Opinión

La prisa del gobierno de Peña Nieto por cerrar el caso de Ayotzinapa

Por: Ángel Balderas Puga

Es evidente la prisa del gobierno de Enrique Peña Nieto por “cerrar” el caso de la desaparición forzada de 43 estudiantes normalistas de Ayotzinapa, Gro. Desde las constantes sugerencias del mismo Peña Nieto a “superar” la tragedia (en el sentido de olvidar el caso) hasta la actitud oficial del procurador Jesús Murillo Karam con su dizque “verdad histórica” basada más en declaraciones de delincuentes y policías que en hechos científicos y en una investigación seria y responsable no sólo de cara a los padres de los estudiantes desaparecidos sino de la sociedad mexicana e incluso del estupor internacional que ha hecho que ojos en otros países volteen a ver a un México muy diferente del que nuestros gobernantes quieren aparentar.

El pasado 19 de enero, el Instituto de Medicina Forense de la Universidad de Innsbruck, en Austria, dio a conocer los primeros análisis que realizó sobre supuestos restos de los normalistas y su conclusión fue que no era posible determinar si los restos pertenecían a los estudiantes. Sin embargo, de manera increíble, al día siguiente, Murillo Karam salió a decir que para él en el basurero de Cocula asesinaron a los estudiantes, queriendo justificar su dicho ¡precisamente en el dictamen de la Universidad de Innsbruck! En efecto, Murillo Karam salió a declarar que “después de los resultados de la universidad me queda claro que allí mataron por lo menos a uno, las declaraciones, las pruebas y todo lo demás, me hacen pensar que allí los mataron” (La Jornada, 21/01/15). Como puede notarse la frase “después de los resultados de la universidad” trata de hacer creer que los resultados fueron concluyentes cuando no fue así.

El cansado

Cuando el semanario inglés The Economist criticó al gobierno de Peña Nieto una de las cosas que resaltó fue que, a diferencia de las democracias maduras, en México permea la impunidad de funcionarios. Ésta es una de las medidas más serias que evidencian una transición democrática fallida en nuestro país, pues en cualquier país desarrollado, Murillo Karam ya habría renunciado por incapaz o habría sido cesado por su jefe ante su evidente incapacidad. Después de cuatro meses de los hechos de Iguala, no hay ni un solo acusado por desaparición forzada, ¿cómo es posible? ¿No dice Murillo Karam que tiene pruebas “científicas”?

En el último número de la revista Proceso se habla ya de tortura sobre delincuentes y policías de Iguala para que se autoinculpen del supuesto asesinato de los normalistas. Llama mucho la atención cómo Murillo Karam, el 7 de noviembre del año pasado, señaló a una persona como “operador de radio de la central de la policía municipal de Iguala”, cuando esa persona ni trabaja ni nunca ha trabajado en la policía municipal, sino que es bombero, ¿Es posible que el procurador cometa tales pifias?

El improbable horno crematorio

En una entrevista en Radio Fórmula, Murillo Karam dijo que los peritos forenses le dijeron que las temperaturas en la supuesta hoguera de Cocula alcanzaron entre mil 600 y dos mil 900 grados, lo que es una verdadera exageración, no dictada por la ignorancia de Murillo Karam sino por la idea de apuntalar su “verdad histórica” de que los estudiantes fueron quemados en un basurero. En efecto, un horno crematorio llega a alcanzar mil 200 grados de temperatura, mucho menos que lo señaló Murillo Karam.

Pero además hay que tomar en cuenta que los hornos crematorios son estructuras especialmente diseñadas para alcanzar esas temperaturas. ¿De qué conocimientos científicos disponen los delincuentes que supuestamente organizaron la quema? De acuerdo a Lorena Valencia Caballero, jefa de la Unidad de Investigación de la licenciatura en Ciencias Forenses de la UNAM (La Jornada, 14/11/14), para realizar ese tipo de quema se requieren conocimientos multidisciplinarias para conocer las condiciones ambientales, geológicas, físicas y químicas.

Pero además de los conocimientos está también la cuestión de la logística para incinerar 43 cuerpos sin que queden rastros, ni siquiera del ADN. Efectivamente, en una entrevista con CNN, el doctor Máximo Duque, especialista en medicina y antropología forense por la Universidad de Colombia, consultor internacional para las Naciones Unidas con el alto comisionado para la tortura y especialista forense del comité de la Cruz Roja, afirmó que “la logística para incinerar 43 cuerpos tiene que ser sumamente grande. Incinerar un cuerpo en un horno crematorio toma aproximadamente dos horas a una temperatura de 900 a 1000 grados centígrados y, depende del tipo de horno, se gastan aproximadamente unos 60 metros cúbicos de gas natural”. En esas condiciones, es verdaderamente increíble que hayan sido incinerados 43 cuerpos en una hoguera, no en un horno. Se requieren muchas personas, conocimiento, hay que mantener una gran cantidad de combustible alimentando permanentemente la hoguera y en teoría la incineración no fue premeditada sino improvisada. Además, recordemos que esa noche hubo lluvia y que nadie vio flamas ni humo de la magnitud requerida para tal acción.

Ante esta atrocidad… ¿Qué es lo que trata de ocultar el gobierno de Peña Nieto?

anbapu05@yahoo.com.mx

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