Opinión

Los partidos políticos; un bastión entregado

Por: Rafael Vázquez Díaz

El sistema democrático representativo es una construcción histórica, inacabada, imperfecta y llena de espacios, resquicios y argucias legales, gracias a las cuales se preserva una gran parte de los zánganos que han hecho del presupuesto una forma de vida.

 

 

A los ciudadanos de a pie, no nos queda más que mirar con impotencia cómo los recursos que aportamos cotidianamente mediante el pago de impuestos, o aquellos que son explotados de la tierra y los mares benefician a empresas privadas y a grupos sectarios políticos, más que a la población -retórica y teóricamente- dueñas de ellas.

La entrega de nuestros recursos y el atraco a la gente, se ha consumado legalmente: reformas a la constitución, decretos, concesiones otorgadas sin licitar, nepotismo, poca transparencia en el uso de los recursos y complicidad entre la misma clase política preservada por unos cuantos vivales desde hace ya varias generaciones.

El descrédito de la clase política, agremiada en partidos políticos, ha generado tal malestar y decepción que los hemos dejado actuar a sus anchas. Hoy en día militar en un partido es sinónimo de interés, de rapacidad y hasta de poca honestidad: “que se vayan todos…” reza constantemente la consigna durante las marchas y protestas sociales.

¿Le son inherentes todas estas cualidades a los partidos políticos? ¿La sociedad ha engendrado monstruos voraces para que la dirija y gobierne? Rafael Barret decía: “Se parecen tanto unos a otros los partidos, que la única manera de distinguirlos es ponerles un color”, ¿Es verdad que todos son iguales? Quizá las respuestas las encontremos analizando desde el inicio a la misma democracia representativa.

La representación tiene sus orígenes en los antiguos teatros griegos en los cuales los actores utilizaban máscaras para fingir ser alguien más, sin embargo no era utilizada para aspectos políticos, ya que la cantidad reducida de ciudadanos permitía una deliberacia que la voluntad general es una y no puede ser dividida, fragmentada o cedida.lmente rsos, complicidad entre la misma clase polón directa entre todos. Conforme fue creciendo la población, se tornó prácticamente imposible tomar acuerdos y las poblaciones más lejanas mandaban emisarios para que llevaran la voz del pueblo.

Rousseau diría que la voluntad general es una y no puede ser dividida, fragmentada o cedida, su crítica al sistema representativo radicaba en el hecho de que las leyes, fruto de la representación, sólo quedarían en calidad de decreto. Sin embargo, al ser la única manera –en aquel momento histórico– de organización, las repúblicas se conformaron bajo la forma de democracias representativas, parlamentarias o presidenciales, pero utilizando el mismo sistema de representación popular.

La conformación de los partidos políticos fue diversa y heterogénea; grupos religiosos organizados, comunistas, liberales, socialistas, demócratas y un sinfín de alternativas cuya participación en las elecciones tenía un fin claro: establecer la idea de una nación reformando las leyes que la regulan y ejecutando acciones orientadas según el proyecto que definían sus estatutos básicos.

La idea del partido político a la mexicana, en la cual todos son iguales es debida a la influencia negativa del PRI como partido totalitario y hegemónico. Aberraciones como “El Pacto por México” habla de que los partidos políticos ya no tienen más interés en sus estatutos, las alianzas entre la izquierda moderada del PRD y la ultraderecha yunquista del PAN han conformado una especie de gobiernos frankestein cuyos programas están inevitablemente destinados a ser un fracaso debido a las pugnas que se dan a nivel nacional y terminan influyendo en lo local. La única forma de sacar un gobierno así es la de la negociación y la opacidad.

No obstante, la decepción que cargamos todos los mexicanos debe ser un aliciente para cambiar las formas en las que nos gobiernan. ¿Cómo? Transitando de la democracia representativa a una mucho más participativa, en la cual el papel del ciudadano no se limite a ser un emisor de voto cada 3 años, sino al ejercicio de la ciudadanía que verdaderamente se involucra en su polis, en su barrio, en su comunidad.

Estos cambios no van a llegar solos, la reciente Reforma Política introdujo algunos elementos como la consulta popular o las candidaturas ciudadanas, sin embargo no es suficiente y la ciudadanía no puede seguir esperando la buena voluntad de sus representantes.

Hoy más que nunca hay una necesidad de militar, pero verdaderamente, comprendiendo que los partidos políticos son así debido al desinterés de las personas, del poco compromiso con un programa y con ideales definidos, de izquierda o de derecha, pero congruentes en sus acciones, y sobretodo, con la meta fija de cambiarse a sí mismos, de legislar por el interés en la población y no por sus grupos sectarios.

Si los partidos políticos tienen la llave para modificar al sistema mismo y nosotros los dejamos en manos de unos cuantos truhanes ¿No somos nosotros mismos cómplices de la devastación? ¿No tenemos cierta cuota de culpabilidad?

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