Opinión

La política incluyente de Iturbide en el Plan de Iguala

El primer demócrata mexicano

Por: J. Cruz Rivera P.

Ya sólo faltan siete años para que culmine el Bicentenario de la Consumación de la Independencia de México.

Ya sólo faltan siete años y aún el gobierno y gran parte de la sociedad mexicana siguen empeñados en ignorar la fecha del 27 de septiembre como la entrada triunfal del Ejército Trigarante a la Ciudad de México en 1821.

Probablemente, una de las razones, entre muchas sinrazones y otras razones, sea la de que, con la consumación de la Independencia quedaron incólumes los privilegios y los abusos que venían de 300 años de coloniaje y mucha gente se siente incómoda por ese resultado de aquella guerra.

Pero la mayor parte de esa gente cree que Roma se hizo en un sólo día, es decir, Iturbide no podía hacer milagros si la mayoría de sus contemporáneos no estaban a su altura en cuanto a pensamientos políticos y acciones democráticas, pensamientos de muchos de esos primeros políticos que a veces rayaban en la ingenuidad y la irresponsabilidad.

La gente estaba “educada” para obedecer sin chistar: la exclusión de clases y razas era la regla y peor aún para los mestizos, quienes estaban por debajo de los mismos indígenas. No conocía ni mucho menos aceptaba otra forma de gobierno que no fuera la monarquía. La masa crítica de las personas cultas, no necesariamente honestas, radicaba en el clero católico, en los empleados del gobierno virreinal y en algunos jefes militares.

A esto hay que agregar que no había entonces el sentimentalismo de los llamados derechos humanos y que los militares eran domados y entrenados para causar el mayor número posible de males a los enemigos, de otra manera, no eran seleccionados o, en caso de buena colocación, eran derrotados y humillados por el enemigo, como les pasó a muchos realistas a manos de Morelos o de Mina o de Antonio Torres.

Pudo ser éste el caso de Agustín de Iturbide (casi invicto), de Ignacio Allende o de otros militares que se destacaron en aquella guerra civil. Digo que pudo porque es un misterio para mí cuáles y cómo eran las ordenanzas castrenses de entonces, si ni siquiera conocemos las del Ejército mexicano actual, ya que este servidor a duras penas conoce y —eso, de lejos— el duro entrenamiento del Ejército de Estados Unidos y el de la Alemania Nazi, gracias a la televisión y a los libros de Historia.

Por eso, cuando Iturbide inició las negociaciones para que se aceptase el Plan de Iguala, se respaldó en una fuerza disuasiva que estaba detrás de él, así como una imagen de atrevido y malo en su lucha contra los antiguos insurgentes, lo que en plazo muy corto (siete meses) logró sin mucho derramamiento de sangre y si esa se derramó fue por la poca pericia de algunos de sus seguidores, que carecían de su ojo avizor y su estrategia.

Pero, aunque muy grande, no fue ese su mayor mérito, ni siquiera la invención de la Bandera, sino su visión del porvenir, al emplear una política incluyente en el Plan de Iguala, al dar cobertura a la armonía y la colaboración entre diversas clases sociales bajo la palabra UNIÓN, donde cabían lo mismo los criollos que peninsulares, indígenas o africanos (ni siquiera menciona el término “negros”) o los mestizos.

Algunos le han calificado de demagogo, aunque nosotros diríamos que era pragmático y eso en el mundo moderno es lo que prevalece y a nadie se le castiga por ser pragmático, sino que la gente les ofrece puestos y dinero a los pragmáticos. Quizá hubo un poco de ingenuidad en Iturbide cuando aún creía en la realeza española, aunque por otra parte lo hizo para complacer a los indígenas; después corrigió ese yerro cuando mejoró el Plan en los Tratados de Córdoba.

En cuanto a la religión, aunque a la distancia de 180 años de adoctrinamiento laico a muchos les parece opresivo, lo lógico en aquel entonces era la declaratoria de lealtad católica. Eso mismo hicieron los Estados Unidos aunque en el bando evangélico, que se declararon oficialmente cristianos y pusieron a Dios de testigo de sus obras. Aunque aquí los Estados Unidos han ido mucho más lejos, al poner en su dinero “In God we trust”.

Lo único que hizo Iturbide, entonces, fue congeniar los tres valores o garantías: religión, independencia y unión.

Si eso no es democracia, me doy, como dijo Quico.

Nota.- El autor es aficionado a la Historia de México, director de la revista Querogallo, coordinador de la Corriente del Gallo Libre, exprofesor universitario y perteneció en su tiempo al viejo PDM.

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