Opinión

Más partidos

Por: Salvador Rangel

Los partidos políticos son instituciones de interés público que contribuyen a la democracia de un país, representativos de la voluntad de los ciudadanos que se expresan mediante el voto por afinidad de intereses.

En un Estado de Derecho, los partidos políticos representan el pluralismo; la base de un partido es la libre asociación, no son órganos del Estado sino de la sociedad civil, la afiliación es decisión personal y nadie puede ser integrado a un partido por pertenecer a un sindicato o trabajar en una entidad de gobierno, independiente del nivel: federal, estatal o municipal. Ni mucho menos puede ser presionado o amenazado para hacerlo.

En México, los partidos políticos han existido desde que el país se independizó de España, pero es a partir del inicio de siglo XX cuando los partidos políticos juegan un papel importante en la vida democrática del mismo.

Con Francisco I. Madero, la aparición de un partido político ajeno al poder cambia la estructura del gobierno dictatorial de Porfirio Díaz.

En México, muchos de los habitantes se mantienen en el marginalismo político, bien sea por ser rehenes de caciques políticos sindicales o de comunidades, o por la falta de información, tergiversada por los medios de comunicación.

El panorama que ofrecen los partidos políticos a los ciudadanos no satisface sus necesidades, los nombres de los actores políticos es el mismo durante décadas, sólo cambian de puesto: gobernadores que ahora son senadores, diputados o miembros del gabinete federal o estatal. Lo importante es estar en presupuesto.

En el México contemporáneo, los partidos políticos nacionales nacen partir del 1929, cuando la Revolución Mexicana es adoptada por el Partido Nacional Revolucionario (PNR), fundado por el expresidente Plutarco Elías Calles; cambiará de nombre al de Partido de la Revolución Mexicana (PRM) y finalmente, en 1946, a Partido Revolucionario Institucional (PRI).

El llamado «partido oficial» a lo largo de su vida ha tenido gobiernos federales con tendencia social, de centro y hasta represores; no olvidar el Artículo 136 del Código Penal con el que se perseguía y encarcelaba, bajo la denominación de «delito de disolución social», a los opositores del gobierno. Y a la mente vienen los nombres del profesor Othón Salazar, el pintor David Alfaro Siquieros, los líderes ferrocarrileros Demetrio Vallejo y Valentín Campa…

Y en 1939 se funda el Partido Acción Nacional; sus militantes y candidatos sufrieron acoso, desconocimiento del triunfo electoral, y hasta el 2000 obtiene el voto para ascender a la primera magistratura del país, que han de conservar por sexenios para luego, en 2012, caer estrepitosamente al tercer lugar.

Junto con el Partido de la Revolución Democrática (PRD), de tendencia social, estos tres partidos son los más representativos de la política nacional; atrás de ellos existen partidos que más bien son “franquicias” familiares o de grupo: el Partido del Trabajo (PT), Movimiento Ciudadano, Nueva Alianza (Panal), Partido Verde Ecologista de México (PVEM).

Los llamados partidos pequeños, para cubrir el porcentaje mínimo que les permita tener vida, hacen alianzas con uno y otro partido de los llamados «grandes». En total, siete partidos políticos, que no chuten poco a los contribuyentes.

Y ahora, se les acaba de otorgar reconocimiento a otros tres partidos: Movimiento Regeneración Nacional (Morena), al Partido Humanista y a Encuentro Social, que tendrán apoyo económico y contenderán en las elecciones del 2015. De acuerdo con la ley, no podrán hacer alianzas con ningún partido, de tal suerte que la juegan solos y se verá si los votantes los cobijan con el sufragio.

Pero la Ley electoral también los protege y no es de dudar que algunos de sus candidatos a gobernador, presidentes municipales, regidores, diputados federales y locales rescaten una plurinominal u obtengan un nombramiento con el partido vencedor y vivan del presupuesto.

En realidad, lo que se requiere es que los políticos, de cualquier nivel, escuchen al pueblo, como lo llaman, que atiendan sus carencias, educación, vivienda, seguridad y que no se la pasen diciendo que apoyan “a los más vulnerables”, nada más para la foto y después… bien gracias.

Y los nostálgicos con respecto a los partidos se acuerdan del refrán que dice “Ya éramos muchos y la abuela parió cuates” (más bien trillizos).

rangel_salvador@hotmail.com

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