La urgencia de curar la escuela pública, talón de Aquiles de la 4T

Cada época histórica da lugar a formas concretas de ser humano y resulta inevitable preguntar sobre el tipo de personas que se están forjando en este régimen neoliberal tan crispado y dramáticamente devastador de la sociedad y de la naturaleza; un sistema del que no nos hemos librado (a pesar del pregón de Amlo).
El grave trastorno y confusión que ha provocado el hiper individualismo egoísta, disfrazado de libertad, obliga a una revisión profunda del tema educativo.
En ese río revuelto del “todo se vale”, con tal de lograr la satisfacción inmediata, el neoliberalismo se mimetizó con la exigencia del reconocimiento de derechos, provocando un auto encapsulamiento, justificado por la pandemia y luego un estallido social de todos contra todos. Las relaciones se inundaron de ansiedad, recelo mutuo e intolerancia polarizada.
El mito neoliberal meritocrático nos ha forzado a ocultar dificultades o miserias y a pregonar “superioridad”. Si no actuamos como “influencers”, no existimos.
En estas condiciones, mucha gente (¿la mayoría?) padece de “corazón roto” o se siente perdida, al hacerse consciente de su vulnerabilidad, en especial, cuando sus referentes (a quienes admiraba por su entereza, probidad o capacidad), son ahora denunciados por su “ineptitud” o “corrupción”.
La sensación de perdición aumenta al percatarse de las propias limitaciones, contradicciones, y falta de confiabilidad. Lo cantó José José: “uno no es lo que quiere, sino lo que puede ser”. Por eso es más cómodo erigirse en juez y señalar a cualquier “no-yo” como causa del malestar social o personal.
Todo esto impacta profundamente a las nuevas generaciones, que crecen casi solas, educadas y arrulladas por sus smartphones desde la cuna, inmersas en el caos estridente del mercado. La serie televisiva “Adolescencia” de S. Graham y J. Thorne no habla sólo de Gran Bretaña; revela un problema global; madres, padres y docentes se duelen del desinterés, intolerancia y violencia de sus educandos y éstos, del sinsentido de la escuela.
La tarea educativa enfrenta serios desafíos, pues implica recuperar su sentido y saber distinguir (en el maremágnum de confusiones), quién es quién; qué es verdad y qué mentira; hacia dónde lleva el camino elegido medio a ciegas, a falta de certezas; cuándo hablan las personas desvalidas o comunidades sometidas que luchan por su emancipación y cuándo grita la farsa abusiva y comodina; cuándo habla el mercado a través de los reclamos-berrinche de las-los menores; cuándo la “defensa de derechos” oculta posturas profundamente egoístas; cuándo se impone el patriarcado, tras una mujer o persona no binaria; cuándo la “lucha por la justicia” encierra el afán de venganza.
El desafío es mayor, cuando se intenta enseñar a las-los jóvenes a hacer tales distinciones.
Con la llegada de la 4T al poder, mucha gente pensó (me incluyo) que el Sistema Educativo Nacional, al fin sería transformado y abandonaría las graves perversiones de que fue objeto, durante el período neoliberal. Confiamos en que la 4T consideraría a la educación como programa estratégico prioritario y trataría al gremio docente como sostén fundamental de la transformación, garantizando condiciones laborales de primer nivel; que haría una recuperación histórica de los mejores programas y las mejores prácticas de educación alternativa, que ha tenido México, Latinoamérica y el mundo, para capacitar a las nuevas generaciones docentes; que brindaría edificios escolares, “dignos”, funcionales, bellos y ecológicos…
Pero el imperio neoliberal siguió dominando al SEN, con el SNTE-PRI, con Esteban Moctezuma de TV-Azteca, la gris Leticia Ramírez y el más impresentable: Mario Delgado.
Poco sabemos de las guerras intestinas, las tremendas presiones, amenazas, intrigas y traiciones que mueven al gobierno, tras bambalinas, pero la CNTE ya marcó su postura: “Gobierne quien gobierne, los derechos se defienden”.
Sin familias al pendiente y sin docentes bien tratados y bien capacitados, peligra la salud física y mental de nuestras nuevas generaciones.
Urge pues curar el talón de Aquiles de la 4T: la escuela pública.
maric.vicencio@gmail.com



