Opinión

La utopía, ese culto necrofílico.

Punto y seguido

 

Por: Ricardo Rivón Lazcano

 

Revisitando a Immanuel Wallerstein

UNO

Hace veinte años el sociólogo Immanuel Wallerstein, en tono milenarista, planteaba:

Estamos viviendo el tránsito de nuestro sistema mundial vigente, la economía-mundo capitalista, a otro u otros sistemas mundiales. No sabemos si esto será para bien o para mal. No lo sabremos hasta el final de esta etapa, que quizás esté a cincuenta años de distancia. (O sea, ni a mitad del camino vamos).

Sabemos con certeza -sigue Wallerstein-, que el periodo de transición será muy difícil para todos los que lo vivan. Será difícil para los poderosos y para la gente común. Será una etapa de conflictos y disturbios graves, y para muchos representará el colapso de los sistemas morales.

También será un periodo en el que el «libre albedrío» alcanzará su punto máximo, ello significa que la acción individual y colectiva pueden tener un impacto mayor en la estructuración futura del mundo que en tiempos más «normales», es decir, durante la vida cotidiana de un sistema histórico.

 

DOS

Hace menos de 20 días, Agustín Carstens, uno de los funcionarios más confiables del entorno mexicano declaró: “Los países emergentes deben estar preparados para una crisis potencialmente severa y de consecuencias violentas, debido a los estragos que pudiera causar el retiro de las políticas monetarias no convencionales en países ricos y la desaceleración de China”.

 

TRES

Utopía es una palabra acuñada por Tomás Moro y significa literalmente «ninguna parte». El problema con todas las utopías no es sólo que no han existido en ninguna parte hasta el momento sino que, en opinión (verificable) de muchos, parecen sueños celestiales que nunca podrán hacerse realidad en la Tierra.

Las utopías cumplen funciones religiosas y a veces también son mecanismos de movilización política. Pero políticamente tienden a fracasar, ya que son generadoras de ilusiones y -cosa inevitable- de desilusiones. Las utopías pueden usarse -y se han usado- como justificaciones

de terribles yerros. Lo último que necesitamos son más visiones utópicas.

 

CUATRO

En Koba el Temible (Anagrama, 2004) Martin Amis  llama la atención sobre un régimen que, en el nombre de una ideología (de una utopía), bajo las órdenes de un dictador cometió crímenes abominables, que apenas hace veinte años era moral, política y militarmente defendido y promovido por propios y extraños. Y todavía en círculos académicos y resquicios partidistas no solo se defiende sino justifica.

Amis expone los crímenes contra la humanidad perpetrados por Lenin y su pequeñez intelectual, quien inició una “guerra contra la naturaleza humana” con su colectivización forzosa y la hambruna provocada en el campo de 1921 a 1922, con las ejecuciones, los destierros y traslados de campesinos a lugares remotos, con la reclusión en los campos de concentración en Siberia, etcétera. Una “horrible risa”, dice Amis, es lo que causan los absurdos del culto a la personalidad: la misma ciencia que abrió los sepulcros de los santos medievales, para exhibir que sólo había un montón de polvo y huesos, fue la misma que declaró como “incorruptible” el cadáver de Lenin.

Ya sabemos, la razón, cuando se aleja de lo humano elemental, se extravía en un culto necrofílico sin fin.

 

CINCO

Wallerstein inventó la palabra «Utopística» para significar algo bastante diferente. Es la evaluación seria de las alternativas históricas, el ejercicio de nuestro juicio en cuanto a la racionalidad material de los posibles (más que posibles, probables) sistemas históricos alternativos. Es la evaluación sobria, racional y realista de los sistemas sociales humanos y sus limitaciones, así como de los ámbitos abiertos a la creatividad humana. No es el rostro de un futuro perfecto (e inevitable), sino el de un futuro alternativo, realmente mejor y plausible (pero incierto) desde el punto de vista histórico. Es por lo tanto, un ejercicio simultáneo en los ámbitos de la ciencia, la política y la moralidad. Wallerstein apela a lo que dijera Durkheim sobre la ciencia:

Si la ciencia no puede ayudarnos a elegir la meta óptima, ¿cómo puede determinar el mejor camino para llegar a ella? ¿Por qué ha de sugerirnos el camino más rápido antes que el más económico; el más seguro en lugar del más sencillo, o viceversa? Si no puede guiarnos en la determinación de nuestros fines más elevados, tampoco puede determinar los fines secundarios y subordinados que llamamos medios.

 

SEIS

El turbulento medio siglo pronosticado está encarrilado. Somos gente común cuya megalomanía impide ver soluciones simples, sensibles, ecuánimes a lo más común de nuestra cercana comunidad.

(Wallerstein, Hector Villareal)

@rivonrl

 

 

 

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