Opinión

Maquiavelo en nuestra sangre

Por Ricardo Rivón Lazcano

Así titula Frans de Waal el capítulo relativo al poder. De Waal es un biólogo holandés que actualmente es profesor de psicología social de los primates en la Universidad de Emory (Atlanta) y director del Living Links Center adscrito al Yerkes Primate Center de Atlanta. Es considerado uno de los más eminentes primatólogos y etólogos contemporáneos, especializado en la inteligencia social de primates como los chimpancés, bonobos y macacos. Es autor de libros con títulos tan atractivos como La política de los chimpancés y El mono que llevamos dentro. De este último extraje justamente el apartado sobre el poder.

Un par de epígrafes iluminan las páginas del mencionado capítulo. El primero: “Propongo una inclinación general de toda la humanidad, un deseo perpetuo e insaciable de poder y más poder, que sólo se apaga con la muerte” Thomas Hobbes; el segundo: “El igualitarismo no es sólo la ausencia de un cacique, sino una insistencia positiva en la igualdad esencial de todas las personas y el rechazo a inclinarse ante la autoridad de otros” Richard Lee.

De Waal relata cómo imaginaba, una mañana, la horripilante visión que le esperaba una vez llegara al zoológico de Arnhem, del cual era director. Le habían avisado que su primate favorito, un bonobo llamado Luit había sido víctima de una carnicería a manos de sus propios congéneres.

Al encontrarse con Luit, quien por lo demás solía mostrarse orgulloso y no especialmente afectuoso con la gente, sentado en un charco de sangre ahora quería caricias. Así fue, al acariciarlo con suavidad, el primate dejó escapar un profundo suspiro. Era la primera vez que se establecía un vínculo entre el investigador y el investigado.

Luit tenía profundas perforaciones por todo el cuerpo, había perdido mucha sangre, su vida corría peligro. Había perdido algunos dedos de manos y pies, luego, con estupefacción, De Waal descubrió que Luit había “perdido” partes aun más vitales.

Tan pronto llegó el veterinario del zoológico tranquilizaron al bonobo y lo llevaron al quirófano para literalmente reconstruirlo con cientos de suturas. Fue durante la operación desesperada cuando se dieron cuenta que sus testículos habían desaparecido, aunque los agujeros en la piel del saco escrotal parecían menores que los propios testículos; estos habían sido hallados por los cuidadores sobre la paja de la jaula de noche. “Arrancados de cuajo” concluyó impasible el veterinario. Luit nunca despertó de la anestesia.

Luit pagó con su vida el haber desafiado a otros dos machos. Ambos habían conspirado contra él para recuperar un poder perdido. De Waal, así, tomó conciencia de la fatal seriedad con que se toman los chimpancés su política.

Las maniobras de los dos contra uno muestran luchas fascinantes y peligrosas. Las coaliciones son la clave, ningún macho puede imponerse por sí solo, al menos no por mucho tiempo, porque el grupo como totalidad puede derrocar a cualquiera. Los chimpancés son tan inteligentes a la hora de formar bandas que un líder necesita aliados para fortificar su posición, así como la aceptación de la comunidad. Mantenerse en la cúspide es un acto de equilibrio entre afirmar la propia dominancia, tener contentos a los aliados y evitar que la masa se revele. Si esto suena familiar es porque la política humana es exactamente igual.

Se puede sacar al mono de la jungla, pero no a la jungla del mono. Esto también se aplica a nosotros, grandes monos bípedos. Desde que nuestros ancestros se columpiaban de árbol en árbol, la vida en grupo ha sido una obsesión de nuestro linaje. La televisión nos muestra hasta la saciedad políticos que se golpean el pecho, estrellas de segunda que van de cita en cita, y programas de testimonios reales sobre quién triunfa y quién no. Sería fácil mofarse de todo este comportamiento primate si no fuera porque nuestros colegas simios se toman las luchas por el poder y el sexo tan en serio como nosotros.

Pero, aparte del poder y el sexo, compartimos más cosas con ellos. El compañerismo y la empatía son igualmente importantes, pero raramente se los considera parte de nuestro legado biológico. Tendemos mucho más a maldecir a la naturaleza por lo que nos disgusta de nosotros mismos que a ensalzarla por lo que nos gusta. Como dijo Katharine Hepburn en La reina de África, “La naturaleza, señor Allnut, es aquello que nos sirve para elevarnos por encima de nuestro propio mundo”. (Frans de Waal. 2007. El mono que llevamos dentro. Tusquets).

rivonrl@gmail.com

 

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