Opinión

Los jóvenes educan

Por Agustín Escobar Ledesma

“Me gustan los estudiantes/ jardín de nuestra alegría/ son aves que no se asustan/ de animal ni policía./ Y no le asustan las balas/ ni el ladrar de la jauría/ Caramba y zamba la cosa/ que viva la astronomía”. La estrofa de la canción Me gustan los estudiantes, que escuchaba hace miles de años en voz de Violeta Parra, es un homenaje a los jóvenes de aquella época que en diferentes lugares del planeta se manifestaban por un mundo mejor; cuando ser estudiante era sinónimo de revolucionario. El tema que también era interpretado por Mercedes Sosa y Amparo Ochoa, me trae nostálgicas lágrimas que resbalan sobre mis exhumados recuerdos.

 

Ahora, ante las imágenes de las marchas multitudinarias de los estudiantes de Chile, el tema musical vuelve a cobrar vida, gracias a los muchachos que se movilizan para impedir la privatización educativa operada en aquel país desde el anterior gobierno de “izquierda” de Bachelet y continuada ahora por el derechista Sebastián Piñera.

 

Por lo mismo, es decir, por el entusiasmo de los estudiantes, no por la imposición de las políticas neoliberales, hago propias las palabras que mi maestro Eduardo Galeano, autor de Patas arriba. La historia del mundo al revés, les dirigió a los protestantes: “Quiero enviar un abrazo de muchos abrazos a los jóvenes valientes que nos están dando a todos una lección de dignidad democrática desde las calles de Chile. Ellos, los indignados demuestran que hay otro país posible, heredero de Balmaceda y de Allende, y que Chile no termina en las fronteras trazadas por los resignados y los indignos. Que de eso se trata, al fin y al cabo: luchando por la educación, los jóvenes educan a todos los demás. Esta protesta enseña. Yo les digo: gracias mil y suertudas suertes en tan hermosa aventura”.

 

En lo que respecta a nuestro país, cada ciclo escolar quedan marginados miles de jóvenes porque no encuentran un centro educativo público. Para ellos, las puertas negras de la UNAM, la UAM y el IPN fueron cerradas con seis candados colocados por órdenes del Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial, organismos multinacionales que con sus políticas impulsan y propician el empobrecimiento de las naciones para beneplácito de las parasitarias oligarquías autóctonas (saludos a Slim, Azcárraga, los dos Salinas, Roberto Hernández y a los profetas del capitalismo en Querétaro).

 

En nuestros días, es común y corriente leer en los periódicos notas como la siguiente:

 

“La Comisión de Educación del Congreso investiga el proceso irregular mediante el cual el ayuntamiento de León donó un predio a la Universidad La Salle Bajío. Entre el gobierno del estado y el municipal han regalado casi 100 millones de pesos al Tecnológico de Monterrey, a la Universidad Iberoamericana y a La Salle para que construyan centros de innovación tecnológica” (Códigos, los Signos del Estado. 7/08/2011).

 

Sin embargo, para no ir por cajeta a Celaya, recordemos que aquí, en el 2008, la Universidad Autónoma de Querétaro aumentó la matrícula de inscripción, de mil, pasó a mil 500 pesos. Todavía más, a iniciativa del rector, en lugar de entregar a los estudiantes una credencial que los identificara como alumnos, mandó a los 24 mil estudiantes a un banco para que les entregara una tarjeta de débito “universitaria”. Si esto no es privatizar la educación pública ¿qué nombre le pondremos?

 

Por supuesto que el incremento de las cuotas ha llevado a la elitización de la educación universitaria porque los aumentos, sumados al raquítico salario mínimo, deja a los integrantes de las clases populares a años luz de distancia de la educación superior. ¿Alguien imagina al hijo de un obrero que gana 50 pesos en un aula universitaria? Sin embargo, es más difícil encontrar a los jóvenes campesinos e indígenas estudiando en nuestra Alma Máter; la mayoría de quienes llegan al Cerro de las Campanas van a vender chicles.

 

El rechazo de ocho mil jóvenes, de 12 mil que solicitaron su ingreso a la UAQ, es otra historia del terror globalizado.

 

A diferencia de lo que ocurre en Chile con los estudiantes y en España con los indignados, a los jóvenes queretanos, con sus muy respetables excepciones, las convocatorias para luchar en contra de las salvajes políticas neoliberales no les hacen mella, en cambio, a las invitaciones como a la pasada zombie walk, sí les hacen caso.

 

Según los reportes de la prensa, este suceso congregó a más de mil muertos vivientes para manifestarse en las calles de Querétaro, con la finalidad de rendir homenaje a diversos personajes del cine, los videojuegos, el cómic, la música, etcétera.

 

A reserva de equivocarme, al parecer, entre los intereses de los zombis locales (los originales son de Haití, pero también existen en Sahuayo, creados por el caricaturista Trino, quien los representa como seres apáticos y apolíticos que no se indignan ante nada), no figura la manifestación por la imposición de las políticas educativas que privilegian la privatización de lo público.

 

Entre sus prioridades no está el propiciar un acercamiento con los jóvenes chilenos o con los españoles (hoy con las redes sociales eso se hace con la mano en la cintura) sino más bien adentrarse en una elusiva realidad originada en los mass media, a partir de una ficción que horroriza e inmoviliza, que transfigura a los ciudadanos en consumidores, para beneplácito del establishment, de la paz de los sepulcros y del horror que provocan a personas como a este aprendiz de brujo.

A mi entender el surgimiento del fenómeno zombies walk, iniciado en Querétaro hace tres años, es una moda cuyas raíces las ubicamos en el Halloween y el video musical Thriller, de Michael Jackson, propios de la cultura de masas gringa. Es obvio que, por sus orígenes, el nombre de la convocatoria abreva en el idioma inglés y no en el nuestro. Zombies walk es una manifestación de la sociedad de consumo que globaliza los deseos y no las necesidades de los jóvenes queretanos. Por cierto, al siguiente día, el evento ocupó las primeras planas de la prensa escrita, así como las de sociales, tal como ocurre con la también llamada Noche de brujas.

 

Es por eso que, insisto, me gustan los estudiantes que luchan en contra de la mercantilización de la educación porque ellos, como canta Violeta Parra: “…son la levadura/ del pan que saldrá del horno/ con toda su sabrosura/ para la boca del pobre/ que come con amargura./ Caramba y zamba la cosa/ ¡Viva la literatura!

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