Opinión

México no va al mundial

Amplia gama de grises

Por: José Luis Álvarez Hidalgo

La comunicación nunca será libre si tenemos la conciencia secuestrada

El debate nacional se ha concentrado en lo que, lamentablemente, parece ser el verdadero espíritu de la nación: el futbol y, por consiguiente, la posible no calificación al mundial de futbol en Brasil 2014, ocasiona que la atención y la reflexión de nuestros comunicadores deportivos y, por ende, la vasta audiencia, receptora de sus mensajes, hagan de este tema la conversación obligada de todos los días. Esto genera una desviación de la atención de los temas torales de este país hacia el opio moderno del pueblo mexicano ¿Y la reforma laboral? ¿Y la reforma educativa? ¿Y la reforma energética?  ¿Y todas las reformas que nos conducen al desastre como nación?

La verdadera conmoción es que sea esto lo que mantenga en vilo al imaginario colectivo y no esa avalancha de reformas traidoras de la patria de Enrique Peña Nieto y sus secuaces; ahora que se plantea de modo irreversible la privatización de la educación pública y la de Petróleos Mexicanos, lo único que hacen las masas televisivas es quejarse del bloque de avenidas y aeropuertos por parte de los valientes e indignados maestros de la CNTE quienes son los únicos que han decidido romperse la madre luchando a brazo partido por los derechos de todos.

Y es que, metafóricamente,  México no va al mundial, porque NO es “un país de clase mundial” mucho menos en el futbol. El discurso dominante nos restriega en la cara que la MODERNIZACIÓN (así, con mayúsculas para que se vea bien clarito) implica, casi obligadamente, la privatización de todo lo que se mueva, de todo aquello que pertenece “al pueblo de México”; por el contrario, la esfera de lo público está siendo acorralada de tal manera que los representantes del capital internacional y nacional están en contra de todo aquello que huela  a soberanía nacional y nos colocan en la absurda y perversa disyuntiva de privatizar o morir.

Esto nos lleva a las siguientes consideraciones; los medios de comunicación de carácter público son obsoletos y, por tal motivo, deben desaparecer; lo que no genera utilidad bruta en términos económicos es improductivo y, por lo tanto, debe desaparecer y acogerse a la bendita privatización de todos los bienes materiales de producción (¡Bendito Marx ¿dónde estás?!) para que realmente sean  de utilidad para la nación. PEMEX es una empresa altamente productiva que genera casi 90 mil millones anuales de ganancias netas y a la que se pretende estigmatizar con la monserga de que no es así y de que necesitamos el favor del príncipe extranjero para que pueda ser eficiente.

Lo anterior es el pesado lastre con que la comunicación oficial de la presidencia de la República pretende aturdir a la conciencia nacional para que todas las reformas peñistas se impongan a destajo y terminen con los últimos resabios de lo que alguna vez fue este gran país. Lo van a convertir en una mascarada grotesca sometida al neoliberalismo colonizador de la conciencia nacional que sólo atiende los intereses de los imperios hegemónicos que gobiernan al planeta entero.

Por ello, los medios nos crean la falsa conciencia de que lo valioso está en otra parte y que debemos cuestionar severamente la actuación de la selección nacional de futbol, apostarle todo a la esperanza de que vamos a calificar para el mundial de futbol en Brasil y que, para ser congruentes con el fantasma modernizador que recorre todo el mundo, tenemos que apoyar las reformas laboral, educativa, hacendaria, energética y todas las que vienen en cascada por el bien de todos los mexicanos.

Para cuando se publique esta columna ya sabremos si los compañeros de la CNTE fueron desalojados violentamente del zócalo de la Ciudad de México, si la conmemoración del grito se llevó a cabo en ese gran espacio simbólico o se mudó a otra parte. Sólo anhelo dos cosas: que el primer grito de independencia de Peña Nieto se haya frustrado y que no califiquemos al mundial de futbol. Total, no tenemos nada que celebrar. A pesar de todo, nunca está de más nuestro estentóreo y entrañable grito nacional: ¡Viva México cabrones!

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