Opinión

Los tres azules

Por: Omar Árcega

En las próximas semanas los panistas del municipio de Querétaro renovarán a su dirigencia local, será la primera elec­ción en 15 años en donde este proceso se dé siendo oposición. La contienda es un reflejo de la situación que vive el partido y de los retos que deberá sortear para seguir siendo reconocido como un partido con actuar democrático.

Los contendientes

Son tres los personajes que han levantado la mano para dirigir al PAN munici­pal, más allá de sus trayectorias, méritos y demé­ritos personales; lo que importa para esta elección y el futuro son las condiciones en las que llegan, los acuerdos y pactos que traen detrás.

Por estricto orden alfabético, de acuerdo a su apelli­do, diseccionaremos a cada uno de ellos. El primero es Valentín Barbosa, que es apoyado por algunos de los sectores más “históricos” o “tradiconalistas” del PAN, son los mismos que constituyeron la fuer­za de Garrido Patrón y que ahora están divididos. Los otrora guardines del par­tido, ahora desplazados por grupos más pragmáticos, casi borrados de la geografía panista, consideran ser los que aún siguen moviéndose por la auténtica doctrina del partido. Se presentan como los “libres”, los que no obedecen caudillismos. Es ese viejo panismo que brilló en la década de los ochenta pero que no han sabido incluir a las nuevas generaciones entre sus filas.

En segundo lugar tenemos a Beatriz Marmolejo, diputada local, quien creció políticamente a la sombra de Manuel González Valle, después se incorporó a la corriente que formó Ricardo Anaya, Ar­mando Rivera la ha arropado. Para unos, mujer que sabe lograr acuerdos, para otros, política muy pragmática. El hecho es que ha logrado sobrevivir a los vaivenes de las corrientes partidistas y esto sólo se puede hacer con la habilidad de hacer pac­tos con la gente correcta en el momento adecuado. Ella representa al grupo de los armandistas y a las huestes anayistas. Allí están incrustadas las generaciones más recientes, a los líderes de estas corrientes los guía un pragmatismo que raya en el cinismo, una búsqueda descarnada por el poder donde queda poco espacio para la ética. El triunfo de Beatriz Marmolejo se­ría una bocanada de aire fresco para estos grupos que aparecen como desgastados ante los ojos de muchos panistas.

Finalmente está Miguel Parrodi, hombre muy cercano a Francisco Domínguez. Lo apoyan la mayoría del sector “tradicional” del partido, estos grupos fueron los que hicieron de Domínguez presidente muni­cipal y ahora senador. Es el “panismo du­ro” idealista, pero a la vez pragmático. Ha tenido la habilidad de darle espacios a las nuevas generaciones. Estos sectores se han visto rebasados por la ambición y carisma del ahora senador. Parrodi cuenta con el apoyo del liderazgo más visible del par­tido. Muchos que se sintieron agraviados por Armando o Ricardo se han refugiado en este grupo. Pe­ro esto no le ga­rantiza el triunfo, pues aunque disminuidos los principales opera­dores de Arman­do Rivera, saben cómo movilizar al panismo de cierto perfil y Francisco Domínguez tam­bién ha dejado gente lastimada a lo largo de su ca­rrera política

El futuro

El partido necesita unidad, éste será el primer reto del ganador de la contienda, tarea que se antoja difícil pues hay fuer­tes tensiones entre los diversos grupos, el triunfador deberá hacer audaces tareas de equilibrio para responder a los compromi­sos contraídos con su propio grupo y ceder espacios a las corrientes perdedoras. Sobre todo en el caso de Parrodi y Marmolejo. El otro reto es actuar con independencia de los liderazgos que los apoyaron; pues tendrán que trabajar para todo el partido, no para construir candidaturas para el 2015, tendrán que tomar decisiones que beneficien a todo el panismo y no sólo a los más cercanos de los dos grandes líderes informales. Esto implica tener el coraje y la inteligencia para evitar quedar converti­dos en meros títeres, deben mostrar inde­pendencia, garra y oficio político para las­timar lo menos posible a tiros y troyanos.

Estos equilibrios al interior deben ir acompañados de un talante de oposición contestaría, fiscalizadora de las acciones gubernamentales, pero al mismo tiempo propositiva, capaz de alcanzar acuerdos con otros partidos. El perfil requerido para los nuevos liderazgos es de muy alto nivel, obviamente todos tienen virtudes y defectos. El panismo tendrá que valorar. Los contendientes ya están en la arena, en estos días intentarán convencer de que son la mejor opción, ocultaran sus limitantes y sobrevalorarán sus cualidades. Todos negarán a los “padrinos” que traen detrás, si se les presiona, los aceptarán a rega­ñadientes. Es parte del juego político, lo que sí esperaría es que esta elección fuera ejemplo de vida partidista, donde resplan­deciera el ideal panista: la democracia, el voto libre, el voto auténtico, basta ya de esas cínicas compra-ventas de votos.

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