Las y los opositores a la reforma electoral

El pasado 11 de marzo las y los 70 diputados del PAN, 36 de las y los diputados del PRI (una estuvo ausente), y las y los 28 diputados de MC (27 de los cuales son plurinominales) votaron en contra de la iniciativa de reforma electoral enviada al congreso por la presidenta de la república, cuya esencia era reducir el enorme costo de las elecciones en México.
Mientras que, en Francia, en 2012, cada voto costó 1.88 dólares, en México, en el mismo año, costó 25 dólares, 13 veces más que en Francia. Si las y los franceses pueden organizar procesos electorales a ese costo, también lo deberíamos poder hacer las y los mexicanos. Porque ese costo en vez de disminuir ha ido creciendo de manera desproporcionada hasta alcanzar los 58 dólares por voto en 2024, más del doble de lo que nos costaron las elecciones 12 años antes.
No hay ninguna justificación para tal derroche. Pero ya sabemos que a los partidos de oposición, PAN, PRI y MC les gusta el derroche de dinero público.
A pesar de que toda la oposición se hubiera opuesto a la reforma, ésta, al igual que reformas constitucionales anteriores, debería haber sido aprobada, pues la coalición “seguiremos haciendo historia”, conformada por Morena, PT y Partido Verde tiene las mayorías suficientes en el congreso, en el senado y en los congresos estatales.
Sin embargo, la novedad del 11 de marzo es que del Partido Verde votaron a favor sólo 12 de sus 62 legisladoras y legisladores (49 votaron en contra y hubo una abstención) y del PT sólo votó a favor uno de sus 49 diputadas y diputados (47 votaron en contra y hubo un ausente). Por lo que, la reforma alcanzó sólo 259 de los 330 votos necesarios (descontando a seis diputadas y diputados que estuvieron ausentes).
Lo relevante es que PAN, PRI, MC, PT y la mayoría del Verde votaron en contra de los deseos de la inmensa mayoría de la población. Tal parece ser que las y los dirigentes de esos partidos no vieron o no entendieron la encuesta publicada por la casa encuestadora “Enkoll” en la que se demostró que más del 80 por ciento de la población estaba de acuerdo con la gran mayoría de las propuestas contenidas en la iniciativa y en sólo dos propuestas ese apoyo se reducía a las dos terceras partes de los encuestados (que de cualquier forma es un porcentaje bastante alto).
Por ejemplo, la propuesta de reforzar la supervisión del dinero que se usa en las campañas electorales tiene un apoyo popular del 87 por ciento y una tasa de rechazo de apenas el 11 por ciento. Así que todas y todos los legisladores que se opusieron a la reforma se opusieron a la supervisión de tal dinero y se pusieron del lado de apenas un 10 por ciento del electorado.
La propuesta de reducir los escandalosos sueldos y bonos de las y los altos funcionarios del INE cuenta con un apoyo del 85 por ciento de la población (y un rechazo del 12 por ciento). Sin embargo, las y los legisladores que votaron en contra de la reforma apoyan, en los hechos, que se mantengan sueldos y bonos excesivos, con funcionarias y funcionarios que ganan más que la presidenta de la república, lo que constituye un verdadero despropósito.
De la misma manera PAN, PRI, MC, PT y la mayoría del Verde se opusieron a que seamos las y los ciudadanos los que elijamos, con nuestro voto, a las y los legisladores plurinominales (con un apoyo popular del 83 por ciento y un rechazo del 13 por ciento). Votar en contra de esta propuesta es mantener el esquema de que las y los plurinominales sean elegidos por dedazo por las cúpulas de los partidos. Quizás hasta con base en el envío de “packs”.



