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Las 40 horas

Finalmente, la reforma laboral que reduce a 40 horas el número de horas de trabajo a la semana cumplió todos los requisitos constitucionales para ser aprobada: mayorías calificadas en el congreso y en el senado y aprobación en la mayoría de los congresos estatales, por lo que ya fue publicada en el Diario Oficial de la Federación (DOF) el pasado 3 de marzo.

En nuestro país existen categorías laborales que siempre han trabajado un máximo de 40 horas a la semana, por lo general en el sector público y por lo general ocho horas diarias, de lunes a viernes, es decir con dos días de descanso, por lo general sábados y domingos. Por lo que la reforma beneficia directamente a categorías laborales en las que se trabaja más de 40 horas y, en muchos casos, hasta sin pago de horas extra.

Es natural que se trate de una reforma gradual. Este año se mantienen las cosas como están, pero ya a partir del año próximo la jornada laboral en todas las categorías que actualmente superan las 40 horas semanales, se irá reduciendo dos horas cada año, hasta llegar a las 40 horas en 2030.

Ninguna economía soportaría un cambio brusco de 48, o más horas, a 40 de manera inmediata. Efectivamente, basta revisar los datos de la OCDE “Average usual weekly hours worked on the main job”, de 2010 a 2024 para observar que en ninguno de los 28 países listados ha habido una reducción brusca en el número de horas laboradas a la semana. Los cambios en las jornadas laborales, en 14 años, van desde los seis minutos a la semana (como en Italia, Dinamarca y Portugal) hasta un máximo de casi seis horas, en el caso de Turquía. En la gran mayoría de los países listados los cambios en las jornadas laborales han sido alrededor de una hora (a veces hacia abajo, pero también hacia arriba). Por eso el caso de nuestro país es inédito, pues se trata de una reducción de ocho horas en tan sólo cuatro años.

En el caso de los días de descanso a la semana, la reforma aprobada garantiza al menos uno, lo que significa que pueden ser más de uno. Se podría trabajar ocho horas diarias de lunes a viernes, pero si se trabaja, por ejemplo, un medio turno en sábado, digamos de cinco horas, eso implicaría trabajar de lunes a viernes, siete horas, con el mismo salario, lo que también es benéfico para las y los trabajadores.

Con respecto a los días de descanso es importante señalar que no necesariamente, para todas las categorías deben ser sábado y domingo, pues, por ejemplo, a nadie le gustaría enfermarse un fin de semana y encontrar todos los centros sanitarios cerrados y las farmacias y menos si se trata de un accidente o de una intervención quirúrgica de emergencia. Igual la gente quiere ir a hacer sus compras los fines de semana por lo que quiere abiertos centros comerciales y tiendas. En educación superior muchos cursos de capacitación docente, cursos de posgrado, cursos propedéuticos y otras actividades más se llevan a cabo los sábados en la mañana, por no hablar de proyectos de investigación que incluso requieren trabajo en domingos.

Con respecto a las horas extra, la reforma aprobada pone topes: hay un límite de 12 horas extras a la semana, con pago doble y después de ese límite, se pagarán al triple. Se podrán trabajar hasta cuatro horas extras al día, pero con un tope máximo de cuatro días por semana y se prohíbe que menores de edad puedan laborar horas extras.

Cabe señalar que las horas extra son voluntarias, no obligatorias y, como sucede en muchos otros países del mundo, se pagan al doble o incluso al triple, por lo que en muchos casos es la misma o el mismo trabajador a solicitar el trabajo extra con el fin de obtener mayores recursos económicos (por ejemplo, cuando se quiere adquirir una vivienda o un vehículo o se deben afrontar gastos escolares de los hijos o incluso hasta para disfrutar de un período vacacional).

En contraposición, acabamos de ver la reforma laboral impuesta por la derecha argentina, encabezada por Javier Milei, en la que la jornada laboral diaria se extiende de ocho a 12 horas diarias sin pago de horas extra. Por cierto, ese Milei admirado por varios personajes de la derecha mexicana, como la senadora panista por Sonora, Lilly Téllez. Todas las derechas son iguales. No les interesan los derechos laborales ni el bienestar de la gente, sólo piensan en mejorar la economía de grupúsculos aún a costa de condiciones de esclavitud laboral.

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