Opinión

¿Más partidos?

Por: Efraín Mendoza Zaragoza

PARA DESTACAR: Varios de los grupos que buscan constituirse como partidos no solo no acreditan presencia pública, andan hurgando en recovecos legales que les permitan reconocimiento con el menor número de ciudadanos posible.

De manera sigilosa, como si se tratara de un trámite de ventanilla, la autoridad electoral local está desahogando el procedimiento para la creación de cinco nuevos partidos políticos con registro estatal. Subrayo lo del sigilo, porque siendo los partidos entidades de interés público, financiadas con dinero público, el mecanismo legal ameritaría discusión pública. Y no está ocurriendo, ni por parte de la autoridad ni, mucho menos, por parte de los propios promoventes.

Se trata de las organizaciones autodenominadas: “Querétaro Democrático y Ciudadano”, “Impulso Humanista Querétaro”, “Convergencia Querétaro”, “Alianza Ciudadana de Querétaro” y “Nueva Generación Azteca”. En algunos casos se trata de desprendimientos de otras formaciones partidarias minoritarias o bien de restos de partidos nacionales que nacieron y murieron en la elección pasada.

En lo personal siempre defenderé el derecho de las minorías a estar representadas y a formalizar su existencia y, eventualmente, su influencia en los órganos políticos. El guión formal, por supuesto, dicta que siempre será saludable que se amplíe la oferta democrática, pues México es un país plural y los partidos enriquecen la vida democrática. Pero eso es bla, bla, bla. Y de eso la sociedad mexicana ha tragado suficiente.

Las nuevas formaciones deben representar a una parte de la sociedad (por eso son partidos), deberían ser expresión de segmentos visibles o movimientos, con agenda y programa. Y nada de eso se percibe. Hace días, “El Universal” reportó que sólo una de esas cinco agrupaciones cuenta con página de internet, pero qué cree usted… ¡sin contenidos! Las otras cuatro no sólo no tenían sitio web, tampoco se encontró presencia en redes sociales (hoy un perfil de Facebook lo crea en cinco minutos un niño de primaria).

Esto, desde luego, imposibilita que la ciudadanía conozca de su existencia y de sus ideas. Los partidos deben ser corrientes palpables, alternativas reales.

¿Dónde está la necesidad de nuevos partidos? A nadie le he escuchado el clamor de que haya nuevos partidos. He escuchado todo lo contrario. Los partidos, como modelo, están en el mayor de los desprestigios. En el último escalón de la confianza ciudadana. Lo único que han probado es su incapacidad para dar respuestas. Solo piensan en sí mismos.

Hace unos días escuché una reflexión de la presidenta de Chile, Michelle Bachelet, que decía, textualmente: “La crisis de la política es universal; (los políticos) tenemos que replantearnos todo”. Pues sí, está agotado el modelo representativo y los partidos sólo se representan a sí mismos. Carecen del poder real, a partir de la separación entre política y poder, como bien lo ha ilustrado Bauman. Parte del desencanto radica en que el poder real lo tienen las corporaciones económicas, los poderes de facto, invisibles y fuera del control del público.

Con honrosas excepciones, como es el caso de Morena, que en su primera competencia demostró existencia real, la mayoría de los nuevos agrupamientos nos han vuelto desconfiados y escépticos. En la primera década tras la alternancia presidencial (de 2000 a 2009) perdieron su registro nueve partidos nacionales al no alcanzar el mínimo de votación. En Querétaro, el año 2000, cinco nuevos partidos tuvieron debut y despedida en un solo acto, y en la última elección, la de 2015, otros cinco partidos se sumaron al panteón partidista queretano.

Pero hoy varios de los grupos que buscan constituirse como partidos no solo no acreditan presencia pública, andan hurgando en recovecos legales que les permitan reconocimiento con el menor número de ciudadanos posible. Combatieron la ley electoral local, que les exigía acreditar un número de miembros equivalente al 1.5 por ciento del padrón electoral, y consiguieron que los tribunales les dieran la razón. Gracias a ello, ahora en lugar de tener que acreditar 22 mil 500 miembros, podrán formar un partido con menos de 4 mil. Esto revela su naturaleza y sus intenciones.

También hay que revisar si se justifica el elevado gasto en partidos. Tan sólo entre los dos últimos procesos electorales, en Querétaro, el recurso entregado a los partidos se multiplicó por 400 por ciento. En 2012 recibieron 22 millones y en 2015 recibieron 100 millones de pesos. Estando las cosas como están eso es un verdadero escándalo. Y eso sucedió gracias a una reforma que los propios partidos aprobaron sin consultar a nadie, en el más sospechoso de los sigilos. Como siempre, sólo se miraron a sí mismos, sólo miraron su propio bien; no les importó que haya sido mediante el asalto de las arcas públicas.

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