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La primera incursión de los españoles a Querétaro: desmontando el mito fundacional

Las versiones de la fundación de Querétaro que aquí se cuentan no tienen nada que ver con sonidos de chirimías, santos que se aparecen en el cielo, batallas a puñetazos en donde no corre sangre; escenografías barrocas propias del Siglo de las Luces. Aquí hablaremos de abusos, crueldades, violencias y cruces utilizadas como imposición y dominio propias de cualquier acto de conquista. Hecha la advertencia, procedamos a revisar lo que nos dicen los especialistas.

Todo empezó cuando el conquistador de Nueva Galicia, Nuño de Guzmán, envió a 32 hombres comandados por Maximiliano de Angulo a ampliar sus dominios. Así, arribaron al pueblo prehispánico de Tlachco, hoy Querétaro, en 1531. Sus habitantes, chichimecas y otomíes, “asustados y sorprendidos”atendieron a los españoles. El capitán Angulo anunció a los principales indígenas que ahora estosterritorios pertenecían a Nueva Galicia y los invitó a ser vasallos de Nuño de Guzmán.

El famoso Conni, conocido como Connín, –quien más tarde sería bautizado como Hernando o Fernando de Tapia– se había asentado con su gente en Tlachco cinco años atrás huyendo de los abusos del encomendero español y del cacique otomí de Xilotepec, de donde era originario. El pueblo prehispánico de Tlachco se encontraba en La Cañada, señala el investigador Juan Ricardo Jiménez Gómez, y estaba ocupado previamente por chichimecas, a quienes Conni convenció de que lo aceptaran y le prestaran obediencia.

Durante la incursión de los españoles a Tlachco, estos otomíes inconformes con Xilotepec y encabezados por Conni, se acercaron al capitán Angulo ofreciéndole cargas de algodón, maíz y tamemes intentando con esto sellar su alianza con los recién llegados.

Pero, advierte Somohano Martínez, el capitán Angulo y sus hombres no estuvieron de acuerdo con lo ofrecido y exigieron más mantenimientos y productos. Las cargas de algodón que estaban destinadas al pago de tributo al cacique de Xilotepec fueron tomadas por los españoles, pero requerían más hombres de los asignados para trasladarlas, por lo que exigieron más tamemes. Pero los originarios de estas tierras se negaron y los españoles sorprendieron a la población en el tianguis atrapando “a cuantos indios pudieron” y entraron a las casas para saquearlas y tomar a más hombres y mujeres para usarlos como tamemes. En su defensa, los naturales “tomaron sus arcos y sus flechas enfrentando a los españoles y tarascos que venían con ellos”. En tanto, Conni huyó a esconderse en una cueva sin hacer frente a los invasores.

Como resultado del enfrentamiento, los habitantes de Tlachco hirieron a cuatro o cinco españoles, a algunos caballos y a algunos de los purépechas que venían con ellos. No obstante, los conquistadores tomaron el pueblo de Tlachco en nombre de Nuño de Guzmán. Como hacían en todos los lugares que conquistaban, colocaron en la punta del Cerro del Sangremal una cruz como signo de conquista e imposición, pero también como mojonera para dividir a Nueva Galicia de Nueva España. Aquí, de acuerdo con Sohomano Martínez, pelearon los españoles de Nuño de Guzmán junto con los tarascos contra los otomíes y chichimecas de Tlachco.

Por su parte, Jiménez Gómez señala que Conni y su gente aceptaron, sin ninguna resistencia previa, al español Hernán Pérez de Bocanegra cuando éste llegó a Tlachco como encomendero, ya accedieron a pagarle tributo.

Así, de acuerdo con los documentos consultados por Somohano Martínez y Jiménez Gómez, el relato oficial que ha prevalecido en el imaginario colectivo en torno a cómo se llevó a cabo la conquista de Querétaro, no tiene nada qué ver con el sustento histórico.

Divulgación, Facultad de Filosofía

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