Opinión

La televisión y los niños

Por: Karla Sugey González Zamora

A propósito del mundo que nos rodea en la actualidad, en donde la tecnología tiene un peso muy importante en el recorrer de lo cotidiano, uno llega a preguntarse cuáles pueden ser las consecuencias de abusar de estas modernidades.

Recientemente he leído artículos en donde resaltan la importancia que tiene, para el sano desarrollo del niño, una comunicación directa con sus padres, un constante transitar de las palabras que le enseñan a él su lugar en el mundo y que le enseñan a ser una persona.

A través de la palabra el niño va obteniendo diversas habilidades, en especial en los primeros tres años de vida, y es tan importante esta etapa que en los años subsecuentes ya no puede recuperarse el nivel de desarrollo que no pudo alcanzarse en este periodo.

Es por ello que resulta de vital importancia que evitemos el uso indiscriminado de la televisión (por lo menos hasta los tres años de edad), que ahora es utilizada por muchos padres como forma de entretenimiento para sus hijos desde edades muy tempranas, algunas veces desde que nacen.

Es común hoy día que nosotros los padres tengamos una inacabable lista de cosas que hacer en el día, además, con la economía que cada vez ahorca más, es importante que ambos padres trabajen, en ocasiones es la madre la única en casa y debe también trabajar, y en ese vaivén de la vida diaria la televisión resulta una herramienta muy útil para mantener a los niños tranquilos sin tener que estar atrás de ellos a todo momento, se entretienen tanto que pueden dar un “respiro”, por decirlo así, a los atareados padres.

Sin embargo, realizar esta acción resulta muy dañina para el niño, pues no sólo la televisión le enseña a ser consumidor de la infinita gama de productos que se anuncian en todo momento y le muestra imágenes de violencia, sino que además, hacen que el niño pierda la habilidad de imaginar y fantasear tal y como lo hacen a partir de las palabras, ya sean dichas por los padres, los hermanos, los abuelos, como las que encontramos en los textos.

Imaginemos cuando nos cuentan un cuento, en nuestra mente transcurren un sinfín de imágenes, escenarios e ideas sobre lo que sucede en la trama, así que no habría posibilidad de que dos personas entiendan o “vean” el cuento de la misma manera, en cambio la imagen de la televisión se reduce a una sola y limita al niño su capacidad de imaginar.

Ahora bien, esto es de vital importancia para el desarrollo psicológico del niño, pues algunos autores, entre ellos Sigmund Freud (el padre del psicoanálisis), afirman que por medio de la fantasía los seres humanos somos capaces de cumplir los deseos que no podemos realizar en la realidad, esto permite que esas ganas de hacer algo, que no podemos hacer, se descarguen por otro medio y que se conserve el equilibrio del bienestar mental.

Podemos ver también que estar frente a la televisión por mucho tiempo impide que el niño aprenda habilidades de comunicación, no me refiero a que no vaya a adquirir correctamente un lenguaje, sino al sentido psicológico, es decir, que puede no alcanzar la habilidad óptima para una escucha, en consecuencia podría tener dificultades para mantener una conversación congruente o para expresar con claridad sus emociones cuando se encuentre ya en edad escolar.

Es por ello que me atrevo a recomendar que nosotros los padres tratemos de mantener un equilibrio entre el tiempo de calidad que pasamos con nuestros hijos y el tiempo que nuestros niños utilizan las nuevas tecnologías.

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