Opinión

Los Suburbios

Por :Eduardo de Gortari

Editorial Cuneta/ 2015.

 

Carlos A. García C.

@cgarca_a

You can´t resist her

She´s in your bones

(Weezer)

Stella was a diver and she was always down

(Interpol)

Esta novela que extrae el título, de un álbum de la banda canadiense Arcade Fire  revela  la intersección entre la poética y el sonido.  Recordemos que anteceden a esta primera novela de Eduardo de Gortari tres poemarios: Singles 05-08 (RDLPS, 2008),  La Radio en el pecho (Conaculta, 2010), Código Konami (Literal, 2015). Si,  bien estos textos son un referente, donde se pueden encontrar ciertas obsesiones que casi siempre son pasiones del autor,  en el sentido cartesiano “y no un hábito o inclinación natural, es cierto calor o agitación que dispone el alma poderosamente a ejecutar las cosas que quiere hacer, cualquiera que sea su naturaleza. El atrevimiento es una especie de valor que dispone el alma a ejecutar las cosas más peligrosas” Se puede localizar en este libro el imperativo de ir moldeando una plataforma literaria, dichos precedentes revelan ciertos elementos, que son una aventura y experimentación, a partir de apropiarse de otros lenguajes provenientes por ejemplo de la cibernética como él (código binario o Visual Basic) o ciertos fragmentos del rock que devienen en un playlist del pasado reciente, donde la portabilidad de la música, estaba relacionada con un objeto que quedo en desuso ¿Recuerdan el discman anti-shock? Los objetos tecnológicos, como las palabras también se transforman en olvido.

El título de este libro  es una provocación para poder leer al margen, quizá a un costado  o afuera de las versiones oficialistas entre tanto canónicas, de aquello que se le ha denominado en un futuro anterior: literatura de estado.

Estar afuera o al margen no implica, no estar inserto en el mundo, sino que esa distancia nos permite contemplar desde otros lugares el centro. Habitar en  la periferia, de ese discurso literario, quizá nos permita viajar y transitar sin arraigo, sin identidad por las diversas latitudes que trazan las cartografías de la narrativa experimental.

La existencia como gamer:

Más allá de la denominada zona conurbada,  el suburbio es un sinónimo del arrabal, como un lugar que se encuentra fuera del recinto de la población o como  un sitio extremo de un poblado. Entre tanto, la novela transcurre como un video-juego, el desplazamiento de dichas letras son objetos que se  configuran en imágenes que remiten: al problema del origen, la revelación del deseo y ensoñación sexual, la muerte,  el aprender a conducir un automóvil como rito de iniciación; ya que la parte trasera del auto pudiese fungir como motel rodante, la amistad y la risa, como detonante de cierta solidaridad entre los pares y también los enemigos.

Cada página se presenta como un paso de nivel, donde lo que está en juego es la existencia,  entre el amor, la muerte y el azar, que ponen en tensión el tiempo, donde se escenifica y va transcurriendo la lectura, que es una paseo o caminata retratada desde Google Air,  de  esta manera el espacio y  la vida virtual, ponen en jaque la terrenalidad de nuestra existencia,  frente a la imposibilidad de saber los efectos que se producen después de los accidentes, que nos revelan el desarraigo entre lo uno y lo otro. Lo común será lo ajeno, eso que me distingue del otro, la mismidad no es lo común, a pesar de compartir el espacio y el tiempo.  Los acontecimientos que ocurren al interior de la novela, son una apuesta en la escritura que se encuentra en Los suburbios. Más allá de la denominada zona conurbada,  el suburbio es un sinónimo del arrabal, como un lugar que se encuentra fuera del recinto de la población o como  un sitio extremo de un poblado.

El suburbio impronta  la mezcla entre la territorialidad y  la lengua, ya sea en su forma materna o de adopción  y  los  vericuetos de la misma, para nombrar el cotidiano. Por otro costado, el pasaje de una lengua a otra conlleva a homologar signos escriturales y en ese esfuerzo y tensión del traductor,  que se enfrenta al lenguaje y a otra lengua, por lo tanto se produce una perdida ante la imposibilidad de encontrar  una palabra, un signo cercano, o una emulación parecida, pero jamás la palabra exacta.

La perspectiva que expone el texto me recuerda a los supuestos de Maurice Blanchot, en La Comunidad  inconfesable donde los amantes hacen la comunidad de los que no tienen comunidad, es decir; de cómo una comunidad o como a partir de una migración, se gesta por la circunstancia amorosa y se reitera que lo común, curiosamente es lo más ajeno, quizá  radicalmente lo más extraño y quizá desconocido como un shock cultural donde la identidad siempre inconclusa, no acabada, se mantiene latente, y que cosa no es más extraña y ajena como lo es el amor.

 

 

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