Opinión

La ruta de la resignación

Por: Daniel Muñoz Vega

@danielopski

El discurso de la superación personal se ha convertido en una muy peligrosa psicología.  Todo se resume en ganar, ser mejores, subir en la escala social, etiquetar bajo una moral del deber ser nuestra existencia y tomarnos selfies para Facebook.  Ese discursito lo ha contaminado todo, hasta las campañas electorales. Los políticos modernos ahora son populares, guapos y tienen que decir un chiste cada dos párrafos en la lectura de sus discursos. Políticos autómatas que buscan ser, no saben qué, pero quieren ser, estar ahí; el poder como droga, que cuando las sustancias que produce entran al torrente sanguíneo se busca aspirar al siguiente puesto, la política vista como una empresa multinivel. Así es como más o menos andamos.

La esencia misma del actuar político trae consigo la idea del sometimiento. Alguien gana por ser cool, y el resto, se tienen que someter. El gran problema es que quien de pronto ocupa un cargo, sobrevalora su papel y comienza a sufrir el complejo de dios. No concibe que es una partícula, como cualquier otro mortal en el planeta, casi inexistente en el inmenso universo.  A partir de que alguien nos gobierna, nos resigamos: es lo que hay; y en parte sí. El sistema está tan enraizado que resulta difícil cambiarlo, y lo fácil es convertirnos en autómatas que votan, viven, consumen, y tratan de ser felices dentro de el mundo que nos rodea; eso nos venden, no hay que cuestionar nada, es lo que hay.

La resignación es algo que desde que soy niño, lo ligo al tema de la muerte. Educado en la fe católica, concebí a ese ser supremo que me veía desde no sé dónde y que regía lo que pasaba en el mundo. Cuando alguien moría, siempre escuchaba la palabra resignación; “que dios le dé, al que sufre la ausencia del ser querido, pronta resignación”, siempre, hasta la fecha lo escucho. Y hay una lógica en lo anterior, nada se puede hacer con lo irremediable, cuando nos carga el payaso, cuando nos lleva el tren, cuando “felpamos”.

En el discurso optimista de superación personal, gran pilar, desafortunadamente, de la industria editorial, no se concibe la resignación; por el contrario, hay que levantarse todos los días pensando en ser mejores, en competir, en ganar, en destacar, etc. En una contienda electoral, el papel del político es exactamente ese, al estar en una competencia busca el aplastamiento del otro, y los electores, en un sentido de pertenencia, en esas mismas ganas de ganar en algo, en lo que sea, apoyan a un partido o candidato, de la misma manera en que se  apoya a un equipo de fútbol; no hay mayor análisis al momento de emitir un voto.

La cuestión aquí es que en todo el ambiente electoral y en el perfecto funcionamiento del sistema (en lo político, en lo económico, en la escala social), se arraiga de manera claramente inconsciente la forma como todos debemos resignarnos a que nada va a cambiar. Si bien no debes resignarte para ser económicamente productivo (esto es consumir pendejadas y ser chido) sí debes resignarte a que alguien te va a gobernar y nada va a cambiar. Quienes comienzan a desconocer esa idea, los que comienzan a cuestionarlo todo, desde los químicos que se usan para hacer pasta de dientes, pasando por cuestionar la cantidad de azúcar en el cereal, hasta terminar cuestionando la impostura de quien llega a ser gobernador, desarrollan una mayor claridad en relación con el entorno, y después dejan de resignarse.

El problema que tiene el individuo que de pronto decide desconocer la ruta de la resignación, es que no encaja en ningún lugar, a veces es más fácil seguir nadando de a muertito, al fin y al cabo la corriente a algún lado nos ha de llevar. México despierta de alguna u otra manera, pero no lo necesario para dejar de consumir Coca Cola, no lo necesario para dejar de consumir candidatos electorales, no lo necesario para dejar de resignarse. La gran mayoría prefiere el estado de confort, y creo, que todo estamos ahí, de alguna u otra manera.

La ruta de la resignación tiene como destino la boleta electoral, esa ruta la trazan principalmente los poderes económicos; por ejemplo: la reforma energética que tanto se anunció como la panacea para el crecimiento económico del país le permitió a Carlos Slim tener su empresa de perforación, y nosotros, seguiremos pagando gasolina cara. La ruta de la resignación pasó por Ayotzinapa, y sí, “nos indigno pero poquito” a dos meses de que se van a elegir a nuevos gobernantes, ahí está el crimen sin que nada cambie. La ruta de la resignación pasó frente a la casa blanca del presidente Peña Nieto, frente a la casa de Videgaray y frente a la casa de Osorio Chong, y votaremos nuevamente por refrendar el mismo sistema que les garantice impunidad. La ruta de la resignación pasó frente a la censura y el despido de Aristegui, y seguimos consumiendo los mismos noticiarios. La ruta de la resignación tiene una parada importante el próximo 7 de junio, cuando con tu voto, se legitime el mismo sistema que tiene a un cúmulo de ladrones administrando lo que no es suyo, y que además harán todo por hacerte creer que nada puede cambiar.

 

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