Opinión

Mala pata

Por Salvador Rangel

No hay duda, la gente tiene necesidad de creer en algo, así que no falta quien antes de salir de casa o hacer un negocio consulte su horóscopo, cargue con su amuleto preferido (monedas, cuarzos, etc.), pero la mala suerte dicen que existe y lo malo es que además de la persona que la tiene, ese mal fario también le toca a sus compañeros de trabajo, o lo que es peor, cuando sé es jefe del Ejecutivo, la mala suerte golpea a la población.

En México, nunca se habían visto dos accidentes de aviación con resultados idénticos: la muerte de dos Secretarios de Gobernación.

El primero de ellos, Juan Camilo Mouriño, amigo personal del señor Felipe de Jesús Calderón, en quien tenía cifradas sus esperanzas para ocupar “la grande”, pero nada, llegó el destino y el 4 de noviembre de 2008 el avión en que viajaba se desplomó casi en el centro de la ciudad de México.

El 11 de noviembre del 2011, cuando los fatalistas anunciaban por enésima ocasión el fin del mundo, por la tercia de “onces” fallece en un accidente de helicóptero José Francisco Blake Mora.

Sí, dos Secretarios de Gobernación fallecidos en el mismo periodo sexenal.

Eso es a nivel de gabinete presidencial, pero a nivel “pie a tierra”, lo que padecen los ciudadanos, es tan terrible y dramático como la muerte de estos dos funcionarios.

Se ha perdido la confianza para viajar en carretera, no nada más de noche, sino también de día, en cualquier momento se topa con un retén de auténticos o falsos policías o militares y en caso de no detenerse a la orden de inmediato llueven balas, después es probable que se justifique con que traían armas, que intentaron atacar a las fuerzas del orden, etc.

Mala suerte es llevar a los niños a una guardería y que por “x” circunstancia, negligencia o vaya usted a saber, se incendia y los padres pasan horas, días, meses y años esperando justicia y… no ven claro.

La mala suerte de un ciudadano es ir a divertirse a un casino, a pasar el rato o festejar un cumpleaños, y nada, que un grupo incendia el local, con la consecuencia de muertos y heridos y nadie se hace responsable de los gastos médicos e indemnizaciones.

Mala suerte es quedar en medio de un fuego cruzado entre los “buenos” y los “malos” y fallecer con una buena cantidad de plomo en el cuerpo y así de momento sin que se inicien las investigaciones, un funcionario exprese: andaba en malos pasos.

Mala suerte es que confundan la casa de un honesto ciudadano con un miembro del crimen organizado y a punta de culatazos entren hombres con el rostro cubierto, y se lleven cuanto objeto de valor se encuentren a la mano, para después aceptar que se equivocaron y como en el caso del Estado de México, el jefe policiaco entregue en garantía su reloj mientras localizan el que en el operativo se robó uno de los guardianes del orden.

Mala suerte es ser objeto de un levantón ya sea por los “buenos” o por los “malos”. Si es por los “buenos” vaya a saber uno qué corporación policíaca la llevó a cabo, así que hay que peregrinar en cada una de las dependencias del orden para saber quién fue.

Si son los “malos”, rescate por medio de cuantiosa fortuna es lo único para resolver el problema, de lo contrario nada sirve.

Pero no nada más en México se ha padecido la mala pata de alguien, también Argentina en la persona de Carlos Saúl Menem, quien estuvo presente en el partido inaugural del Mundial en Argentina y la selección local perdió frente al débil equipo de Camerún.

Entre los casos de la mala pata de Menem, se cita el de Scioli, que fue gobernador de Buenos Aires, quien saludó a Menem, y perdió una mano en un accidente en una carrera de lanchas. Y del invitado a la fiesta de cumpleaños 75 de Menem, Hugo Bolero, dirigente del Partido Justicialista, quien falleció de un paro cardíaco durante la recepción.

Y los nostálgicos, que no son supersticiosos, pero por las dudas, recomiendan que quien salga electo para suceder a Calderón, como obligación constitucional, se haga una limpia con brujos certificados de Catemaco.

rangel_salvador@hotmail.com

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