Opinión

La palabra humanizante

Por: Jorge Antonio Torres Anaya

Según Martin Heidegger, filósofo alemán del siglo pasado, “el lenguaje es la casa del Ser”. Es decir, que si aceptamos que si el “ser” de las cosas se manifiesta por su nombramiento, el reconocimiento de dichas cosas se da en el momento en que se pronuncia algo acerca de ellas.

Entonces… si el hombre es el único que puede nombrar a las cosas y así darle el reconocimiento de su existencia, del mismo modo se reconoce a sí mismo como ser en el momento en que erige un discurso sobre el valor del propio habla. El hombre “es” en tanto que puede expresarse sobre las cosas y especialmente sobre sí mismo como portador del habla, parece ser la conclusión de esta lógica.

Hoy en día nos encontramos viviendo en un mundo donde la palabra parece ya no pertenecer a las discusiones de la filosofía, como la que expuse en el principio de esta columna, sin embargo se puede generar una discusión de carácter humanista sobre los acontecimientos actuales. La palabra (en sus diferentes expresiones), como “casa del ser”, es aquello que todo ser humano tiene como valor primero, pues lo dota de su existencia, de la posibilidad de ser escuchado y a su vez ser reconocido por el otro como integrante de la raza humana por expresar su pensamiento y su existencia por medio de la palabra. Podríamos decir que la palabra humaniza.

En México y el mundo tenemos hoy un gran problema. Se está desconociendo la libertad del ser humano para expresarse en los diferentes ámbitos en los que se desarrolla. Y no sólo eso, sino que se pretende imponer un discurso que convierte al ciudadano en un robot que únicamente tiene que encender el televisor, escuchar la radio o leer el periódico para recibir las directrices para “ser”. Nada de pensamiento independiente que dignifique la humanidad por medio de la libertad de expresión, de una libertad de la palabra.

Dentro del discurso esclavizador de la autoridad de la palabra por parte de los medios de comunicación masiva (dígase Salinas Pliego, Azcárraga, SOPA, etc.) no solo se está jugando la libertad de expresión o el libre tránsito de la información, sino la propia esencia de la humanidad como portadora de la palabra. La censura es aquí, la “negatriz” completa de la posibilidad de ser reconocido como ser humano por el otro. Ya no sólo como iguales, sino como seres pensantes capaces de expresarse y hacer valer sus derechos. La censura es la “cosificación” del hombre a un mero instrumento que se puede manipular, comprar, vender, contar, etcétera. Y en esa manipulación, seguir erigiendo el discurso del poderoso por sobre los demás, estableciendo un imperio.

La defensa a la libertad de expresión no es un juego de niños, es la defensa de la propia humanidad, del reconocimiento de la igualdad y del ejercicio de nuestra esencia como seres humanos.

Además opino que se debe de respetar la libertad de expresión en los medios de comunicación, legislarse adecuadamente sobre los derechos indígenas, evitar que los grandes capitales se involucren en nuestras elecciones y dejar de disfrazar el fraude electoral desde los medios.

@Der_k_Maulwurf

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