Opinión

Mercurio: La plata líquida

Molécula de la Semana

Por: Dora Marina Gutierrez Avella

El mercurio es el elemento químico de número atómico 80 y masa atómica de 200.59 g/mol. Aunque el mercurio es un metal, su estado natural es líquido a temperatura ambiente y es de color plateado brillante. A pesar de tener un alto punto de ebullición el mercurio es muy volátil y se dilata uniformemente a cualquier temperatura. El mercurio ya era conocido desde la antigüedad, se sabe que en China se usaba antes del año 2000 a. de C y al parecer fue Teofrasto de Ereso el primero en obtenerlo en el 320 a. de C. Su símbolo es Hg que se deriva de la palabra griega hydrargyros que significa «agua plateada». Los romanos llamaron al mercurio «Argentum Vivum», que significa «plata líquida». Los alquimistas de la edad media no consideraban al mercurio un metal, sino la esencia de todos los metales. El Químico Francés Antoine Laurent de Lavoisier fue quien lo identificó por primera vez como elemento durante sus investigaciones sobre la composición del aire.

El mercurio es un elemento constitutivo de la tierra que se presenta en una gran variedad de formas orgánicas e inorgánicas y que se genera de manera natural a partir de erupciones volcánicas, erosión de rocas y evaporación desde los cuerpos de agua. El mercurio elemental rara vez se encuentra en su forma pura y su fuente natural principal es el cinabrio o sulfuro de mercurio, un mineral que contiene 85 % de mercurio y 15 % de azufre. El cinabrio se ha usado desde la antigüedad como pigmento, pues reducido a polvo adquiere un intenso color rojo; por esa razón al cinabrio también se le conoce como bermellón y es muy apreciado en pintura. Los romanos comenzaron a explotar las minas de Almadén hace 2000 años y el bermellón se exportaba a Roma y a Atenas. El carácter tóxico y contaminante del mercurio era bien conocido, pues el historiador Plinio el Viejo contaba ya en su Historia Natural como los manipuladores de bermellón tapaban su rostro con vejigas para protegerse del polvo que les ocasionaba graves daños.

El mercurio ha sido utilizado por casi todas las culturas quienes le atribuían poderes mágicos. Las culturas antiguas usaban el mercurio para tratar enfermedades de la piel, la sífilis, enfermedades de los ojos, de la sangre, para prevenir enfermedades como el reumatismo, disentería y cólicos. En la edad media se comenzaron a identificar síntomas desfavorables por el uso de mercurio y fue Paracelsus quien intentó explicar los efectos tóxicos en el ser humano. En el siglo XVI, se identificaron otros efectos adversos del mercurio y su uso comenzó a declinar. Para 1557, el Francés Jean Fernel fue el primero en describir los síntomas y signos del envenenamiento con mercurio. Para ese entonces, el mercurio era utilizado en la medicina como antidiurético. De hecho, el mercurio fue la primera substancia en ser objeto de legislación para controlar las enfermedades que causaba. Hoy en día se conoce más acerca de la toxicidad del mercurio la cual está asociada con infartos de miocardio, autismo, fibromialgias, síndrome de fatiga crónica, lupus eritematoso sistémico, demencia, mal de Parkinson, Alzheimer, esclerosis múltiple, otros cuadros neurológicos, metabólicos, hormonales, renales, dermatológicos, daño fetal que incluye retraso mental, falta de coordinación, ceguera, convulsiones e incapacidad para hablar.

La actividad humana es una importante fuente de producción de mercurio. Efectivamente, se produce mercurio en la extracción de oro y la plata, en yacimientos petrolíferos y carboníferos, en minas de Cinabrio, en los procesos de incineración de residuos hospitalarios, pilas, lámparas, termómetros, equipo obsoleto, en centrales termoeléctricas y combustión de derivados del petróleo del carbón y en algunas industrias químicas y farmacéuticas, entre otras. Desde esas fuentes el mercurio contamina suelos, aguas y entra en la cadena alimenticia.

El mercurio tiene muchísimas aplicaciones,  se usa en interruptores eléctricos como material líquido de contacto; como fluido de trabajo en bombas de difusión en técnicas de vacío; en la fabricación de espejos, termómetros, barómetros, medidores, tacómetros, termostatos y lámparas de bajo consumo; en el curtido y tratamiento flexibilizante de las pieles y fabricación de fieltros; en la recuperación de metales preciosos en yacimientos mineros; en la producción de ácido acético y acetaldehído a partir de acetileno; en la taxidermia; en la fotografía y el fotograbado; en algunas pinturas y pigmentos; en la electrodeposición del oro, la plata, el bronce y el estaño; en el control fitosanitario (dicloruro de mercurio; fenilacetato de Mercurio) y en la fabricación de seda artificial, así como en la industria farmacéutica y en la práctica odontológica.

Los compuestos inorgánicos del mercurio más comunes son el sulfuro de mercurio (HgS), el óxido de mercurio (HgO) y cloruro de mercurio (HgCl2). Entre los compuestos orgánicos de mercurio destaca el metilmercurio debido a sus efectos tóxicos (afecta el sistema nervioso central) y por ser uno de los principales contaminantes en el consumo de pescado. Otro compuesto orgánico importante es el etilmercurio que forma parte del Timerosal que se usa en la preservación de productos biológicos como las vacunas ya que destruye bacterias y hongos. Por sus propiedades tóxicas, el contenido de mercurio en vacunas ha levantado grandes controversias en algunos países. Por esas razones, y porque la química es parte de nuestras vidas, la sección de la molécula de la semana está dedicada al elemento mercurio, la plata líquida.

 

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