ¿Hernán Cortés, Francisco Pizarro? Entonces, los nombres originales dados por los que allí vivían, ¿no valen? En la mayoría de los pueblos persiste una toponimia sabia que expresa la vida de cada lugar. Sin embargo, en todos los Pueblos donde Fray Junípero fundó las Misiones, les antepuso el nombre de un santo cristiano: Santiago de Jalpan, Santa María de Landa, San Francisco Tilaco, Nuestra Señora de la Luz Tancoyol, San Miguel Concá. Esto provoca encubrimiento y sobre posición cultural.

Frantz Fanon en su libro “Los Condenados de la tierra”, nos dice que la Historia casi siempre ha sido escrita por los «vencedores» y pocas veces por los «vencidos». Por ello, estamos acostumbrados a no cuestionar las ficciones del «descubrimiento» de América y la conquista del nuevo mundo.

Oficialmente, la ‘verdad’ de esta historia, es la presentada, como una gran hazaña. Una verdadera epopeya española a pesar de su secuela de destrucción de las culturas autóctonas y de imposición de religiones, leyes, y costumbres ajenas a los habitantes originarios. Además del cruel y permanente despojo de sus pertenencias y territorios y de una voluntad de dominio evidente en la explotación, que perdura en la indiferencia  y desconocimiento actual de su pensamiento y de sus valores comunitarios, de reciprocidad y co-responsabilidad.

Desde el ingreso a la escolarización occidentalizada, aquel dogma histórico, nos fue impuesto.

 

Entonces se nos hace creer en la legitimidad de la invasión europea, soslayando, sin  pudor alguno, la gravedad del genocidio cometido contra los pueblos autóctonos, bajo el truculento camuflaje del nacimiento de una nueva nación, integrada por españoles, criollos, mestizos y en último lugar por los Nativos.

 

Para referirse a los pobladores Originarios, los colonizadores instituyeron un término detractor manifiestamente violento: indio (los Indios están en la India, en ‘Abya Yala’, cada Pueblo Originario tiene nombre propio: Cucapá, Chochoni Zapoteco, Tzeltal, Wayu Mapuche, Aymara…). El vocablo de ‘Indio’ propaga consigo su fuerte carga de depreciación racial y clasista. Propala una moral (antiética) propia de las discusiones bizantinas en torno a si aquellos seres tenían alma o eran comparables a bestias de carga. ¡Qué detracción!

(Continuará…)

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