Opinión

Marineros y cuchillos

Por Rafael Vázquez.

Federico Arreola es un tipo enigmático. Por un lado es un gran ejemplo de como un empresario puede militar dentro de un partido de izquierda y a la vez darse una vida con lujos, viajes, comidas y un estilo de vida que se le criticaría a un político, pero que a él en su papel de empresario, tiene permitido precisamente por una cosa; costeárselo con su propio dinero.

Por un lado ha tenido visiones y el financiar a la izquierda le ha dado cierto capital político, y una opinión cuerda y quizá hasta válida, incluso que ha hecho que gran parte de los seguidores de Obrador y MORENA, pasen de lado su vergonzoso pasado priista, que a diferencia de algunos otros militantes del PRD, se le relacionó con esa vieja escuela que ahora justamente pretende volver al poder.

Sin embargo ha tenido un papel importante en épocas recientes. Su nombre necesariamente tiene que aparecer si nos referimos a los medios alternativos que han formado una estructura pequeña pero confiable tras el 2006. No se duda en la actualidad que Federico Arreola sea un tipo con buenas ideas y un conocimiento extenso respecto a las cúpulas de poder. Y como tal, le es invaluable a un movimiento que tiene una amplia representación ciudadana, pero está escaso de vínculos con aquella clase alta que sigue viendo con recelo a AMO. Ahí se encuentra la valía de Arreola.

Por otro lado, dentro de la misma izquierda –como si no tuviera ya bastantes enemigos- dentro del mismo grupo formado en torno a Obrador, tenemos a otro personaje bastante peculiar. Sus formas han sido criticadas –muy justamente- pero sus fondos son intachables. Este personaje es el Diputado Gerardo Fernández Noroña, un tipo con un carácter bastante irritable y burlón, pero con la palabra a flor de piel y una transparencia que le permite al observador identificarse plenamente, o rechazarlo instintivamente.

Fernández Noroña tiene una trayectoria política que es congruente a lo que pregona. Duro cuando las circunstancias lo ameritan, pero también amable y cálido cuando es necesario. Representa un cambio trascendente en relación a la forma de hacer política. Ha logrado superar esa vieja guardia de izquierda que trataba de esconder sus bienes y fingir ser similar a su electorado, cuando esto no es posible debido al mismo salario y trato que recibe un diputado en México.

Admite que le gusta vivir bien y no tiene empacho en presumir el auto que usa –un Audi- porque esconderlo y negarse sería formar parte de esa doble moral de muchos diputados que creen que la gente puede seguir siendo engañada a través de pregonar su humildad a los medios, mientras reciben cuantiosas sumas debido a las particularidades de las dietas del congreso.

Sin embargo a veces la pasión que tanto se le alaba, lo desborda y se olvida de que en la política mexicana, no solamente cuenta el cómo se es en la cotidianidad, sino como se vende al electorado. Y en términos de votos, que desafortunadamente esa es la ruin medida a tomar en cuenta en las democracias actuales, no es votado un tipo cuyas exaltaciones y groserías van más allá de la civilidad que es capaz de tolerar un votante promedio, y que serán aprovechadas vilmente por las televisoras que no se cansarán de editar y repetir dichas imágenes para mostrar la intolerancia de la izquierda.

A últimas fechas Arreola y Noroña se han convertido hasta cierto punto en antagonistas. El primero insiste en convencer al segundo que abandone toda lucha por la candidatura al Gobierno del DF, incluso amagando con el regreso priista –cosa hasta cierto punto complicadísima- si no se le hace caso a sus predicciones. Noroña por su parte sigue construyendo su candidatura en base a reuniones con el posible electorado y un gran número de jóvenes que lo siguen y cobijan con agrado a un candidato dinámico y atrevido.

Arreola, sin embargo, siguiendo su carácter altivo –ese tan característico del grupo social que nos describe Guadalupe Loaeza en sus libros- observa a Noroña como aquel muchacho de barrio peleonero que pretende a su hija y cuyo desprecio pareciera ser mucho más de clase que por una diferencia sustancial política en cuestión de objetivos y fines. Noroña por su parte, responde de la manera en que mejor sabe, y Arreola –al igual que varios políticos que han intentado enfrentarlo en el terreno de la discusión acalorada- salió quemados ante la franqueza y la espontaneidad del diputado.

Lo que ambos no se ponen a pensar es que pueden seguir tirándose balas de la popa a la proa dentro del barco Obradorista, sin embargo hay algo claro; mientras distraigan al capitán con sus rencillas internas, el barco seguirá a la deriva y sin las velas aseguradas puesto que los marineros están más ocupados en matarse unos a otros, que preparándose para la tormenta electoral del 2012.

Y ahí la cosa se vuelve clara; o se pone en orden a los marineros o se despiden de alguno, que sería la peor alternativa cuando ambos han demostrado su valía dentro del barco. Será momento que los cabreos y las bravatadas cesen para dirigir las armas contra el verdadero enemigo. Ya ni siquiera es el triste político del Acción Nacional que figura como presidente, si no aquel otro que pretende retomar el poder en los pinos el próximo año. Ojalá lo reflexionen.

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