Opinión

Malos actores, pésimos retóricos

twitter.com/Luz_Azul

Por: Omar Arcega E.

Todo analista político conoce la anécdota que marcó el segundo debate, en el cual Ronald Reagan se jugaba la presidencia de Estados Unidos: Se le cuestionó a  Reagan si él tenía la energía para continuar sirviendo como presidente.  Reagan respondió: «Sí, y además, no voy a explotar con fines políticos la juventud de mi oponente y su inexperiencia», el chascarrillo generó una ola de simpatía para el septuagenario presidente, e incluso su oponente reconocería semanas después que esa frase le hizo ganar el debate.

Traigo a cuenta esta anécdota, por que ejemplifica el sentido y la lógica de un debate político televisado. Dado el poco tiempo que se da a los candidatos y lo disperso de la atención de la teleaudiencia, las propuestas que se ofrecen no pueden ir acompañadas de grandes armatostes técnicos. Lo que se dice en el debate debe ser con lenguaje sencillo, frases pegajosas y juguetonas y sobre todo con un gran sentido de teatralidad. Esto que digo puede molestar a los puristas de la democracia y de los procesos electorales. Pero, es la realidad. En un debate se debe resaltar más la faceta de actor que de político. Por la sencilla razón de que una imagen dice «más que mil palabras» o que la gente se guía más por los gestos hechos que por nuestras palabras.

El único debate oficial organizado por el IEEQ para los candidatos a gobernador nos dejó valiosas lecciones sobre nuestra clase política, sus cualidades y debilidades.

En primer lugar, en el reciente debate organizado por el IEEQ, las capacidades histriónicas y las frases ingeniosas no acompañaron a los suspirantes a gobernador.  Los candidatos se mostraron acartonados, a unos más a otros menos, pero en todos se veía el estrés en sus rostros, ninguno demostró que se divirtió durante este ejercicio. En general el tono y el nivel de las intervenciones fue prácticamente el mismo desde el principio hasta el final. Sólo el candidato del PAN mostró un crecimiento, pues inició con cierto nerviosismo pero como transcurría el tiempo y las intervenciones fue tomando mayor control de las circunstancias, incluso podemos decir que los ataques y señalamientos negativos lo hicieron fortalecerse, como el mismo ha dicho, es de los que crece ante la adversidad.

En segundo lugar, en cuanto al contenido de las ideas. Llama la atención un par de cosas.  La primera es la fuerte disputa por los votantes de izquierda que protagonizaron el candidato del PRD y la candidata de MORENA, ambos quisieron montarse en la figura de López Obrador.  La otra cuestión es el papel que jugaron el PRD y Convergencia como soldados de los partidos mayoritarios, el primero lanzó proyectiles contra Pancho Domínguez y el segundo contra Roberto Loyola.

El tercer tema que nos evidencia este debate, es el férreo control que gobierno del estado está ejerciendo en la prensa escrita. Al día del siguiente, los periódicos con mayor circulación tenían como portada principal una imagen casi idéntica y un mantra: «Loyola gana  debate». Lamentablemente no es la primera vez que los diarios llevan en su página principal un encabezado similar. Pero en esta ocasión, esto cobra especial importancia. A menos que uno de los contendientes haya dicho una frase genial, o realizado un gesto que conmovió al público, en un debate es muy difícil que se decida el voto. En todo caso, sirve para que un  sector de la población reafirme su voto y para que otro sector tenga claro por quien no votaría. Entonces, en un debate donde los golpes histriónicos y las habilidades retóricas estuvieron ausentes, obligar a que los medios de comunicación propaguen la idea de que el candidato priista fue quien triunfó es poco efectivo, pues su voto duro no lo abandonará y cierto porcentaje de la población, al percatarse de esta manipulación descarada, optará por no entregarle su preferencia. En una contienda tan parejera como la que vivimos, todo esto puede hacer que la balanza se incline para cualquier lado.

Aun vendrán otros debates no oficiales, habrá que observar si los candidatos y sus asesores aprenden de los errores cometidos o si quedan ciclados en sus concepciones. En cuanto contenidos el gran tema es la corrupción. Por lo cual, podemos especular que la guerra por mostrar quien es el menos transparente será la tónica de estas últimas semanas. Y en los próximos debates, el tema volverá a salir, esperamos que para ese entonces los contendientes tengan respuestas y preguntas menos sosas y más contundentes.

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