Los Cuidados Invisibles que Sostienen la Vida

El cuidado es una actividad necesaria para la vida y las relaciones humanas, desde que nacemos necesitamos del cuidado de otras personas, por lo que resalta como un elemento indispensable para sostener la vida cotidiana. La labor de cuidado está presente en la vida de todas/os y engloba acciones como alimentar, cocinar, limpiar, cuidar, acompañar, etc.
Históricamente el cuidado ha sido invisibilizado y feminizado, las tareas cotidianas que sostienen la vida no se consideran “trabajo” y son concebidas en el imaginario social como una responsabilidad femenina o se califican como “actos de amor”, sin embargo, esta percepción implica que no se reconozca su importancia y el impacto que tiene en la sociedad, minimizando el desgaste físico y mental que representan las responsabilidades de crianza y labores domésticas. Tal como afirma Federeci (2012) “dicen que es amor, nosotras decimos que es trabajo no pagado”.
El trabajo no remunerado se refiere tanto a las labores domésticas como a las de cuidado de personas dependientes (niñas/os, adultas/os mayores, personas con discapacidad, etc.). Son trabajos que se realizan sin recibir pago alguno y llevados a cabo principalmente en la esfera privada (hogares) por mujeres (ONU Mujeres, 2016).
Si bien la participación de las mujeres en el mercado laboral ha ido en aumento a través del tiempo, la distribución de las tareas domésticas y de cuidado, así como las dinámicas familiares, no demuestran una transformación, lo que implica para las mujeres una sobrecarga que se conoce como “doble o triple jornada”, combinando el trabajo fuera del hogar, el trabajo doméstico no remunerado, y, en muchos casos la participación académica.
Esta saturación tiene importantes repercusiones en la salud mental, emocional y física debido a los sacrificios del autocuidado que conlleva el sobrellevar distintas cargas simultáneamente, al mismo tiempo puede impactar negativamente las labores de crianza, produciendo sentimientos de culpabilidad e insuficiencia, además, las dificultades económicas, el cansancio y la frustración son frecuentes en quienes afrontan esta compleja situación (Ramírez, 2025).
Es por ello que la sobrecarga del trabajo doméstico no remunerado y de cuidados representa un factor estructural de la desigualdad de género, con diversas implicaciones para las mujeres, tales como: mayor dificultad para insertarse en trabajos fuera del hogar, mayores obstáculos para desarrollarse en el campo educativo y laboral, menor tiempo para el aprendizaje, ocio, participación social y política o cuidado personal, más participación en el trabajo informal (aunque este no les brinde protección social) y en trabajos que brindan menores ingresos (ONU Mujeres, 2016).
En conclusión, el cuidado va más allá de una tarea del hogar y la familia, es también un derecho y una responsabilidad compartida, además es un elemento del bienestar individual y colectivo, por lo tanto, es un asunto social y político. Por ello es necesario promover políticas públicas que protejan el bienestar y los derechos de las mujeres que realicen trabajo de cuidados, asimismo es fundamental impulsar programas de educación para la ciudadanía con un enfoque de transversalidad que fomenten pensamiento crítico y promuevan valores como la empatía, respeto y equidad con el fin de visibilizar y redistribuir estas actividades para lograr una sociedad más justa e igualitaria.
Recordemos que el cuidado hace posible la vida y es responsabilidad de todas/os cuidar a quienes cuidan.
Referencias:
Federici, S. (2012). Revolution at Point Zero: Housework, Reproduction, and Feminist Struggle. Oakland: PM Press.
Ramírez, R. (2025). La triple jornada: la experiencia de mujeres que estudian, maternan y trabajan remuneradamente. Perspectivas en psicología. 151-170
ONU MUJERES. (2016). “Trabajo doméstico y de cuidados no remunerado”. https://mexico.unwomen.org/es/digiteca/publicaciones/2016/01/trabajo-domestico



