Opinión

La urgencia de cambiar las reglas del juego II

Por: María del Carmen Vicencio Acevedo

metamorfosis-mepa@hotmail.com

 

Mientras no cambiemos nuestro sistema capitalista-priista no debiéramos asombrarnos por los comportamientos antisociales cada vez más graves, de varios de nuestros niños y jóvenes (acoso escolar, vandalismo, juegos macabros, que culminan en muerte, etc.), ni tampoco por la crispación social que lleva a muchos a asumir conductas de linchamiento del otro, si no responde de inmediato a sus demandas.

Cómo tener salud física, mental y social, cuando el sistema económico-político, que nos ha impuesto el Gran Capital (agravado por el TLCAN, el Pacto por México y sus reformas estructurales), nos divide como lo hace; dando libertad a los pudientes de enriquecerse sin límites y obligando al resto a sufrir las peores condiciones de vida?

¿Por qué nos asombramos de la violencia dominante, cuando nuestras ciudades brindan a unos cuantos, enormes, lujosas y luminosas residencias, rodeadas de maravillosos paisajes, de abundancia de verde y belleza, y en cambio, tantos otros “deben” vivir en parajes desarrapados, sucios y deprimentes, embadurnados de miseria y desorden, de mugre comercial e industrial; hacinados en casuchas, mal diseñadas y mal construidas;  endeudados de por vida ante “desarrolladoras” voraces, que venden sin autorización municipal?

El capitalismo exige que los gobiernos descuiden el arreglo de las sombrías y deterioradas calles de las colonias populares más antiguas, para ocuparse, mejor de impulsar flamantes y modernos desarrollos residenciales, o construir nuevas y lujosas avenidas (sin viviendas) para aumentar la plusvalía de los terrenos colindantes.

El capitalismo provoca que sólo unos cuantos jóvenes puedan estudiar y los demás naufraguen. No le importa que los adultos padezcan desempleo, inestabilidad laboral, o trabajo excesivo, abrumador y mal pagado, sin poder protestar ni hacer huelgas, pues afuera muchos esperan para suplirlos. Al capitalismo no le importa que las madres de familia dejen a sus hijos solos muchas horas por andar trabajando, por carecer de guarderías o casas de la cultura; lo que importa es que produzcan mucho y cobren poco.

El capitalismo exige que los procesos electorales se tornen mercadería. No importa que los candidatos y sus seguidores se enfrenten en feroz competencia, que se desgreñen y pierdan la brújula y la cordura, que se tornen payasos o merolicos, sacando a relucir lo peor de sí mismos, porque así conviene al sector más pudiente, dueño de las empresas del marketing. Al capitalismo le conviene que se alíen PT con PRI, PRD con PAN, o los “alternativos inmaculados” con los “viejos corruptos”, porque así se genera la más provechosa confusión.

Esta forma alucinante de entender la “democracia”, embota el entendimiento y no permite ver que esas formas de organización social “tanáticas” (vampirescas), basadas en el egoísmo, en la ambición voraz, en la mutua desconfianza, nos están destruyendo como humanidad.

Pero el capitalismo-priismo tampoco permite prestar atención a esas muchas otras formas no comerciales de relacionarnos los seres humanos, radicalmente opuestas a la lógica de la ambición egoísta. Formas de relación, que son impulsadas por la confianza y el cuidado mutuos, por la solidaridad y la generosidad, que nos acompañan por doquier:

Marchantes que dan buenos pilones; artesanos, plomeros, carpinteros, albañiles, a quienes pagamos por adelantado sin esperar recibo, sabiendo que no nos timarán; comunidades enteras que alimentan a los migrantes o comparten enormes cazuelas de comida en fiestas vecinales. Puestos de tacos, cuyos dueños no controlan lo que come el cliente, ni el montón de discos que le dejan sobre la mesa para escoger, confiando en su palabra, a la hora de cobrar; amigas que intercambian el cuidado de los niños, para poder también trabajar; vecinos que se turnan para cuidar a los ancianos solos y enfermos; gente generosa que intercambia gratis sus saberes, y muchos etcéteras más.

Éstas formas de relación que hemos aprendido de nuestros antepasados y que se van transmitiendo de generación en generación, aún existen y urge preservarlas, potenciarlas y expandirlas, porque sólo ellas nos permitirán sobrevivir. No permitamos que el capitalismo las degrade por “primitivas” y las extinga.

Mucha gente trabaja en esta dirección alternativa en varios estados del país (especialmente los indígenas), y si usted, amable lector, vive aislado y no se integra a ninguna organización (de lo que sea), tendrá serios problemas para mantener una vida digna.

Con los pactos neoliberales, firmados por nuestra clase política-empresarial, seguirá el desmantelamiento de nuestra nación, la privatización de lo público, de nuestra riqueza natural (¡del agua!).

Por eso la lucha del pueblo trasciende los procesos electorales. Esto, sin embargo no basta.

Detener al capitalismo feroz es inviable desde las solas fuerzas de las organizaciones populares (al menos en estados como Querétaro). Es imprescindible tener un control mínimo del Estado, a través de congresistas, regidores, jueces y demás mandatarios, dispuestos frenar la voracidad de los detentadores del poder. Por eso opino con otros, que es mejor votar que no votar y también que no todos los partidos son iguales.

Hay uno, MORENA, que pese a todos sus dislates, está siendo impulsado y sostenido por intelectuales de primer nivel, decididos a frenar y minar al capitalismo, desde todos los frentes posibles: Enrique Dussel, Rosario Ibarra de Piedra, Jaime Cárdenas, Agustín Ortiz Pinchetti, John Ackerman, Pedro Miguel, Arnaldo Córdova, Rafael Barajas, Elena Poniatowska, Julio Scherer (hijo), Carlos Payán, Claudia Sheimbaum, paco Ignacio Taibo II y muchos otros más.

¿Por qué no articularnos y darle una oportunidad?

 

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