Opinión

¡Maximiliano de Habsburgo se fugó del sitio de Querétaro!

Rafael Vázquez Díaz

PARA DESTACAR: Ante la falta de evidencia, las historias exageradas y el conductor de Radio Formula describiendo al horror sin que hubiera realmente información fiable, me percato, no sin cierta vergüenza, que fui parte de la histeria colectiva que hizo crecer una simple riña en el mercado

El jueves 5 de enero me encontraba por el mercado de la Cruz, en la capital del estado de Querétaro; tras una semana de protestas continuas en todo el país por la canallada del gasolinazo (tomas de carretera, casetas, saqueos de negocios y resistencia civil pacífica), un par de comentarios en redes sociales señalando algunos altercados en la ciudad en uno de los mercados, no parecían ser el principio ni el fin de nada trascendente.

No obstante, frente a mí, una camioneta aceleró velozmente y a su lado vi correr a varios jóvenes. Casi al instante escuché las sirenas; eran llantos de ambulancias movilizándose y patrullas que acompasaban el chirrido con tonos graves ¿Qué estaba pasando?

Continué mi camino por la avenida Damián Carmona… y me interrumpo con la reflexión; ¿Saben quién fue el soldado cuyo nombre adorna una de las calles que comunica el mercado de la Cruz y avenida Universidad?

Les comparto la historia: resulta ser que durante la ocupación francesa, las fuerzas imperiales se refugiaron en Querétaro, y el ejército republicano había perseguido y cercado a los últimos fieles a Maximiliano en torno a la ciudad. El soldado José Cosme Damián Carmona Ortiz se encontraba cubriendo sus deberes como centinela, ya tenían cerca de dos meses de sitio y seguramente el cansancio había hecho mella, por lo que aprovechando un descuido –o en una bravata de algún soldado imperial- lanzaron una granada que chocó contra su fusil, destrozándolo en el acto y llenando de humo su puesto de vigilancia.

Me detengo por un instante a reflexionar; el ejército imperial buscaba idealmente romper el sitio y facilitar el escape de Maximiliano para posteriormente reagrupar las fuerzas en alguna otra parte del país; era menester para Juárez capturar al emperador y terminar a la brevedad el conflicto, por lo que un boquete en un sitio, representaba no sólo dejar escapar al usurpador sino prolongar la guerra aún más tiempo.

Visto así, Carmona tenía en sus manos el destino de miles de vidas. Se dice que ante el peligro evidente, la guerra cierta y una ofensiva que bien podía ser de decenas de soldados, el originario de San Luis Potosí se limitó a gritar: “¡Cabo de cuarto, estoy desarmado!”, por lo que le facilitaron otro fusil –y probablemente todavía con el pulso temblando y el corazón latiendo desbocadamente- continuó cumpliendo su deber.

Unos días después terminaría el sitio con la captura de Maximiliano y con el ascenso del heroico indígena guachichil… las sirenas de la policía me regresan al punto de inicio, veo sobre avenida Universidad un convoy de motocicletas patrulla.

Enciendo con alarma y curiosidad el radio, pruebo por algunas estaciones y en todas resuena música de actualidad que no conozco, pero llego a Radio Fórmula y escucho el tono de voz alarmado del conductor de noticias. Como leyendo un guión del mismísimo Orwell, decía en tono grave:

-“…no es seguro, repito, si usted está en la zona céntrica, salga de ahí porque hay confirmación de personas armadas en el mercado Escobedo… se escucharon detonaciones de fuego y hay individuos con palos y machetes saqueando el mercado… y no es información oficial, pero tengo reportes de que en el andador de 16 de Septiembre también ya están comenzando a saquear a todos los comercios…”.

Instintivamente saco el celular y pregunto en redes sociales si alguien sabía algo; recibo al instante comentarios de terceros sobre personas heridas, algunas probablemente muertas, comercios saqueados y una balacera que se estaba extendiendo por las calles del Centro Histórico. A la par me sumo a las recomendaciones y sin pensarlo advierto de la situación en Twitter.

Minutos más tarde, mientras todavía el narrador de Radio Fórmula “entrevistaba” a algunas personas atrincheradas en el mercado, recibo la reprenda de dos compañeros que me censuran por mis comentarios alarmistas; no hay muertos, no hay heridos y mucho menos saqueos en los negocios. Muy tarde, para entonces casi todos los centros comerciales, mercados y negocios de toda la ciudad habían cerrado y seguramente compartían también en las redes sociales historias de horror más cercanas al ‘wéstern’ que al periodismo.

Ante la falta de evidencia, las historias exageradas y el conductor de Radio Formula describiendo al horror sin que hubiera realmente información fiable, me percato, no sin cierta vergüenza, que fui parte de la histeria colectiva que hizo crecer una simple riña en el mercado, a una insurrección popular. A mi espalda, siento no sin cierta vergüenza, la mirada de censura de Damián Carmona; si hubiera sido por mí, se nos hubiera pelado Maximiliano de Querétaro. Ni modo, Benito –me excuso mentalmente- por eso el Sargento tiene una calle con su nombre y yo no.

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