Opinión

Las relaciones prensa y poder. Necesidad de una reflexión desde las prácticas periodísticas

Por: Gabriel A. Corral Velázquez

Analizar las relaciones entre la prensa y el poder ha sido un tema recurrente en los estudios que sobre periodismo se han hecho no sólo en México sino en distintas partes del mundo. Distintos autores han coincidido en afirmar que las relaciones entre la prensa y los poderes (económico y político) constituyen uno de los espacios más complejos de analizar, toda vez que no son tan explícitos los acuerdos que existen y que sostienen esta añeja relación.

En México las llamadas “reglas del juego” datan del Porfiriato. En estos años se establecieron ciertos códigos bajo los cuales la prensa se relaciona con el poder político así como las prácticas que los periodistas debían interiorizar para relacionarse con las fuentes. A partir de estos años quedan establecidas ciertas normas (implícitas) que dieron pie a la manera en cómo se desarrolló la prensa en este tiempo.

Durante la época revolucionaria fue una preocupación constante el establecimiento de leyes que regularan el actuar de la prensa. Carranza publica, en mayo de 1917, la ley de imprenta, la cual, señala el texto, se pretendía fuera temporal, puesto que la intención era elaborar una ley reglamentaria del artículo sexto constitucional, algo que nunca sucedió. De esta manera y durante todo el régimen posrevolucionario quedaron implícitos los códigos de relación (subordinación) de la prensa a los poderes. Los periodistas y los propios sujetos que forman y formaron parte del gremio conocen y han interiorizado cómo están conformadas las estructuras de la relación entre el poder y la prensa, así como la manera en cómo se desarrollan las prácticas, se reproducen y son conocidas por otras generaciones de periodistas.

Durante los 70 años de régimen priista, la prensa vivió una época de subordinación al poder político principalmente. Las órdenes de información provenían directamente de las oficinas de prensa de las instancias gubernamentales y los periódicos sólo reproducían dicha información. Las prácticas periodísticas, en este sentido, continuaban siendo sólo difusoras de la información que provenía el régimen en turno.

Con las alternancias electorales hubo esperanza de cambios en las relaciones entre la prensa y el poder. Sin embargo, los cambios vinieron pero en otro sentido. La relación entre la prensa y los poderes pasó de una subordinación política a una coacción de tipo económico. Con la liberalización del papel, a través de la privatización de PIPSA, y la venta de medios públicos; la prensa tuvo que reorganizar sus prácticas y rearticular sus relaciones con los poderes. Así los acuerdos pasaron a ser eminentemente económicos privilegiando los negocios relacionados sobre todo con la venta de publicidad.

Querétaro no fue ajeno a estas prácticas. Durante más de 30 años el escenario de la prensa local fue dominado por dos diarios. Nacidos bajo el amparo de los procesos políticos locales, estas prensas fueron las encargadas de difundir los acontecimientos cotidianos de la vida pública queretana. Con la dominación de estos medios se fueron constituyendo y consolidando las rutinas de producción informativa que sobreviven en la actualidad. Si bien en los últimos 10 años han surgido cuatro periódicos de circulación local, es evidente que las prácticas periodísticas apenas y han sufrido cambios.

Es con la lógica de la coacción económica con la que se han desarrollado las relaciones entre los poderes y la prensa. En los dos sexenios el control del poder político hacia la prensa ha sido un ir y venir constante de acuerdos de publicidad. Los medios han dejado de lado los intereses informativos por privilegiar los acuerdos de tipo económico. Las jugosas ganancias que dejan los acuerdos de publicidad con las instancias gubernamentales han debilitado aún más la búsqueda de la autonomía por parte del campo del periodismo.

Desde distintos enfoques, el campo del periodismo ha dejado en claro que continúa siendo un espacio de fácil influencia por parte de campos más sólidos, más autónomos; y esto se refleja en las prácticas periodísticas. La nula organización por parte del gremio y los nulos acuerdos en cuanto a las normas y valores que defiendan las prácticas de producción informativa son muestra de la nula autonomía de los periodistas respecto de su propia práctica.

Como ejemplo de esta debilidad se pueden señalar situaciones en las que la fuente de información, una instancia gubernamental principalmente, condiciona a la empresa periodística a entregarle información con la finalidad de llegar a acuerdos en beneficio tanto de la instancia como de la empresa. En este caso el periodista se convierte en vehículo de estos acuerdos y trabaja condicionado a lo establecido por esos convenios entre empresa y fuente.

La complejidad para entender la manera en cómo se ha articulado a lo largo de los años esta relación ha llenado de claroscuros el propio análisis de la prácticas de producción informativa. De manera recurrente se señala a los periodistas como actores principales de la trama de corrupción que pudiera haber y que impacta de manera directa en la información que día a día consumimos. Sin embargo, en los análisis desarrollados en los últimos años ha quedado claro que el periodista es el último eslabón de la cadena y que si bien tiene responsabilidad es uno más y no el responsable directo.

En todo caso la responsabilidad cae en el hecho de que no han sabido enfrentar de manera directa la vorágine de intereses económicos que han privilegiado en los últimos años las relaciones prensa-poder y que ha diluido las prácticas responsables apegadas a intereses editoriales e informativos.

La reflexión debe estar articulada a entender que la simbiosis empresas mediáticas-poderes político económicos seguirá, sin embargo en la medida en que los propios periodistas hagan un ejercicio reflexivo y asuman la importancia de su trabajo y la responsabilidad que sobre ellos pesa, continuaremos leyendo información parcial, sin crítica y apegada a criterios construidos a partir de intereses que no corresponden a los colectivos y que detienen la consolidación de una sociedad justa y democrática a partir de un pleno acceso a la información.

corral@uaq.mx


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