Opinión

Los puntos oscuros del 11-S norteamericano (Segunda parte)

Por Ángel Balderas Puga

En el número 591 de Tribuna de Querétaro comenzamos a hacer algunas consideraciones acerca de muchas cosas oscuras alrededor de los atentados en Nueva York, en septiembre de 2001. Señalamos como, desde el mismo día del atentado, comenzaron a exhibirse toda una serie de contradicciones en las informaciones oficiales.

Recomendamos a nuestros lectores, sobre todo a los que creen en la versión oficial, tres fuentes alternativas imprescindibles:

El libro del periodista francés de investigación Thierry Meyssan: La gran impostura, con subtítulo “Ningún avión se estrelló en el Pentágono”, copia del cual, en español, puede descargarse de www.bibliotecapleyades.net/archivos_pdf/gran_impostura.pdf; el documental del norteamericano Dylan Avery Loose Change 9/11, con subtítulo “An American coup” (un golpe de Estado norteamericano), una versión, dividida en nueve partes y con subtítulos en español, puede verse en Youtube (colocar en el buscador “Loose change, 2nd Edition [Spanish-Español] 1/9 (by Gonichi))”; y el sitio web (en francés) de la organización ciudadana francesa “ReOpen911” (www.reopen911.info)

Los datos, que contradicen a las informaciones oficiales, conducen directamente a la hipótesis de que el atentado fue organizado desde el interior mismo del gobierno de Estados Unidos o que el gobierno norteamericano sabía del atentado y permitió que éste se llevara a cabo.

En dicho número de Tribuna, dimos algunos elementos acerca de los extraños movimientos en la Bolsa de Valores que se dieron alrededor del 11 de septiembre de 2011, las ganancias que se obtuvieron especulando con las acciones de las compañías aéreas involucradas y la falta de investigación (u ocultamiento) por parte de las autoridades norteamericanas de una pista tan importante como ésa. Esta vez proporcionamos otros elementos.

La negativa a una verdadera investigación

Otra cosa que mueve a la sospecha, es la negativa reiterada del gobierno de Bush para llevar a cabo una verdadera investigación independiente sobre los atentados. Bush se puso en contacto personalmente con los líderes del congreso para solicitarles que “no pusieran en peligro la seguridad nacional” creando una comisión de investigación sobre los acontecimientos. Se llegó al extremo de que la asociación de abogados norteamericanos, consciente de que los procesos de los familiares de las víctimas por daños y perjuicios constituían nuevas oportunidades para que se hicieran públicos secretos de Estado, anunciaron que excluirían de la abogacía a todo jurista que intentara iniciar un proceso en nombre de las familias de las víctimas. La prohibición fue de seis meses, tiempo suficiente para que ciertos peritajes ya no fueran posibles.

Dada la presión de los familiares de las víctimas, finalmente se creó una comisión del congreso hasta noviembre de 2002, más de un año después del suceso. Esta comisión fue manipulada por la Casa Blanca, la que puso miles de obstáculos y obstrucciones; se le asignó un bajo presupuesto; se prohibió que la comisión interrogara a los presuntos autores intelectuales; no se le permitió el acceso a ciertos documentos cruciales y se le prohibió señalar a los eventuales responsables.

Con todas estas restricciones, el reporte final de la comisión fue un conjunto de incoherencias, omisiones e inexactitudes. Cosa kafkiana, las conclusiones ¡fueron escritas antes que comenzaran los trabajos de dicha comisión!

En teoría, el gobierno norteamericano debería ser el más interesado en conocer la verdad. Si actuó de esa manera es porque, claramente, ocultó cosas muy importantes.

Ataque “sorpresa”

Las autoridades norteamericanas siempre han defendido la tesis de que el atentado fue un ataque “sorpresa” para el que no estaban preparadas para responder. Sin embargo, esas autoridades sabían que un atentado de tal envergadura se llevaría a cabo en su territorio en septiembre de 2011 y, al contrario de lo que afirman, si estaban preparadas pues se habían llevado a cabo varios ejercicios militares, entre 1999 y 2001, en los que se simulaba el secuestro de aviones civiles para posteriormente dirigirlos contra objetivos civiles, que incluían a las Torres Gemelas y al Pentágono.

Los servicios secretos ingleses, afganos, alemanes, egipcios, franceses, israelíes y rusos habían avisado a los norteamericanos, pero la CIA había minimizado las amenazas. Fueron al menos 12 países los que alertaron, con anticipación, a los Estados Unidos.

Antes del día del atentado, algunos personajes, como el alcalde de San Francisco y el escritor Salman Rushdie, recibieron misteriosos avisos de que no volaran el 11 de septiembre. Dicho alcalde anuló su vuelo a Nueva York al igual que un grupo de altos dirigentes del Pentágono (Newsweek, 24/09/01).

El ex director del FBI, Louis Freeh confirmó, frente a la comisión de investigación, que el uso de aviones como bombas volantes fue constantemente tomado en consideración en la planificación de la seguridad de los Estados Unidos entre 2000 y 2001. Por otra parte, el presidente de la Comisión Parlamentaria de Investigación, Porter Goss, declaró el mismo 11 de septiembre, frente a las cámaras de National Geographic, que el escenario de aviones civiles secuestrados y usados como armas terroristas no sólo había sido considerado sino que incluso se habían tomado medidas defensivas al respecto.

Incredulidad

En el año 2000, la defensa aérea norteamericana había practicado 67 intercepciones aéreas con una tasa de éxito del cien por ciento en un tiempo máximo de 20 minutos. Sin embargo, aquel 11 de septiembre, esa misma defensa fue incapaz, en dos horas, de interceptar cuatro aviones, uno de ellos dirigido contra el centro neurálgico de la mayor potencia militar del mundo. ¿Es esto creíble?

Para muchos no. En efecto, un reciente sondeo, de junio de 2011, llevado a cabo en Francia (www.voltairenet.org/58-des-Francais-doutent-de-la) arrojó los siguientes resultados con respecto a los atentados: 58.4 por ciento de los franceses desconfían de la versión oficial del gobierno norteamericano; casi la mitad (49 por ciento) cree que autoridades norteamericanas sabían con anticipación de los atentados y dejaron correr las cosas, lo que es sumamente grave; más de un tercera parte (34 por ciento) considera que autoridades norteamericanas estuvieron incluso implicadas, lo que es aún más grave; 49 por ciento son favorables al desarrollo de investigaciones independientes para saber más de los hechos; sólo 28 por ciento considera que los medios han informado de la manera más completa posible; sólo 14 por ciento sabe que ese día de desplomaron totalmente tres rascacielos y no sólo dos.

Es necesario recordar que hasta antes de los atentados el gobierno de Bush carecía de legitimidad, pues había sido impuesto mediante un fraude electoral y carecía de apoyo popular. Bush era víctima del escarnio. Y también hay que recordar qué fue lo que pasó después del atentado: la “justificada” invasión norteamericana a Afganistán y a Irak.

anbapu05@yahoo.com.mx

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