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Luchas por el agua en Querétaro (Paréntesis)

Me permito hacer un paréntesis en el hilo del tema que llevaba sobre Educación alternativa, pues el 22 de marzo fue el Día Internacional del Agua y el 17, las comisiones de Seguimiento de la Agenda 2030 y de Desarrollo Urbano y Obras Públicas de la LXI Legislatura, en coalición con 14 organizaciones ciudadanas presentaron formalmente una Iniciativa de Ley Estatal de Aguas, que parte del análisis crítico de la realidad actual.

Una de esas organizaciones, “Guardianes de la Naturaleza” a la que pertenezco, se empeña en preservar el bosque de La Reforestación en el Cerro de la Cruz, Huimilpan, que sufre el desvío de sus cauces de agua, el secado de sus bordos y la división de su tierra social en lotes, violando el artículo 59 de la Ley Agraria, y a pesar de ser área protegida.

He aquí su posicionamiento que coincide con el de las demás organizaciones participantes:

La lucha por el agua es madre de todas las luchas por la vida y por la justicia social.

Luchamos porque el agua deje de ser tratada como negocio privado y acumulada sólo por quienes puedan comprarla. Luchamos porque el agua sea reconocida no sólo como derecho humano, sino como elemento vital que sostiene todos los ecosistemas. Sin agua ningún ser vivo en el planeta puede existir. La lucha por el agua es también lucha por los bosques. Sin árboles no hay agua ni oxígeno para respirar.

Luchar por el agua es luchar por la ética y la justicia distributiva. No es ético que unos cuantos negocios industriales, comerciales o inmobiliarios arrasen con las forestas, y contaminen nuestros recursos hídricos, que son bien social, mientras la mayoría sufre de sequía por saqueo.

No es ético que el 90 por ciento de los pozos queretanos sean acaparados por empresas privadas (Sólo la Kimberly Clark gasta casi 39 millones de litros de agua al día (según el Registro Público de Derechos del Agua). No es ético, que zonas residenciales como El Campanario, Juriquilla, El Campestre, Zibatá Balvanera, San Gil, Cañadas del Arroyo y otras, ocupen cada una, entre uno y tres millones de litros de agua diarios para mantener sus campos de golf, mientras son condenados al trasvase y al tandeo habitantes de Cadereyta, Colón, Ezequiel Montes, Huimilpan, Peña Miller, Pedro Escobedo y San Juan del Río; mientras colonias populares en la metropoli han de recibir agua reciclada del drenaje, como se intentó con El Batán.

La lucha por el agua es lucha por el derecho a una ciudad sostenible, en la que la naturaleza no sea expulsada; es lucha por el territorio y la soberanía alimentaria. No queremos que el caos y la voracidad urbana invadan y arrasen nuestras zonas rurales y obliguen a emigrar a sus habitantes. La lucha por el agua implica detener las fugas, pues se pierde el 50 por ciento en la metrópoli; también por evitar inundaciones y el colapso de drenajes.

Es luchar por la cultura de la responsabilidad y del cuidado de las personas y de la naturaleza.

Por eso, es imperativo cambiar nuestra valoración de la economía. Ya no preguntemos cuánto $ pagamos por el agua, sino cuántos litros de agua cuesta producir y mantener cada objeto que consumimos: Un minuto en redes cuesta un litro de agua por individuo; un gramo de oro cuesta mil litros; un celular, 12 mil litros. Mantener un data center cuesta de uno a cinco millones de litros diarios. Querétaro tiene entre 19 y 24 data centers y se proyecta que habrá 39 para 2035. Esto no es ético.

La lucha por el agua implica defender el Acuerdo de Escazú. Tenemos derecho no sólo a recibir información sobre las decisiones que toma el Estado sobre la naturaleza, sino a participar en la toma de esas decisiones. Así, la lucha por una Ley Estatal de Aguas es hermana de la lucha por la Ley de Participación Ciudadana.

Gracias a las comisiones legislativas del Estado de Querétaro que han escuchado a la ciudadanía organizada. Gracias a todas esas organizaciones ciudadanas que desde hace varios años vienen investigando, advirtiendo, denunciando los graves problemas que provoca el inmoral modelo de desarrollo dominante, y que proponen acciones concretas para detener el desastre, reparar los graves daños que ya sufrimos y prever los que pronto vendrán.

Carmen Vicencio

Miembro del Movimiento por una educación popular alternativa (MEPA) maric.vicencio@gmail.com

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