Opinión

Los niños y la educación integral ¿Daños colaterales?

Por: María del Carmen Vicencio

El término “daño colateral” se emplea por diversas fuerzas armadas en referencia al perjuicio no intencional o accidental, producto de una operación militar. Este término se ha extendido a otros asuntos, fuera del ejército, relacionados con procesos que se dirigen a promover cambios (justificados como “mejoras”). Éste es el caso de la reforma, mal llamada “educativa”.

El Secretario Chuayffet y funcionarios que lo siguen (con frecuencia irreflexivamente) acusan a los profesores disidentes de violentar el derecho de los niños a recibir educación; en otras palabras, de convertirlos en “daños colaterales” de su conflicto. Además, los responsabilizan de las cuantiosas pérdidas económicas que sus manifestaciones han ocasionado; aunque el recuento de los daños varía, según la fuente y fecha. Para fines de agosto la Canacope contabilizaba 500 millones de pesos (http://www.m-x.com.mx/2013-08-28/).

El señalamiento mediático de estos daños colaterales mueve a muchos a sumarse al grupo de feroces detractores de los profesores.

En efecto, el daño que sufren los chicos por meses sin clases es tremendo y también el que padece, sobre todo, el pequeño comercio. Sin embargo, habría que reflexionar más allá de estos datos, antes de concluir simplonamente que las protestas magisteriales son la causa principal de las catástrofes económica y educativa actuales.

El ciudadano común vive actualmente tan abrumado y sin horizontes, que prefiere las respuestas fáciles. En youtube varios indoctos “de buena voluntad” se ofrecen a explicar “con bolitas y palitos” el problema magisterial, pues cualquiera se cree con derecho a opinar sobre el tema.  Es más fácil señalar al maestro como “culpable” (en especial si “es naco”), que emprender una investigación profunda.  Además de la dificultad que esta tarea implica, resulta “demasiado costosa” (lo que brinda a los tecnócratas un magnífico pretexto para omitirla).

En contraste, el ciudadano común es en extremo tolerante con los grandes consorcios, evasores de impuestos y desfalcadores de sus clientes mediante mil triquiñuelas. Estos emporios sí que ocasionan graves problemas al país y a la educación, imposibilitando transformarla. (Ver: Secretaría de Hacienda y Crédito Público: “400 grandes grupos empresariales acumularon ingresos por cuatro billones 960 mil millones de pesos en 2008, pero apenas pagan 1.7% de impuesto sobre la renta”; así como “Las grandes empresas eluden y difieren impuestos a través del régimen de consolidación fiscal” Dr. Mario di Costanzo, Dip. Federal del PT).

Entre los evasores está “Mexicanos Primero”, la empresa que más ha denostado al magisterio e impulsado la reforma neoliberal, según se denunció en diversos medios (Proceso, 13 septiembre 2012).

El público tampoco muestra mucho enojo contra los jueces que exoneran o dejan intocados a delincuentes como Hank Rohn, Raúl Salinas, El Chapo Guzmán, (y próximamente a la Gordillo), por “errores en la documentación del delito”, mientras mantienen cautivos a luchadores sociales inocentes, como el profesor Patisthán (no obstante las irregularidades en su aprehensión).

Otro asunto para indagar es el currículum de quienes toman decisiones sobre la educación, para reconocer que casi nada saben sobre el tema: Claudio X González, presidente de “Mexicanos Primero”, es abogado de la Escuela Libre de Derecho (privada); Emilio Chuayffet, también abogado, tiene una larga carrera política en el área de seguridad (incluida su responsabilidad en la matanza de Acteal); J. Federico de la Vega, presidente de la comisión de educación es antropólogo; Miguel Ángel Aguayo, de la misma comisión, es médico, etc. Aún cuando los tomadores de decisiones supieran sobre educación, no es lo mismo saber desde los libros, que desde la experiencia en escuelas públicas, en zonas deprimidas del país (como la tiene la mayoría de quienes protestan).

Ciertamente no es exigible a los legisladores un dominio especializado en todos los temas que tratan, por eso están obligados a consultar. Sin embargo, cuando muchos estudiosos de alto nivel (Hugo Aboites, Axel Didrikson, César Navarro, Pérez Rocha, Díaz Barriga, Fuentes Molinar, Gil Antón) han argumentado seriamente contra la reforma, los legisladores no los han considerado.

Esto hace sospechar que el drama educativo no es un “daño colateral” del neoliberalismo, sino su consecuencia lógica e intencional, pues justifica la privatización del sistema.

En todo caso, bien harían los diputados y senadores comisionados en educación en estudiar más sobre el tema. Así descubrirían a Celestin Freinet, maestro rural normalista, cuyos aniversario celebramos en octubre (el 15, su nacimiento y el 8 su muerte), y que desde principios del siglo XX revolucionó la pedagogía, generando un impresionante movimiento internacional de educación alternativa que, en los hechos, por sus características, ninguna propuesta “más moderna” ha logrado superar.

En nuestro país este movimiento floreció, hermanado con la Escuela Rural Mexicana, desde hace más de 65 años y se fortalece constantemente, al practicar una educación activa, laica, popular, científica, crítica, democrática, ecológica (…), con formas de evaluación cooperativas, reflexivas y sistemáticas en asambleas, dirigidas por los mismos niños.

En síntesis se trata de una opción educativa integral, altamente significativa para los implicados en ella, que nada tiene que ver con el modelo neoliberal impuesto y que resulta peligrosa para el poder. Por eso “es preciso” negarla, ocultarla y socavarla.

Por defender esta forma de educación, vale la pena ser disidente.

metamorfosis-mepa@hotmail.com

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