Opinión

Luz y sombra en 14 años de chavismo

Por: Víctor Pernalete

La muerte de Hugo Chávez trajo en el mundo entero un raudal informativo que parece imposible tenga su origen en un pequeño país caribeño y sudamericano como lo es Venezuela, que no llega siquiera a los 30 millones de habitantes.

Pero la importancia de Chávez en la escena internacional es tan grande que la reacción del mundo ante su fallecimiento no se hizo esperar. Pero ¿qué es lo que lo hace tan central en la opinión pública del mundo moderno?

Lo primero que se dice cuando su nombre reluce en una conversación es que con él, no hay medias tintas: o lo amas o lo odias.

Generalmente el sentimiento hacia el que fuera Presidente de Venezuela durante 14 años seguidos se basa en simplismos ideológicos de paradigmas políticos; quienes se consideran de derecha lo odian y quienes se ven dentro del espectro político de izquierda lo aman. Pero la realidad siempre fue mucho más complicada que ello.

Y es que analizar el chavismo y ejercicio de gobierno tiene muchos bemoles que no permiten que la conclusión sea automática. Venezuela es un país complicado.

Los principales argumentos de quienes lo aman se basan en el carácter social de su gobierno. Inobjetable. Con el nombre propio de “misiones”, Venezuela ha generado programas de gobierno, con los grupos sociales más vulnerables como objetivo, que han puesto al país sudamericano en la vanguardia internacional. Actualmente es difícil que una persona en Venezuela muera de hambre y eso es digno de reconocerse, sobre todo desde un país como México donde unas 50 millones de personas no tienen lo suficiente para alimentarse a ellos y a sus familias.

Lamentablemente el panorama no es tan alentador. Desde hace años Venezuela es un país con una profunda problemática de desabasto y más allá de los programas asistencialistas, conseguir productos básicos como aceite de cocina, carne, granos, leche o hasta papel de baño se han convertido en una odisea. La inflación del 20.1 por ciento a finales de 2012, el control de divisas extranjeras o la expropiación de empresas como muestra de “músculo” político han generado una crisis sentida en la producción del país, y con las dificultades para importar productos del extranjero, el asunto se ha convertido en una odisea.

Venezuela tiene la gasolina más barata del mundo. Es mucho más caro comprar un litro de agua que uno de gasolina, cierto, pero la incapacidad para manejar PDVSA (empresa petrolera nacional), ha provocado que el país no tenga la capacidad de generar su propia gasolina a partir de su petróleo, por lo que es necesario importarla. Cualquier venezolano, oficialista o “escuálido” (como le llaman a la oposición) podrá dar cuenta de las kilométricas filas que en distintos momentos durante los últimos 14 años tuvo que hacer para cargar gasolina, debido al desabasto.

En el ámbito político, el tema no mejora. Tal vez no exista, en estos momentos, un líder en el mundo que sea más amado por su pueblo que Hugo Chávez. No hay más que ver las imágenes del pueblo venezolano volcado en las calles de Caracas para acompañar en su sepelio al mandatario socialista, sin embargo, ese amor de una vereda se refleja en el profundo odio y resentimiento que sienten sus detractores.

Durante sus 14 años de gestión Chávez nunca dudó en polarizar el país. La manera en la que se expresó de la oposición, recordándose especialmente aquella “victoria de mierda”, frase que profirió a quienes no compartían su proyecto político y tras perder el plebiscito de 2006, siempre causó escarnio en la población venezolana. La división, siempre protagonizada y auspiciada desde la figura presidencial, no supo respetar ni núcleos familiares.

Hugo Chávez jamás tuvo a bien tomar la mano de ese 44.3 por ciento de la población que se manifestó, en las elecciones de octubre 2012, en contra de su proyecto político. Jamás reconoció que una parte muy considerable del país que comandó no compartía sus ideales, y en lugar de invitarles a participar, nunca dudó en hacerles a un lado. Hugo Chávez gobernó sólo para los suyos.

Otro tema que deja dudas es el nepotismo que caracterizó su gobierno. Muchas personalidades pasaron a su alrededor, pero sólo por poner ejemplos actuales, Cilia Flores, quien está casada con Nicolás Maduro, actual presidente de la República encargado, ocupa hoy el cargo de Procuradora General de la República. Antes de ello fue la cuarta presidenta de la Asamblea Nacional, sucediendo en el cargo a… Nicolás Maduro.

Jorge Arreaza, Ministro de Ciencia y Tecnología está casado, nada más y nada menos, que con Rosa Virginia Chávez, primogénita del Presidente. Hugo de los Reyes Chávez y Adán Chávez, padre y hermano, se han repartido la gubernatura del estado de Barinas durante los últimos 14 años. Nepotismo puro.

El mandatario venezolano se distinguió también por su política “anti-yankee” aprovechando toda oportunidad posible para criticar el afán expansionista del país norteamericano, y teniendo siempre palabras críticas y ácidas contra George W. Bush. Habría sido positivo que ese discurso viniera acompañado de congruencia en cuanto a aplicar los mismos criterios de soberanía nacional con Cuba, país que más que hermano se tomó la libertad de sentarse en la misma silla de Bolívar. Cuba y la familia Castro tuvieron en Venezuela la herramienta perfecta para recuperar la influencia internacional perdida tras los años setenta, ochenta y noventa, que les tuvieron en el centro de la historia.

Han sido 14 años de claroscuros. Por supuesto que, depende del cristal desde el que se mire, el chavismo puede ser negativo o positivo. Analizar la gestión de Hugo Chávez es una tarea difícil de realizar y sin duda, utilizar los viejos prejuicios de derecha e izquierda no es una herramienta que ayude.

Chávez fue un político de nueva era. Enarbolar la bandera del socialismo tras la caída del comunismo ha sido, sin duda, un reto monumental para Venezuela. Hablar de izquierda mientras el paradigma neoliberal se acomoda en el resto del mundo hace de Chávez un verdadero revolucionario. Ver a países de América y Europa sumiéndose en las garras del capitalismo pone al socialismo del siglo XXI como una alternativa seductora, pero ¿realmente es la opción a seguir?

Venezuela tiene una cita con la historia, ¿a dónde irá a parar?

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