Opinión

La relación México-EE. UU.

Por: Martagloria Morales Garza

PARA DESTACAR: La complejidad de la relación económica y comercial ha sido una constante durante todo el siglo XX y en las casi dos décadas el XXI; lo que ha cambiado es la capacidad de nuestra política exterior para mantener un mínimo de dignidad. Con Peña Nieto hemos llegado al sótano de la dignidad.

Esta relación siempre ha sido tensa, o al menos desde el siglo XIX la frase de “Pobre México, tan lejos de Dios y tan cerca de los Estados Unidos”, que se atribuye a Porfirio Díaz, de alguna manera refleja la opinión de los sectores medios ilustrados de ese siglo, sobre todo a partir de la pérdida de la mitad del territorio nacional.

La cercanía con la gran potencia, sobre todo después del triunfo de los aliados en la Segunda Guerra Mundial, propició una sofisticada política exterior mexicana que requería de mucha mano izquierda y al mismo tiempo mucha fuerza de golpe en la mano derecha. Todo ello para contrarrestar primero sus deseos expansivos en términos territoriales y después su deseo de control económico.

En el siglo XX, tres temas son centrales en la relación con los Estados Unidos; por un lado, la migración, el narcotráfico y la balanza de pagos entre los dos países.

En 2015, según información del Banco de México, 80 por ciento de nuestras exportaciones son hacia los Estados Unidos, y casi el 50 por ciento de nuestras importaciones provienen de ese país. Sin duda Estados Unidos es nuestro principal socio comercial, para bien o para mal; cuando hay recesión económica en los Estados Unidos, como viene sucediendo en los últimos 10 años, nuestras exportaciones sufren, y nuestra balanza de pagos se torna más deficitaria.

Según los últimos datos agregados de 2015, la balanza de pagos de México es deficitaria en más de 32 mil millones de dólares, lo cual representa casi el 3 por ciento del PIB de ese año.  Este déficit es el más alto desde el año 2000, tanto en términos absolutos como relativos.

Hace muchos años que nuestra balanza es deficitaria, pero en 2010 por ejemplo, este déficit representó solo el 0.5 por ciento del PIB, es decir se ha multiplicado por seis en los últimos seis años. Pasó de 5 mil millones a 32 mil. Tomando en cuenta solo el período de Peña Nieto pasó de 1.4 por ciento del PIB a 2.8 por ciento, lo cual quiere decir que se duplicó en tres años.

La migración es el otro tema espinoso de nuestra relación con Estados Unidos; en 2013 se calculó que México es el segundo país, después de la India, que más personas expulsó,   pues en ese momento tenía 13.2 millones de mexicanos en el exterior y su principal destino son los Estados Unidos.

El crecimiento de los nacidos en México y residentes en los Estados Unidos es muy importante, aunque ha habido un cierto nivel de desaceleración en los últimos seis años. Según los datos de Conapo y el anuario estadístico de migrantes de INEGI, se calcula que en el 2000 había 9 millones de mexicanos viviendo en EE. UU. y en el 2013, 11.8 millones. Es decir, en 13 años, 3 millones de compatriotas se fueron hacia Estados Unidos. En 2013 los mexicanos representaban el 40 por ciento del total de inmigrantes aquel país.

La aportación de estos migrantes a la Balanza comercial es muy importante, es decir los más pobres de nuestro país, que son los que migran, son los que explican la caída en el déficit de nuestra Balanza de pagos. Por ejemplo en 2008 cuando la tasa de migración bajo sensiblemente por la crisis hipotecaria en los Estados Unidos, nuestra balanza de pagos duplicó su déficit. Lo que quiere decir es que las remesas representan el segundo monto más importante de divisas, y en algunos años, sobre todo reciente, por la caída del precio del petróleo, se colocan en el primer lugar de ingreso de divisas al país.

Estos dos datos; es decir la importancia de los Estados Unidos como socio comercial y particularmente como principal destino de nuestras exportaciones y también el principal destino de nuestros migrantes explica la difícil relación que existe entre los dos países.

Sin embargo, la complejidad de la relación económica y comercial ha sido una constante durante todo el siglo XX y en las casi dos décadas el XXI, lo que ha cambiado es la capacidad de nuestra política exterior, para mantener un mínimo de dignidad y no aparecer como subordinados a los deseos del país del norte.

El arribo de Acción Nacional en el 2000 inició este declive de nuestra política exterior, pero con Peña Nieto hemos llegado al sótano de la dignidad con la invitación del candidato republicano a nuestro país.

Es comprensible la preocupación de la presidencia por la posibilidad del arribo de este candidato misógino y xenofóbico a la presidencia de los Estados Unidos, pues como se mencionó antes, la dependencia de México con este país es enorme. Sin embargo, la invitación y el recibimiento en Los Pinos se convirtieron en un acto indignante y patético que evidentemente no sirven para frenar las intenciones neofascistas del señor Trump.

Cuando el gobierno de Estados Unidos decidió en 1964, no solo romper relaciones diplomáticas con el gobierno revolucionario de Fidel Castro, sino también expulsar a este país de la OEA, México, pudo con mucha dignidad votar en contra, a pesar de las amenazas y a pesar de quedarse solo en toda Latinoamérica con esta postura. El argumento fundamental que México esgrimió en ese entonces, fue la doctrina Estrada de la autodeterminación de los pueblos.

Es posible que gane el neo fascismo y la xenofobia en los Estados Unidos en noviembre de este año, y quizá eso no lo podemos impedir, pero podemos demostrarle a los Estados Unidos, que la dependencia económica y de mano de obra tiene dos direcciones.

Nosotros podemos encontrar otros países donde vender nuestras mercancías, difícilmente podemos encontrar otro país para nuestra mano de obra barata, pero ellos, los gringos, no pueden vivir sin la nuestra.

Podemos dar un golpe fuerte en la mesa de la negociación, recuperar nuestra independencia y fortalecer nuestra identidad, llamar a los mexicanos residentes en los Estados Unidos a votar en contra de la xenofobia, en contra del señor Trump, hablamos de más de 12 millones de mexicanos o de ascendencia mexicana con derecho a votar; con esto, no sé si podamos cambiar el rumbo de las elecciones en los EEUU, pero podemos enviar un mensaje de dignidad y de esta manera celebrar los próximos días patrios con la certeza de que no festejamos falacias, sino realidades.

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