Opinión

La urgencia de la participación de los académicos en la descolonización y desmediatización comercial

“Quiero una educación que no me enseñe a pensar que las personas de las comunidades tradicionales y pueblos rurales son y han sido analfabetos, primitivos, retrógrados, ignorantes, poco desarrollados, incapaces de ser autónomos». Manish Jain

Por: María del Carmen Vicencio

metamorfosis-mepa@hotmail.com

Mientras que, en su visita a Mexico, el papa Bergoglio era convertido en objeto mediático comercial, nuevo “super star” y fetiche de una masa enloquecida; mientras se volvía recurso para avalar sin querer (o sin cuidado) las corrupciones de nuestra clase política; mientras Peña Nieto comulgaba con la eucaristía católica, suspendiendo nuestro Estado Laico, más de 300 maestros de diversas partes del mundo, reflexionábamos juntos sobre educaciones alternativas, en un simposio organizado por el Instituto de Estudios Superiores de Occidente (ITESO) en Guadalajara, universidad de jesuitas, colegas de Bergoglio.

Fue muy alentador dialogar, ahí, con gente de todo el mundo, que busca descolonizar la educación y abre un amplio horizonte de opciones, frente a la homogenización imperial.

El primer ponente, Manish Jain de la India, con su “Declaración para la descolonización de la educación” rompió con la lógica dominante: “Quiero una educación que no me enseñe a pensar que las personas de las comunidades tradicionales y pueblos rurales son y han sido analfabetos, primitivos, retrógrados, ignorantes, poco desarrollados, incapaces de ser autónomos. No quiero aceptar una narrativa educativa que estandarice y condene a millones de niños talentosos, hermosos y brillantes como “fracasos”, “problemas” o “de lento aprendizaje”, ni que se utilice a la certificación como una herramienta para negar el acceso de dichos niños al aprendizaje y a oportunidades de trabajo futuro… Quiero una narrativa educativa en donde se vea y valore mi relación con mi tierra, mi idioma local, mis semillas, mis ríos, mis árboles, mis historias, mi cuerpo, mi voz interior, el mundo de los espíritus y mi comunidad (…) No puedo aceptar una definición del “buen vivir”, que consista en tomar Coca cola, comer en McDonald’s, ser “Totalmente Palacio” o chatear en Facebook. No puedo aceptar una narrativa que me enseñe que tengo que competir contra otros… para sobrevivir…” Manish contó además la historia de un perico, encerrado en una jaula y domesticado, mediante un férreo control de planes y programas oficiales, sistemas de estímulos, castigos y amenazas, así como del mucho dinero invertido en perfeccionar la prisión. Ésta, con el tiempo, se le volvió invisible. Así viven muchos educadores y educandos de hoy, presos en una jaula conceptual y con miedo a salir.

Por mi parte, recordé que las educaciones alternativas (las libertarias, que promueven el pensamiento crítico, la formación integral, la educación por el trabajo, la cooperación, la ecología de saberes y demás) tienen al menos 100 años en el mundo y, al menos 70 años en México. ¿Por qué no han florecido más en nuestras escuelas?

Porque, sobre todo hoy, esa jaula invisible está sostenida por el capitalismo, Divino Mercado (Dufour) o “hidra capitalista” (EZLN). En México la sostiene además, el “Ogro filantrópico” (como llamó Paz al Estado Mexicano); un monstruo muy autoritario, que regala despensas, televisores o prebendas; que solapa corrupciones o protege de adversarios, a cambio de subordinación.

Frente al capitalismo, hay tres posturas posibles:

1) Considerarlo “perfecto pero mal aplicado”, lo que obliga a mejorar sus sistemas de amaestramiento, para volver a la gente “más eficiente” (a su servicio).

2) Considerarlo “perfectible” (eufemismo de “defectuoso”), es decir, un sistema al que rebasó la realidad y generó “accidentalmente” toda la desigualdad y violencia que hoy vivimos. Entonces compete “ajustarlo” para “darle un rostro humano”.

3) Considerarlo un monstruo salvaje, como lo que es, y comprender que la crisis actual, no es por defecto, sino porque de eso trata el capitalismo, de hundir o eliminar a quienes no le sirvan. Frente a él, lo que corresponde es desactivarlo o abandonarlo.

Manish logró en la India construir un espacio educativo autónomo, fuera del sistema oficial. Muchos otros lo consiguen en todo el mundo.

¿Cómo podemos frenar al monstruo en México?

No basta la buena voluntad o los esfuerzos aislados de quienes practican educaciones alternativas, en escuelas privadas de nivel básico y medio. Urgen alternativas para las escuelas públicas en todos sus niveles.

Urge, sobre todo, el apoyo de los consejos académicos de nivel superior (“cerebro gris” de nuestra sociedad), que cuentan con posiciones privilegiadas, mayor voz y capacidad de gestión, para cambiar la agenda gubernamental.

Para ello es necesario que los académicos recuperen su fuerza creativa y logren abandonar el trabajo de maquila al que obligan las dos primeras posturas.

 

 

 

 

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