Opinión

Lepra

Por: Efraín Mendoza Zaragoza

 

PARA DESTACAR: El peso del PRI se reducirá a la mitad de los gobiernos estatales. El electorado respondió de este modo al gobierno que preside Enrique Peña Nieto, que nada entre la impunidad y la nada; entre el desastre económico y la nada; entre la violencia y la nada.

 

Las elecciones del 5 de junio expresan el estado de ánimo de la sociedad mexicana. Por supuesto, alienta que la izquierda que representa Morena haya incrementado simpatías y en algunos estados se haya metido con todo el cuerpo a la disputa. Sin embargo, percibo síntomas que dejan muy mal parados a los partidos políticos.

Al electorado poco le importa la fiesta de la clase política. La capital de la República es síntoma de ese desinterés ciudadano. De cada 100 ciudadanos mexicas, 72 decidieron no salir a votar. Escuché a uno de esos abstencionistas aludir con desprecio a la gran alharaca del cambio de nombre a la ciudad, cuando “lo único que interesa a los políticos es cómo se van a repartir el dinero”. Demasiada simplificación en esa lectura, pero refleja el enojo con que se asocia a la clase política.

En las elecciones federales intermedias entre 1991 y 2009, la participación ciudadana se desplomó 20 puntos porcentuales. El país que quieren los mexicanos ya no cabe en las urnas de los partidos y a sus dirigentes poco parece importarles.

Veracruz es síntoma del nulo respeto que le tienen los partidos a la autoridad electoral. Resulta que los tres candidatos punteros en Veracruz, al mismo tiempo y casi en el mismo tono, se declararon triunfadores. Ni siquiera se trató de elecciones tan cerradas, pues las diferencias eran superiores a tres puntos porcentuales entre unos y otros. Lo hicieron burlando al Instituto Nacional Electoral, que días antes había exigido a todos los contendientes se abstuvieran de anunciar triunfos y les pidió esperar los resultados oficiales. De ese modo irresponsable actuaron en Veracruz y en todas partes. Bueno, en Oaxaca hasta el Partido del Trabajo, cuando llevaba apenas 6 por ciento de los votos, anunció su triunfo.

Por lo que respecta al Partido Revolucionario Institucional (PRI), aunque alcanzó cinco de las 12 gubernaturas, la elección fue un brutal descalabro. Pese a ir con sus satélites del Verde y el Panal, el PRI se derrumbó en Veracruz, Tamaulipas, Durango y Quintana Roo.

Su peso se reducirá a la mitad de los gobiernos estatales. El electorado respondió de este modo al gobierno que preside Enrique Peña, que nada entre la impunidad y la nada; entre el desastre económico y la nada; entre la violencia y la nada. La prensa internacional no dudó en llamarle a las cosas por su nombre: detrás de la paliza del domingo está una muy extendida irritación social.

Como si no tuviera culpa alguna en el desastre nacional, el Partido Acción Nacional (PAN) salió a declararse el gran triunfador del 5 de junio y, de paso, ha alardeado con tener en la bolsa la presidencia de la República. Es cierto que pasará de gobernar 4 a 11 estados del país. Pero deberá no olvidar que en tres de ellos cogobernará con el Partido de la Revolución Democrática. A decir verdad, que el PAN triunfe ya no ilusiona.

Después de la docena trágica, es decir, los doce años de panismo en el gobierno federal, de 2000 a 2012, el PAN no representa alternativa alguna para la menor transformación en el país. Entre la amnesia y el cinismo, no faltó el acomedido que quiso congraciarse con la puntada de que esta elección ha catapultado a Ricardo Anaya a la presidencia de la República.

En buena hora, Hermann Bellinghausen nos recordó aquel célebre ensayo de Simone Weill, titulado “Nota sobre la abolición general de los partidos políticos”, a los que indefectiblemente asocia con el totalitarismo, la mentira, la propaganda, la corrupción y la injusticia. Fue escrito en 1943 pero parece escrito para hoy, cuando efectivamente se ha expandido como auténtica lepra la cómoda costumbre de tomar partido en lugar de entregarse a la complicada trama de pensar.

Como esa lepra surgió en los medios políticos, Weil dice que para recuperar su capacidad de pensamiento las sociedades tienen que comenzar por la supresión de los partidos. Pesada tarea. Tras el carnaval del domingo 5 de junio, al menos habría que meter el tema a la conversación.

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