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¡Llegó a Querétaro el tiempo de la participación ciudadana! I

Tenía otros títulos para este texto: “Psicoanálisis de la política de Felifer” o “La astucia de la serpiente”, pero preferí enfatizar el de la participación ciudadana, pues todo se relaciona.

No basta alcanzar la mayoría de edad para ejercer la ciudadanía; hay que aprender a hacerlo, y un gran desafío para quienes educan en cualquier nivel es construir las condiciones para que las nuevas generaciones puedan: 1) leer críticamente la  realidad y comprender cómo se mueven los hilos de la vida social, y 2) desarrollar suficiente fortaleza de carácter, capacidad comunicativa y de organización para hacer valer su propia voz frente a otras dominantes y visibilizar necesidades que pasan desapercibidas a quienes toman decisiones públicas.

Más que aprender a llenar formatos o desarrollar habilidades digitales importa saber construir mapas que orienten en el maremágnum de información tan confusa, contradictoria, polarizada… que pulula por doquier, y poder distinguir entre verdadero y falso, hechos y opiniones, realidad y ficción, ciencia y creencia, promoción y mercadotecnia…

Sigue siendo vigente la recomendación milenaria de “ser astutos como serpientes”, especialmente hoy, cuando abundan discursos tan seductores.

Así como el neoliberal Kuri sorprende por su nueva sensibilidad, “que lo llevará a ocuparse de los más vulnerables”, el derechista “Felifer” busca impresionar, ofreciendo:  “un gobierno abierto que involucre a la ciudadanía en la toma de decisiones para la ejecución de la obra pública”. “Pienso escuchar, más que hablar, para que las acciones que se concreten, por parte de la administración pública municipal, sean efectivamente lo que los ciudadanos quieren, lo que a las personas les duele, las problemáticas y necesidades que son urgentes”. “Por eso vamos a trabajar de la mano con los ciudadanos y como nunca antes vamos a empoderar a la gente en la administración pública municipal”. (Citas tomadas de Eqronomía, 23/05/2024):

¿Qué entenderá “Felifer” por “ciudadanos”?, porque todo mexicano mayor de 18 años lo es. Y, aunque la ley excluya a delincuentes y exija “un modo honesto de vivir”, ciertos jueces protegen y siguen tratando cuál “ciudadanos” a grandes evasores de impuestos o causantes de graves tragedias ambientales y sociales. Son ciudadanos, tanto los más desarrapados que sobreviven vendiendo desechos, como: “Los dueños del negocio de la vivienda en Querétaro”, o “Los feudales del agua” (documentales de Bajo Tierra Museo y LABIP-UAQ, 2020 y 2021_ YouTube). Prometer, pues, que “el gobierno se abrirá a la participación ciudadana”, no significa nada. Entre unos y otros ciudadanos, es fácil reconocer quiénes tendrán mayor capacidad de participación.

“Felifer” aclara: “la forma de incluir a la ciudadanía en la toma de decisiones será a través de un comité que será presidido por un ciudadano, cuya función consistirá en dar seguimiento a la acción a ejecutar; de esta manera se constituye un esquema colaborativo, transparente y de rendición de cuentas”. ¿UN ciudadano?; ¿quién será el elegido, cómo se elegirá y cuánto le pagarán? ¿En dónde deja “Felifer” los Comités delegacionales y los Consejos municipales de participación ciudadana? (que, en varios casos, han tenido casi nula efectividad frente a la hegemonía prianista, pues fueron reducidos sólo a dar la imagen).

Querétaro ha sufrido ya lo que traen promesas como las de “Felifer”: “Nosotros creemos en la subsidiaridad: tanta sociedad como sea posible y solamente el gobierno necesario”. Algo similar dijo Del Prete -que antes cité-: “… será la mano invisible del mercado (no el gobierno) quien se encargue de regular”. Semejante ideología económica explica la tendencia de los gobiernos neoliberales a concesionar, servicios públicos a “ciudadanos” empresarios y ONGs, dedicadas a esa caridad que permite deducir impuestos.

Si “Felifer” nada de muertito, entregando las funciones públicas a franquicias “ciudadanas”, evade su responsabilidad de resolver los graves problemas que provocó el prianismo, al abandonar a su suerte a los barrios populares de la capital, ésos con mayores dificultades para gestionar y “que no merecen más” (según Pancho Domínguez). ¿Por qué, entonces habríamos de pagarle un alto sueldo como alcalde?

Importa revisar otras formas de participación ciudadana (Continuará).

Carmen Vicencio

Miembro del Movimiento por una educación popular alternativa (MEPA) maric.vicencio@gmail.com

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