Opinión

La privatización de la educación superior y el espejo chileno

Por Ángel Balderas Puga

“Nunca se ha pedido permiso para cambiar la historia” (consigna escrita en un cartel en una de las tantas marchas de los estudiantes chilenos en 2011).

Desde el año pasado, hemos sido testigos de cómo jóvenes estudiantes chilenos de nivel medio superior y superior, han desarrollado en su país una interesante lucha en contra de la privatización de la educación en esos niveles.

La principal demanda de los estudiantes es la derogación de la Ley Orgánica Constitucional de la Educación (LOCE), una de las herencias más perversas de la dictadura militar de Augusto Pinochet.

De acuerdo a la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), la inversión pública en educación superior pone a Chile por debajo del promedio a nivel mundial.

Cuestión de números

Los siguientes datos hablan por sí solos: en el gobierno de Salvador Allende, en 1973, el presupuesto de educación correspondía al siete por ciento del Producto Interno Bruto (PIB) y era mayoritariamente gratuita. Al final de la dictadura, en 1990, dicho presupuesto había caído al 2.4 por ciento del PIB. En 2010 había caído al 0.84 por ciento.

A pesar de haber subido al 4.4 por ciento, hoy el 40 por ciento de los 3.5 millones de estudiantes de nivel medio superior asisten a escuelas públicas. Un 50 por ciento asiste a escuelas subsidiadas donde gobierno y padres de familia comparten los gastos, el 10 por ciento restante acude a escuelas privadas.

La privatización de la educación con fines de lucro es más notoria a nivel superior. Aproximadamente el 80 por ciento del millón de universitarios asiste a instituciones privadas creadas a partir de 1981 durante la dictadura.

La derecha y el lucro en la educación

Según el Centro de Estudios “Miguel Enríquez” (www.archivochile.com), Chile cuenta hoy con 66 universidades de las cuales sólo 25 cuentan con un aporte fiscal directo mientras que 41 corresponden a instituciones privadas.

El paradigma impuesto por la dictadura militar y heredado a los posteriores gobiernos es el anglosajón en el que no sólo se permite sino que se promueve el lucro en la educación, paradigma contrapuesto al de la educación pública y gratuita.

La propaganda de la derecha ha satanizado a la educación pública superior, sin embargo, este paradigma permitió a muchos países europeos reconstruir sus naciones luego de la Segunda Guerra Mundial. Esta guerra, entre otras cosas, dejó desmantelados los centros industriales, millones de jóvenes murieron durante esta guerra. Un sistema universitario público gratuito (o casi gratuito) permitió a millones de jóvenes acceder a la educación superior y formar profesionistas de alta calidad que fueron la base de la reconstrucción. Aún hoy hay potencias, como Francia y Alemania en los que la base de la educación superior es un poderoso sistema de universidades públicas. Este tipo de sistemas permiten a los jóvenes, independientemente de su condición económica, acceder a una educación superior de calidad.

En su interesante libro Historia verdadera del México profundo, Guillermo Marín Ruiz nos recuerda a los mexicanos que tenemos una fuerte tradición de escuela pública gratuita que ahonda sus raíces en el lejano período clásico del Anáhuac, que va, aproximadamente, del año 200 a.C. al 850 d.C. Como señala Jacques Soustelle, en su libro La vida cotidiana de los aztecas en vísperas de la conquista: “es admirable que en esa época y en ese continente, un pueblo indígena de América haya practicado la educación obligatoria para todos y que no hubiera un solo niño mexicano del siglo XVI, cualquiera que fuese su origen social, que estuviera privado de escuela” y como resalta Marín Ruiz “la primera escuela pública nació en Italia en 1596. La educación popular en el Anáhuac, seguramente, tiene sus orígenes en el advenimiento de la cultura olmeca, tres mil años antes que los europeos”.

El endeudamiento

El lucro en la educación significa simplemente que ésta es un negocio, que una vez pagados los gastos, se debe obtener una ganancia. Esto por parte de los dueños de una escuela o universidad. Costos y ganancias son pagados por las familias o por los propios alumnos (“clientes” en el modelo privado).

En el caso de los Estados Unidos, las familias o los mismos estudiantes, deben pedir préstamos para pagar unos 150 mil dólares que puede costar su licenciatura. Por ejemplo, de acuerdo a un análisis hecho en la Universidad de Compostela, España (http://firgoa.usc.es/drupal/node/40640), se calcula que un 85 por ciento de los estudiantes de escuelas de negocios, en los Estados Unidos, necesitan algún tipo de financiamiento.

En ese mismo análisis, se resalta que las tasas en las instituciones más caras superan con mucho los 30 mil dólares anuales por lo que, cuando un graduado se incorpora al mercado laboral, puede tener una deuda que supera holgadamente los cien mil dólares. Es así que nos encontramos con profesionales que, como en el caso del presidente de los Estados Unidos, Barack Obama, arrastran una deuda que sólo acaban de pagar ya superados los 50 años de edad. Este tipo de deudas hacen crisis en un mercado laboral en contracción.

De acuerdo al último Reporte Panorámico de la Educación Superior de la OCDE (Education at a Glance 2010) con datos relativos a 2007, el costo promedio de un alumno de educación superior en México es de 84 mil pesos anuales, 42 mil pesos semestrales. Si en este momento se privatizara la educación, nuestros estudiantes tendrían que pagar esa cantidad, sólo para cubrir los gastos. Los estudiantes de universidades privadas deben cubrir esos costos más las ganancias de los dueños. Los alumnos de nuestra Universidad pagan unos mil 500 pesos semestrales y los del Tecnológico unos dos mil 500. En ambos casos deberían cubrir otros 40 mil pesos semestrales, 80 mil pesos anuales por lo que la gran mayoría de ellos debería recurrir a préstamos.

Ésa es la realidad que han estado viviendo en las últimas décadas los estudiantes chilenos, sus familias se han endeudado y muchos de ellos ya no tienen acceso a la educación superior, no por falta de capacidad sino por falta de recursos económicos. Hoy los estudiantes chilenos luchan por algo que ya tuvieron sus padres: una educación pública gratuita y de calidad.

En México, por falta de inversión federal, se están quedando fuera en muchas universidades mexicanas el 90 por ciento de los aspirantes lo que explica los 7.5 millones de jóvenes que no tienen acceso ni a un trabajo ni a un lugar en la educación por lo que es criminal y antipatriótico continuar con las medidas privatizadoras de la educación pública que, entre otras cosas negativas, están cerrando el acceso a las escuelas a jóvenes brillantes y con ganas de estudiar.

anbapu05@yahoo.com.mx

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