Opinión

La vulnerabilidad y discriminación del peatón (parte 1)

Por: Gabriel Morales López

 

La Real Academia Española define lo vulnerable como aquello “que puede ser herido o recibir lesión, física o moralmente”. Una persona en condición de vulnerabilidad está en una situación de desventaja y requiere una protección especial para salvaguardar su integridad física y dignidad humana.

La condición de vulnerabilidad es propia de los seres vivos, no se trata de una condición pasajera o contingente. Los humanos no escapamos de las vicisitudes de nuestro principal recurso, frágil y finito para cada individuo: la vida. Sin embargo, hay circunstancias que aumentan la condición de vulnerabilidad de las personas, especialmente aquellas que las colocan en situación de desventaja frente al resto de la población y, en consecuencia, requieren de un cuidado especial para gozar de sus derechos fundamentales.

 

Habitualmente se habla de los niños, las personas con discapacidad, las mujeres o los adultos mayores como aquellos grupos que, por diversas circunstancias, se encuentran en mayor riesgo de ser lastimados.

 

Pocas veces se habla de que, en las calles de cualquier ciudad, los peatones se encuentran en situación de vulnerabilidad frente a otros medios de transporte. Las leyes de la física son implacables: la masa y la velocidad de un vehículo motorizado tienen consecuencias fatales cuando se encuentran súbitamente con un transeúnte en la vía pública.

 

De acuerdo con el Consejo Nacional para Prevenir Accidentes (CONAPRA), el 50% del total de las muertes por accidentes de tránsito corresponde a peatones, ciclistas y motociclistas. La misma institución reporta que un peatón tiene 90% de probabilidades de sobrevivir si es arrollado por un vehículo que circula a 30 kilómetros por hora o menos; pero la probabilidad de sobrevivencia se reduce a menos del 50% si la velocidad es de 45 km/h.

 

Además de la vulnerabilidad frente a los vehículos motorizados, los peatones son sujetos de discriminación. La mayoría de las vialidades están pensadas para facilitar el flujo de quienes transitan en vehículos motorizados y le imponen a los peatones esfuerzos extra para trasladarse entre dos puntos.

 

Para muestra, algunos botones recientes. Al comienzo de la administración estatal 2009-2015 se anunció la construcción del Distribuidor Vial Bicentenario en la intersección de la Avenida Constituyentes con el Boulevard Bernardo Quintana. En la obra se invirtieron 326 millones de pesos y se señala como beneficiarios a 220,000 vehículos. Y efectivamente, los beneficiarios son los vehículos, no los peatones, aunque entre sus características se mencionan los pasos peatonales.

 

Los transeúntes que quieran caminar de forma “segura” por Constituyentes y cruzar Bernardo Quintana deben recorrer una distancia mayor que los vehículos. A los costados de los seis carriles de Avenida Constituyentes en el paso a desnivel no hay banquetas, no se diseñó así el distribuidor. En su lugar, se hicieron pasos peatonales, túneles y plazas, que implican caminar una mayor distancia. El viacrucis es peor si se desea recorrer a pie la zona desde la “Mega Bandera” hasta la zona comercial en la lateral oriente de Bernardo Quintana. Invariablemente, la línea recta, la más corta de las rutas, no es para el caminante.

 

Otro ejemplo de obras que “olvidaron” la seguridad peatonal es la reciente reingeniería de Avenida Epigmenio González, ejecutada por el Municipio de Querétaro. Además de falta de rampas para personas con discapacidad -y unas lozas que a 8 meses de haber sido inauguradas ya parecen arenas movedizas al ser pisadas-, en la intersección con la calle Ejido, el poste para el semáforo obstruye casi en su totalidad la banqueta. El poste hace imposible el paso de una silla de ruedas, lo cual hace más vulnerable al vulnerable. Esta situación se repite en la gran mayoría de los espacios públicos, lo cual revela una falta de calidad en los diseños que se han ejecutado desde hace décadas y que para su adecuación requieren inversiones millonarias.

El diseño de los espacios públicos (arroyos vehiculares y banquetas) es uno de los principales factores de vulnerabilidad y discriminación hacia quienes deseen caminar; otros, sin duda, son las señalizaciones inadecuadas, pero sobre todo los malos hábitos de los conductores de vehículos privados y del transporte público.

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