Opinión

Los puntos oscuros del 11-S norteamericano (Primera parte)

Por Ángel Balderas Puga

Como desde hace nueve años, el pasado 11 de septiembre (y en días anteriores) medios de comunicación de todo el mundo, principalmente estaciones de televisión, periódicos y revistas nos obligaron a recordar la caída de las Torres Gemelas de Nueva York, en septiembre de 2001, como si fuera el evento central en la historia de todos los pueblos de la Tierra, como si los casi tres mil muertos norteamericanos contaran más que, por ejemplo, los 50 mil chilenos que murieron a consecuencia del golpe de Estado auspiciado en Chile por Estados Unidos o más que el casi millón y medio de iraquíes muertos como consecuencia de la invasión norteamericana, a partir de marzo de 2003 (al respecto puede verse la estimación publicada en el sitio web de la organización Just Foreign Policy: www.justforeignpolicy.org/iraq).

Las televisoras comerciales mexicanas no fueron la excepción, mucho menos los canales norteamericanos que transmiten por cable en español (como Discovery Channel o The History Channel) los que transmitieron una serie de documentales cuya intención central es reproducir hasta la náusea el discurso oficial del gobierno norteamericano, instaurado desde el mismo 11 de septiembre de 2001 por parte del nefasto George Bush, y que continúa hasta la fecha. Thierry Meyssan, desde Francia, se refiere a las conmemoraciones “orwellianas” del 11 de septiembre y como el último intento del sistema imperial por preservar su aparente legitimidad y justificar sus próximas guerras.

El escepticismo

Prácticamente desde el mismo 11 de septiembre de 2001 varios analistas a nivel mundial comenzaron a poner en duda la versión oficial del gobierno norteamericano al exhibir las graves contradicciones en las declaraciones de sus integrantes, noticias e hipótesis con los datos que fueron emergiendo.

Desde mi perspectiva hay dos trabajos que todos deberíamos consultar para tener un panorama de las mentiras del gobierno norteamericano con respecto al atentado de Nueva York.

El primero es un trabajo textual del periodista de investigación francés Thierry Meyssan, director de la organización Réseau Voltaire (www.voltairenet.org) quien en 2002 publicó el magnífico libro La gran impostura con subtítulo “Ningún avión se estrelló en el Pentágono”, una copia del cual, en español, se puede descargar de www.bibliotecapleyades.net/archivos_pdf/gran_impostura.pdf. Este libro ha sido ya traducido en 28 idiomas.

El otro trabajo es visual. Se trata del magnífico documental del norteamericano Dylan Avery, Loose Change 9/11, con subtítulo “An American coup” (un golpe de Estado norteamericano) en el que, también basado en evidencias, se argumenta que los ataques contra las Torres Gemelas de Nueva York fueron planificados y conducidos por miembros del gobierno norteamericano. De este documental han aparecido diferentes versiones y ediciones a partir de 2005. Una versión, dividida en nueve partes y con subtítulos en español, puede verse en Youtube (colocar en el buscador “Loose change, 2nd Edition [Spanish-Español] 1/9 (by Gonichi))”. Una versión de este documental fue transmitida en México, el pasado 11 de septiembre, por Canal 11 con el título Daño colateral: un golpe a la nación.

Los puntos clave del 11 de septiembre norteamericano se hallan resumidos en el sitio web de la organización ciudadana francesa “ReOpen911” que ofrece información alternativa sobre el atentado, busca abrir el debate público y que se lleve a cabo una verdadera investigación sobre los hechos, a pesar del tiempo ya transcurrido.

Los extraños movimientos en la Bolsa de Valores

Es muy probable que algunos inversionistas supieran con anticipación que se llevaría a cabo el atentado y usaron esta información para obtener enormes ganancias especulando a la baja con las acciones de las compañías aéreas de los aviones secuestrados, a la vigilia del atentado. Al día siguiente del atentado ya se sabía que se habían cometido delitos de “información privilegiada” en contra de las acciones de United Airlines (propietaria del avión que se estrelló contra la Torre Sur y del que cayó en Pittsburgh), American Airlines (propietaria del avión que se estrelló contra la Torre Norte y del que, supuestamente, se estrelló contra el Pentágono). Extrañamente, la especulación incluyó también a compañías que tenían oficinas en el World Trade Center (WTC) o muy cerca de él, como Morgan Stanley, Merrill Lynch y Bank of America.

Entre el 10 de septiembre, un día antes del atentado, y el 17 de septiembre, día en que se volvió a abrir la Bolsa de Valores, luego que se cerró el mismo 11 de septiembre, la variación en el precio de las acciones de United fue de más del 43 por ciento, casi el 40 por ciento en el caso de American, 13 por ciento para Morgan Stanley y casi el 12 por ciento para Merrill Lynch. La especulación a la baja incluyó a compañías aseguradoras que debían resarcir los daños causados, por ejemplo Citigroup, Marsh & McLennan, Munich Re, Swiss Re y AXA.

Por el contrario, al mismo tiempo se dio una especulación al alza con acciones de compañías del sector armamentista, como Raytheon. La especulación no se dio sólo en Estados Unidos sino también en numerosos países europeos y asiáticos.

Además, en las horas previas al atentado, las computadoras instaladas en las Torres Gemelas registraron un inusual flujo de transacciones financieras, tanto en volumen como en valor (Reuters, 17/12/01, CNN, 20/12/01), del orden de unos cien millones de dólares, según un experto de la sociedad alemana Convar, encargada de extraer la información de los discos duros de computadora hallados entre los escombros del WTC.

De acuerdo a una estimación del ex ministro alemán de Defensa, Andreas von Bülow, las ganancias generadas por estos delitos fueron del orden de los 15 mil millones de dólares (Der Tagesspiegel, 13/01/02), unos 180 mil millones de pesos, una ganancia fabulosa para esos inversionistas desconocidos, en tan sólo una semana.

Se trata del más grande delito de “información privilegiada” de todos los tiempos, cosa que no podía no saber la CIA, encargada de vigilar todos los mercados financieros para detectar anormalidades. Sin embargo y a pesar de las evidencias y de la gravedad del atentado, el gobierno norteamericano no realizó una investigación de estos delitos, ni detectó a los beneficiarios de esta enorme y sospechosa maniobra financiera. La Federal Bureau of Investigation (FBI) se negó a indagar en estas pistas y la International Organization of Securities Commissions (IOSCO) cerró sus investigaciones sin aclarar nada al respecto.

Como resalta Meyssan en su libro, en todos los asuntos criminales, la primera pregunta que uno debe plantearse es: “¿A quién beneficia el crimen?”. Al renunciar el gobierno de Bush a una investigación seria sobre esta especulación financiera canceló una línea que, muy probablemente, conduce a culpables que nada tienen que ver con el supuesto gran responsable Osama Bin Laden y la red Al Qaeda.

anbapu05@yahoo.com.mx

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